El divorcio no es lo que aparenta

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A veces se piensa que el divorcio va a resolver los problemas, pero, a juicio de Ignacio Socías, director general de The Family Watch, muchos estudios demuestran que no es así. «La ruptura no supone el final del conflicto, sino el principio de una serie de nuevos problemas que suele afectar amás personas. ¿Por qué? En primer lugar, porque el divorcio no puede terminar con muchas obligaciones que afectan a las dos partes y que afrontarán con más dificultad por separado: ante todo, la atención a los hijos, pero también las deudas derivadas de la vivienda o de otros bienes…», explica.

El divorcio, prosigue Socías, no mejora la forma de ser de las personas, ni su capacidad de afrontar positivamente las dificultades o de resolver las crisis emocionales, sino que más bien la debilita. «Además, contribuye decisivamente al proceso de feminización de la pobreza. La desigualdad en los sueldos de hombres y mujeres y el hecho de que ellas se suelan quedar con los hijos terminan haciendo que su nivel adquisitivo vaya siendo cada vez menor».

A su juicio, habría que añadir los efectos negativos para los hijos, «que sufren la separación más que nadie y durante el resto de su vida y de sus relaciones». Como ha señalado en un informe reciente el Centre for Social Justice británico, «en nuestros días, vemos que muchas parejas llegan al matrimonio con altas expectativas, pero muy poca capacidad para alcanzarlas y poca comprensión de la naturaleza y el sentido del compromiso».

No se trata, concluye, de evitar las rupturas a toda costa y mucho menos de mantener situaciones de abuso o violencia, pero sí de ayudar a los que quieren casarse a que entiendan lo que significa y que no piensen que se puede hacer «borrón y cuenta nueva» cada vez que la realidad no se ajuste a su deseo.

Texto: www.abc.es

Foto: AIGOR AIZPURU para www.abc.es

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