¿Qué NO es consenso familiar?

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En el post anterior explicamos qué es el consenso familiar y por qué es tan importante para la convivencia familiar armónica y feliz. Sin embargo, hay algunas actitudes o conductas que pueden disfrazarse de consenso, pero que no lo son.

Pasamos a enumerar algunas de ellas:

  1. Todas las formas de autoritarismo o prepotencia. La típica frase “aquí se hace lo que yo digo, porque aquí sólo mando yo”, es un buen ejemplo. Esta forma de actuar demuestra que a la persona sólo le interesa su punto de vista. Para que haya consenso no sólo hay que conocer el propio punto de vista sino también apreciar el de los demás y, de esa manera, ver lo que le conviene a todo el grupo.
  2. Rigidez. Sobre todo cuando los hijos son pequeños, los padres caemos en la tentación de imponer nuestros puntos de vista porque, obviamente, sabemos que tenemos razón. Sin embargo, al actuar así estamos perdiendo una gran oportunidad educativa al suprimir en la familia el proceso de consensuar, que implica que nuestros hijos se comuniquen con nosotros, con confianza, sin temor, con libertad para expresar sus opiniones que, aunque puedan estar equivocadas, merecen ser escuchadas por respeto. ¿O queremos que nuestros hijos nos mientan u oculten lo que sienten? No olvidemos que el bien mayor de una familia es su unión y no el que uno tenga la razón.
  3. Manipulación. Otro gran enemigo del consenso es la manipulación de los demás mediante la astucia, el engaño y la falta de sinceridad para lograr salirse con la suya. La diferencia entre ser manipulador y tirano es que el segundo impone y le gusta que todos sepan que él manda; pero el que manipula quiere imponer su voluntad de manera disimulada haciendo parecer que la decisión ha sido tomada por todos cuando en realidad es él quien la ha logrado imponer. Hay que consensuar haciendo entender por qué se está escogiendo una decisión, con el fin de que todos estén de acuerdo y puedan seguir el camino trazado.
  4. Votación. Consensuar no es contentar a todos, poniendo en la decisión un poco de la opinión de cada uno. Lo que debe preocupar en el consenso es el bien común. No se trata de democracia sino de concordia. Por ejemplo: una familia compuesta de los padres y cinco niños pequeños acabaría, si aplicamos la democracia, desayunando helados, almorzando chocolates y comiendo chupetines. Obviamente, ese no es el bien común verdadero para esa familia.

Los padres tenemos el deber de enseñarles a nuestros hijos a priorizar el bien común, de forma participativa. Esto se logra escuchando opiniones y respondiendo a las dudas. Cuando los hijos son pequeños, este tipo de discusiones serán pocas. Pero se irán incrementando cuando los chicos vayan creciendo. Por eso no podemos enseñarles cuando ya son adultos. En pequeñas dosis, según las capacidades por edades, hay que inculcarles pacientemente a tener predisposición para concordar y a que sepan valorar la importancia del consenso.

La Mamá Oca

Foto: imagerymajestic

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