El ejemplo y la unidad de criterio son claves para educar

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Educar es educarse. Exigir a los hijos es primero autoexigencia. El buen ejemplo es contagioso, arrastra.
La unidad de criterio entre el padre y la madre es lo que da seguridad a los hijos. En la práctica esto significa que los padres pueden tener distintas opiniones sobre cómo ayudar a un hijo o enfrentar un problema, pero una vez que se han puesto de acuerdo en ese «cómo», ambos actúan unidos. No hay un cónyuge cómplice de un hijo en oposición al otro; el hijo no puede manipular a uno de los padres con la debilidad del otro.
Idea clave: Los padres deben educar con intencionalidad educativa, que se concreta en darse el tiempo para conocer a cada hijo, para conversar marido y mujer a solas y sin prisa sobre cada uno de ellos. De este modo es posible fijarse objetivos a corto plazo, pequeños, concretos- y a largo plazo, que se refieren al bien ser de ese hijo. Sólo así los padres evitarán reducir la acción educativa a la crianza, la nutrición y la información, omitiendo la parte más importante: hacer de ese hijo un hombre pleno, maduro, responsable.

Dijeron:
Juan Pablo II: Mi padre fue una persona admirable… era tan severo consigo mismo, que no necesitaba serlo con su hijo. Bastaba su ejemplo para enseñar la disciplina y el sentido del deber.
Tomás Moro: Una vez vuelto a casa, hay que hablar con la mujer, hacer gracias a los hijos, cambiar impresiones con los criados. Todo ello forma parte de mi vida y hay que hacerlo, a no ser que quieras ser un extraño en tu propia casa. Hay que entregarse a quienes la naturaleza o uno mismo ha elegido como compañeros.

Tomado de www.profesores.sanvalero.net

Foto: www.freedigitalphotos.net

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