Yo le daría mis riñones y el corazón a mis hijos

Y todos mis órganos, de ser necesario. Normalmente, cuando uno habla de los sacrificios de la madre, señala entre tantos, los sueños. Pero el amor de una madre puede alcanzar no sólo posponer los sueños propios, sino suspenderlos indefinidamente si eso implica una mayor calidad de vida material y espiritual de nuestros hijos. Del mismo modo, ¿alguna madre no estaría dispuesta a donar hasta sus ojos si eso le va a dar la vista a alguno de sus hijos? El amor de una madre va más allá de simples sueños. Es una entrega completa de vida por haber dado vida.

Sin embargo, no centremos nuestras energías en todo lo que NO hacemos o DEJAMOS de hacer. Veamos todo lo que SÍ hacemos y CRECEMOS como personas al ser madres. No todos los caminos a la felicidad son rectos ni tienen una ruta como la que pensamos. Dios tiene sus trucos. Y debemos confiar en ellos. ¿Soñábamos ser campeonas o grandes ejecutivas? Pensemos si es que al final eso nos iba a hacer realmente felices. Por experiencia les puedo afirmar que muchas mujeres que han sido madres luego de cumplir sus sueños profesionales ahora sienten que hubiese sido mejor tener a sus hijos más jóvenes para tener más energía y disfrutarlos más.

No todo lo que vemos en otros es mejor que lo que tenemos. Aprendamos a disfrutar de nuestra vida y encontrarle el lado positivo y de crecimiento personal a todo lo que hacemos. Sin el fondo, la forma se diluye.

La Mamá Oca

Foto por David Castillo Dominici /www.freedigitalphotos.net

 

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