Paciencia: Fácil decirlo pero, ¿conseguirla?

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Todas la mañanas discuto con mi hija, sin un día de descanso, de por qué tiene que ir al jardín. Todas las mañanas es lo mismo: ella dice que es aburrido, que se quiere quedar en la casa jugando. Yo le digo que nadie va a jugar con ella en la mañana porque tenemos que arreglar la casa, trabajar y cocinar. Y que tiene que ir. Luego viene la batalla por cambiarse y, finalmente, luego del desayuno, se va contenta. A las tres horas regresa feliz de la vida, como si nada. Eso es TODOS los días.

Ah, y también cabe mencionar la danza diaria de peinarse. Ella tiene el pelo largo, lo cual me encanta, pero todas las mañanas pienso que tal vez dejárselo enano podría aliviar mi estrés: NO LE GUSTA PEINARSE, antes de tocarle el pelo dice AUCHHHH!!! Y llora…. A mí me provoca jalarle el pelo para que se queje con razón. Siempre me sale la raya torcida, la trenza chueca, y ya… Ni les digo cuando tengo que cortar uñas, o cuando llega la hora del baño. Vivo en una negociación ETERNA y, lo que es peor, redundante: ¿tengo que repetir TODOS los días que tienen que comer, bañarse, acostarse, etc. independientemente a que quieran jugar y no hacer nada? Pues me he dado cuenta de que sí.

Y entre estos andares tengo mil cosas pendientes por hacer, entre el trabajo, la casa, etc. A veces, malas noches encima, cansancio acumulado… inclusive me imagino la imagen de la Mamá Oca ahorcada y yo corriendo por los pasillos con un cuchillo y cara de loca.

Pero, ¿cómo gano estas batallas diarias sin terminar en el manicomio y sin sangre en las alfombras? Pues, me armo de PACIENCIA. Respiro profundamente cuando en el fondo de mi ser siento una fuerza acercarse que me va a decir que grite o jalonee a uno de mis hijos. Sí, es un trabajo diario y constante. He perdido la fuerza unas cuantas veces, cuando el grito sale sin control y todo termina en tragedia: alguno encerrado en su cuarto llorando castigado y yo sintiéndome fatal en el mío, por ser una descontrolada loca que seguramente he dejado una marca imborrable en mi pobre bebé que terminará en el psiquiatra hablando de mí, mientras yo estaré en un asilo abandonada porque alguna vez grité a uno de mis hijos en su tierna infancia y nunca se recuperó de tan fatal episodio.

¿Se sienten identificados? Definitivamente a TODOS los padres nos pasa, a unos más que otros. Y repito, la clave: la paciencia. Así que ante esta palabra que suena hermosa, pero a la hora de aplicarla parece la cosa más difícil del mundo, quería compartir algunos tips que he recogido que nos pueden ayudar. Pero recuerden, tener paciencia es una virtud y como tal hay que trabajarla día a día sin descanso para que se vuelva algo común en nuestra vida.

  1. RESPIRAR: Cuenta hasta diez… hasta veinte o hasta cien si es necesario. No seguir este primer paso puede desencadenar en alguna tragedia doméstica la cual luego va a ser más difícil arreglar.
  2. RECORDAR QUE SON NIÑOS: no estamos lidiando con gerentes generales de transnacionales a quienes les pagamos por responder profesionalmente… son niños y son nuestros, por lo que van a empujar situaciones hasta el infinito y más allá tratando de conseguir lo que quieren… antes de reaccionar, piensa que no son maduros y que tú sí, por lo que debes actuar como el adulto de la familia.
  3. SER FIRMES MÁS NO AGRESIVOS. La firmeza no implica que gritemos o seamos intransigentes. Sin embargo, es algo que debemos practicar diariamente. Como en el caso de mi hija: tengo que mantenerme firme con el tema de que debe ir al colegio. Yo sé que el día que afloje, perdí la batalla. Así, todas las mañanas se lo explico con cariño, y ella intenta convencerme pero sabe que no entran balas. Puede llorar y tirarse al piso, no hay negociación.
  4. PERDER ALGUNAS BATALLAS A PROPÓSITO. Continuando con el párrafo anterior, no debes pretender ganar TODO. Gana lo que crees que es lo más importante y deja algunas batallitas a su favor. Si lograste que se bañara a la hora y que comiera toda su comida, no pretendas convencerlo HOY MISMO de cortarse las uñas… eso puede ser mañana. Pregúntale: ¿cortamos las uñas? Si te dice sí, bien. Si te dice no, le dices que mañana sin falta.
  5. TIEMPO CON LOS NIÑOS. Este es un tema complicado. Si estás TODO el día con los niños, a las 6 de la tarde ya los quieres ahorcar. Si trabajas y llegas a las 6 de la tarde muerto del agotamiento por el trabajo, también los quieres ahorcar. En conclusión, a cierta hora somos menos tolerantes con los niños. Si sientes que las ganas de ahorcar te están desbordando, pide ayuda si es que ya no la tienes en casa. Habla con tu pareja y dile de vez en cuando: “Amor, si quieres mantener esta familia unida para siempre, por favor, ayúdame con los chicos hoy”. Yo de vez en cuando aplico una técnica que no sé si será lo mejor pero me ayuda cuando no puedo más. Le digo a mi esposo: “Vamos a comer pizza (no delivery, estoy diciendo VAMOS, SALGAMOS…)”. Y que los niños vean qué diablos hacen (ojo, yo tengo una persona que me ayuda en casa así que se quedan con ella. Si no la tienen, para eso están los abuelitos o los tíos). No a va a pasar nada si un día cada cierto tiempo no cumplen rutinas (más aún si yo no estoy y piensan que están haciendo travesuras). Trato de llegar cuando están dormidos y ni pregunto si comieron o se bañaron bien.  Al día siguiente están igualitos y todo sigue como si nada.
  6. UN DIA A LA VEZ. Cuando tuve a mi primer bebé recuerdo como si lo estuviera viviendo hoy (trauma, lo llaman algunos) que se despertaba a lactar cada dos horas, día y noche, sin parar, sin descanso, sin piedad por ésta, su pobre madre, que vivía deambulando con el bebe colgado al pecho por las esquinas. ¿Cómo sobreviví a esta rutina agotadora sin ayuda y con lactancia exclusiva? Todos los días decía: un día a la vez. No me proyectaba a tiempos mejores cuando estuviera en la universidad y no lo viera nunca más y yo dormiría toda la noche, sábados, domingos, etc. Ni siquiera me proyectaba al mes siguiente, ni cuando durmiera en su cuna de corrido. Simplemente me mentalizaba a que hoy sería el día que me tocaba vivir y lo tenía que disfrutar. Ya pasaron varios años y si bien sigo soñando con el día en que se vayan a la universidad y yo pueda volver a leer un libro entero por fin de semana, continuo aplicando la misma técnica mental: pensar que hay que enfrentar las situaciones día a día y no cruzar antes de llegar al puente. Esto ayuda a serenarnos y saber que esto es lo que hay: es la vida que tenemos y hay que tratar de pasarla lo mejor posible. Y disfrutarla, porque los niños crecen y luego nos veremos extrañándolos, llamándolos a manipularlos que ya no nos quieren, que prefieren a los novios que a nosotros, y soñando con la época en que eran chiquitos y nosotros éramos su mundo (de sólo imaginarme que va a llegar ese día quiero llorar).

 Y como siempre, no debemos dejar de informarnos, de aprender a ser buenos padres, a consultar recursos que nos ayuden a mejorar y, por lo tanto, a tener las cosas más en control. Recuerden que la perfección no existe, así que no la persigamos. Sólo tratemos de hacerlo lo mejor posible, amar lo que Dios nos ha dado y seguramente logremos excelentes resultados.

La Mamá Oca

Foto: www.freedigitalphotos.net

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Rabietas: ¿por qué se producen?

las rabietas
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Por Sara Tarrés- Del Blog Mi mamá es Psicóloga Infantil

Como madre de un niño de 3 años me encontrado en diversidad de ocasiones envuelta por alguna rabieta de mi hijo. En plena calle, en el parque, en el súper,… no importa: el niño quiere algo y lo quiere ¡ya! Empieza el espectáculo. Mi hijo llora, se tira por el suelo, grita,… te llama tonta, caca, ya no te quiero y…. todo lo que se le ocurre. Es una de las temidas rabietas que cualquier hijo de vecino tiene o tendrá. Pero ¡Calma! Ante todo calma. Hemos de intentar no perder los papeles ante la pataleta del niño.

¿Por qué se producen?

Primero, y antes de abordar qué hacer, debemos saber que tales conductas son habituales en niños de 2 a 4 años.

Las crisis de oposicionismo con sus «no», los «mío, mío» y las rabietas son la expresión de su yo naciente y la necesidad de afirmar su propia individualidad.  Es muy común que los niños de entre 2 y 4 años recurran a los berrinches para conseguir aquello que quieren.

Se debe, principalmente, a que en estas edades los niños aún no tienen la capacidad suficiente para expresar con palabras aquello que pretenden o necesitan. Por ello, recurren a las pataletas. No son capaces de tolerar la frustración y les resulta complicado comprender que no pueden tener siempre lo que quieren.

Tampoco son capaces de verbalizar lo que desean, por lo que el resultado es la fórmula ideal para que tenga lugar la pataleta, berrinche o rabieta. En esos momentos los niños solo piensan en la rabia que tienen. Incluso puede habérseles olvidado el motivo por el que se inició su enfado.

Pero si algo está claro a esta edad es que, aunque no sepan muy bien lo que quieren, seguramente será lo contrario de lo que tienen. ¿Quién no ha escuchado de boca de su hijo «¡Yo no quiero «esto», yo quiero «aquello»!»?

¿Quién no se ha desconcertado cuando su hijo que estaba aparentemente tranquilo, de golpe, como si alguien hubiera apretado algún resorte en su cabecita, explota de rabia? Y claro, nos preguntamos ¿y ahora qué pasa?

Rabietas: ¿Podemos prevenirlas?

La respuesta es sí y no. Me explico.

Los niños se portan mejor cuando duermen todo lo que necesitan y comen bien. Es indispensable que los niños tengan y sigan una rutina marcada, con horarios fijos para dormir y comer. También puede ser muy útil explicarles de antemano sobre algo que va a ocurrir, que sepa qué se espera de él.

Otras opciones, como dar la oportunidad a los niños de tomar pequeñas decisiones o felicitarles cuando se porten bien, pueden prevenir futuros berrinches.

Pero cuando las pataletas son inevitables, es imprescindible que guardemos la calma y no perder la paciencia (algo más fácil de decir que de hacer, lo sé por partida doble). Intentemos descubrir qué es lo que quiere nuestro hijo, pero evitemos que se salga con la suya si sólo intenta llamar la atención.

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Pautas para una buena comunicación familiar (O como no perder la paciencia con los hijos PARTE 2)

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Ilustración: www.lamamaoca.com

Más sobre la comunicación familiar:

7. No existe mensaje tonto. Lo que nos digan puede ser más sencillo o más complejo, pero nunca carece de importancia.

8. Si el mal humor nos impide mantener una la comunicación familiar adecuada, procuraremos dejarlo para otro momento cuando estemos en mejores condiciones.

9. Siempre daremos oportunidad de hablar al otro, aunque nos parezca que no tenga razón o derecho. Es posible de que, después de que hable, nos demos cuenta que estábamos equivocados. Esto es  buenísimo para tener la comunicación familiar sana.

10. Cuando notemos que en la familia alguno esté más callado, no le pediremos que dé explicaciones sobre su actitud delante de los otros. Si le demostramos confianza, le ayudaremos a contarnos su problema.

11. Cuando hablemos con nuestros hijos lo haremos cara a cara, buscando sus ojos para que la conversación sea más efectiva.

12. Tendremos en cuenta que los gritos invitar a gritar más: se acaloran las partes y se pierde la razón. La serenidad llama a la calma.

 (Tomado de ‘El Proceso de la Comunicación’, de Gloria Elena Franco Cuartas)

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