¿Qué es el consenso familiar?

 

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El mayor valor que debe tener una familia debe ser la unidad. Por unidad no nos estamos refiriendo a que todos los miembros actúen igual o piensen de la misma manera. Además de ser complicado lograrlo, posiblemente sería consecuencia de algún tipo de represión o de un funcionamiento anormal al interior de la dinámica familiar que lanzaría una ilusión.

Unidad tampoco quiere decir “suma de cosas”, porque las personas no se pueden medir como objetos. Tal vez el término más adecuado sería “armonía”, porque se trata de integrar y potenciar a los distintos miembros de la familia de manera que se logre el bien común por sobre los intereses individuales.

¿Cómo se logra esta armonía?¿Cómo conseguirla cuando una familia está llena de personalidades, temperamentos y necesidades diferentes? Es a través del consenso, es decir, a través de acuerdos “que todos los miembros aceptarán como “la decisión de nuestra familia” asumiéndola cada uno como suya”[i] y sabiendo que se trata de conseguir el bien común.

Beneficios del consenso

  • Es un proceso. Un acuerdo consensuado muchas veces cuesta esfuerzo y tiempo. No aparece de la noche a la mañana. Pero este tiempo no es algo perdido o sin valor. “Es un tiempo en el que hacemos familia (…), aprendemos a conocer y a respetar la opinión de todos, sin enojos, sin prepotencias, sin violencia”.
  • Actitud favorable. Los miembros de la familia deben entender que no se trata de que los demás hagan lo que uno quiere. Más bien, deben estar listos para aceptar al otro para lograr la concordia.
  • Es una decisión familiar. Como unidad. No son decisiones individuales. Por eso es importante que todos participen del consenso según su capacidad.
  • Invita a muchas virtudes como la prudencia, la templanza, el respeto, la justicia, la generosidad, la sinceridad, la humildad, la flexibilidad, la lealtad y muchas otras”. Para poder consensuar debemos tener hábitos como la simpatía, la empatía y la comunicación. Nos abre a los demás, lo que nos libra de la soledad y el egoísmo. Además, como dice Viladrich, nos madura para el verdadero amor y para saber vivir una familia. “Que cada quien hable y participe nos ayuda a conocernos y a valorar lo que cada quien es y opina. De esta manera aprendemos a tener paciencia y tolerancia con lo diferente a lo nuestro, incluso con lo que es contrario a lo que pensamos. Nos enseña a adaptarnos, a aceptar a los otros, a ser humildes y respetuosos”.
  • La prudencia es la reina del consenso. Porque es la virtud de saber decidir y ejecutar oportunamente.
  • Habilidades de comunicación. Cuando queremos llegar a un consenso de corazón, nos interesamos por lo que piensan los demás y viceversa. Esto ya es una forma de comunicar. “Si además lo hacemos con afecto y ternura, esa comunicación es cálida como un fuego de hogar encendido en medio de nuestra sala, que nos reúne en torno a él en compañía grata e íntima”.
  • Un aprendizaje para siempre. No sólo dentro de la familia, sino también hacia fuera. La capacidad de consensuar es, por ejemplo, una gran competencia laboral.

En el siguiente post, veremos ¿Qué no es consenso familiar?. Haz click aquí.

La Mamá Oca

[i] Todas las citas de este texto han sido tomadas de:

VILADRICH, Pedro-Juan – LIZARRAGA, Paula: Ética de los valores matrimoniales y familiares .Manual del alumno, Máster en Matrimonio y Familia, Pamplona 2008.

Foto: RachelH

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