No empiezan las fiestas y ya estoy muy estresado (a)

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¿Les suena conocida esa frase? Hay que ser un genio del yoga relajante para que el tráfico, la publicidad, el apuro y el agotamiento de diciembre no te afecte. Claro, y por todos lados (incluyendo esta página), nos disparan de consejos de cómo ser felices esta Navidad, de cómo vivir la paz y el amor, de cómo priorizar el nacimiento del niño Jesús a la parte comercial, de cómo ayudar al prójimo, a una causa cualquiera, de cómo lidiar con la familia política y la propia para organizarnos en dónde vamos a comer el 24, desayunar, almorzar, tomar lonche y cenar el 25, entre otros. Por supuesto, cómo no regalar y quedar estupendo con todo el mundo (si alguien tiene pruebas de que esto funciona, por favor, enviarla)… Y así, de todo para tratar de calmar algo que es inevitable: sentirse abrumado en estas fiestas. Qué rico sería coger el sueldo de gratificación y ahorrarlo completito sin gastarlo en comida ni regalitos, ¿no? Porque les puedo apostar que la mayor parte de la angustia navideña viene por ese lado: el económico. Finalmente, y no por eso menos importante, es que este estrés ha sido transmitido de generación en generación.

Pero esto se puede aliviar un poco. Yo sé que voy a caer en los típicos consejos para afrontar mejor la Navidad que quizás al momento de aplicarlos se vuelven un poco “utópicos”. Sin embargo, a mí me funcionan para hacer de esta fiesta algo mucho más llevadero. (OJO; son consejos prácticos no espirituales, que también son importantes pero no son motivo de esta nota):

Las familias

Cuando hablo con mis amigos sobre este tema, gran peso del estrés recae en la coordinación de eventos familiares. Lo normal es que se pase un año con cada familia. Sin embargo, para nosotros ese es el principal motivo de tensión: movernos de un lado a otro con niños, corriendo después de la misa de gallos, regresando de noche a acostarlos, cargando paquetes. Así que desde hace varios años decidimos instituir nuestra propia tradición familiar pasándola siempre en nuestra casa. Nosotros somos los anfitriones, y toda la familia es bienvenida. Si alguien prefiere pasarla en su casa, lo respetamos, al igual que esperamos que ellos respeten nuestra decisión de pasarla en la nuestra. Esto incluye el 24 y el 25 de diciembre. Desde que hacemos esto, disfrutamos mucho en familia y es una fecha agradable. No es cuestión de egoísmo, sino de respeto a lo que cada familia quiere hacer. Y claro, desde que nosotros nos casamos, decidimos que formaríamos una familia nuclear y nos comportaríamos como tal. Y nos ha funcionado.

La comida

Del primer punto se puede desprender la pregunta: ¿Y cocinar para TODOS los invitados? Bueno, eso lo solucioné bien fácil: yo me encargo de la cena principal… Léase “encargo”, no cocino. Y no cuesta mucho más. Me voy a un supermercado donde tienen cenas listas y encargo todo. No será la comida más lujosa pero es riquísima y práctica. De verdad saquen sus cuentas: puede ser que les cueste un poquito más comprarla hecha, pero lo que se ahorran en gas, tiempo, ingredientes extras, etc. puede que compense. El resto, como el postre, el champagne, etc. es responsabilidad de los demás miembros de la familia que vienen a la casa.

No exagerar

Al punto anterior hay que añadirle algo bien difícil para muchos: no exagerar en la cantidad de cosas que preparamos. Si pones panetón, no tienes que poner queque, no pongas fruta seca si nadie la come, no pongas torta si es que comen panetón y chocolate caliente, y así busca una fórmula ideal de cantidad de comida que luego no te duela botar porque se termina malogrando, además de ser un gasto innecesario.

Los regalos

Hay varias formas de no estresarse en regalar mucho. En nuestra casa aplicamos algunas “reglas”:

  1. No se regalan entre familias políticas: mi suegra no le regala nada a mi mamá, ni a mis hermanos, y viceversa, pero sí le regala a mi esposo, por ejemplo, porque es su hijo.
  2. Los niños reciben sólo un regalo de nuestra parte. Porque siempre recibirán regalos de los demás miembros de la familia y termina siendo demasiado para ellos, tanto así que hasta se llegan a abrumar y ni miran ya lo que les trae la tía querida.
  3. Regalos familiares. Esto es algo que comencé a practicar hace un tiempo. Por ejemplo, si le quiero regalar a mi hermano que tiene 4 hijos y mi presupuesto está un poco ajustado, hago un regalo bonito familiar: una sombrilla de playa, una rica torta, un juego de mesa familiar, etc. Es mejor hacer un buen regalo para todos que seis que terminarán fondeados quién sabe dónde.
  4. Buscar con calma. No saben la cantidad de regalos lindos que encuentro cuando tengo mi lista a la mano con mucho tiempo de anticipación. Por ejemplo, en rebajas, remates, páginas de Facebook, ofertas de internet, etc. Cuando tienes claro a quiénes regalar y cuánto gastar por cada persona es mucho más fácil. Aprovechen los remates de juguetes o de ropa y vayan stockeandose con tiempo. El ahorro es significativo y no sientes que tienes que hacer el gran gasto en un solo mes. Si no lo has hecho así hasta esta época de diciembre, investiga con calma en la web y vas a ver todo lo que puedes encontrar.

Planificar con tiempo.

Esto es lo más importante. NO dejes todo para última hora como menciono en el punto 4. Esto incluye armar el árbol, mandar a hacer la cena, envolver regalos, etc. Si avanzas un poco cada día, todo se hace más light. También evitas los tráficos, las tiendas abarrotadas y las correderas. Ah, y si puedes buscar empresas que hagan delivery, mucho mejor.

Finalmente, es importante relacionar la Navidad con momentos lindos. En nuestro caso, armar el arbolito para mis hijos significa que los abuelitos vendrán pronto de viaje, que vamos a comer rico todos juntos y —sería tonto decir que los niños no se ilusionan con los regalos— que van a recibir lo que tanto querían y por lo que han estado portándose bien últimamente. A esto hay que sumarle la importancia religiosa que le queramos sumar a esta fecha cada familia.

¿Algún consejo extra?

 La Mamá Oca

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