El camino a la felicidad

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Hace unos días me invitaron a dar un conversatorio en un showroom en Barranco. Fue muy lindo, sobre todo porque la gran convocatoria que tuve fue de dos mamás: una embarazada de su primer bebé y la segunda con su bebé de dos meses dentro de un portabebés pegado al cuerpo. Y digo que fue lindo porque pudimos conversar sobre el tema que me habían pedido que comparta: la educación en virtudes, con toda la calma y paciencia del mundo. Evidentemente, la idea fue hacer una breve introducción al tema porque profundizarlo es cuestión de estudio largo y consciente.

Empecé contando cómo empecé en esta aventura de investigar sobre cómo educar niños felices. No sé si lo he compartido antes, pero todo comenzó con el nacimiento de mi primer hijo y el terror que sentí al ver que la felicidad de ese bebé en el futuro dependía muchísimo de mí y los primeros ladrillos que le pusiera a la estructura de su vida. Y descubrir que la felicidad verdadera no estaba en comprar la cunita y el cubrecama en la mejor tienda de decoración de bebés ni en que tuviera un conjunto de ropa distinto por cada minuto de vida que le tocará vivir. Sino que estaba, precisamente, en educarlo en virtudes.

Con las dos mamás empezamos analizando cuál era para ellas, tal vez, el peor “defecto” que creían tener y que no las dejaban ser tan felices como quisieran. Coincidentemente, la mamá embarazada decía que el desorden y la otra mamá que era maniática del orden. Claro, fue un ejemplo perfecto para empezar a explicar que cada virtud tiene una anti virtud y que ésta era tanto lo opuesto como lo exagerado de la misma.

Y de ahí partimos a conversar sobre la importancia de darle a nuestros hijos una educación pensada conscientemente en inculcarle virtudes que no eran más que las herramientas clave para que ellos estuvieran más cerca de la felicidad cuando fueran madurando y dependiendo cada vez menos de nosotros. Tener en la mente los objetivos educativos sin estresarnos, simplemente para ser conscientes de ellos y aprovechar todas las oportunidades que nos brinda el día a día para construir en nuestros hijos una estructura virtuosa basada en la vida real y no en la teoría. Y, por supuesto, recalcando que el instinto materno y el sentido común eran piezas importantísimas a la hora de construir los criterios educativos que queríamos impartir en nuestro hogar.

Nos quedamos conversando más de una hora y fue una experiencia muy enriquecedora para mí porque, en realidad, me hizo sentir que no era la única con no sólo los miedos típicos de toda madre, sino también que había dos personas que sentían interés genuino por un tema tan esencial para hacer de la vida de nuestros hijos algo increíble, que se dieron el trabajo de ir hasta allá para verme sin conocerme, por el simple afán de investigar y compartir.

De repente, en la próxima oportunidad seremos cuatro… No importa. Lo importante es que haya aunque sea una persona más que quiera hacer las cosas diferente, no sólo para hacer de su hijo una persona de bien en todo sentido, sino también que al hacerlo esté ayudando a construir un mundo mejor. Puede sonar utópico o cliché, pero la educación empieza por casa… sobre todo la que es más importante: la espiritual. No lo olvidemos nunca. Para ser buenos padres hay que amar. Para amar hay que conocer. Y para conocer se requiere voluntad. Y el conocimiento nos da autodominio, algo imprescindible a la hora de educar. Démosle un tiempito de nuestras vidas a leer un poco, a asistir a conversatorios, a las charlas de que imparten los colegios o nidos de nuestros hijos. No perdamos oportunidades valiosas.

Aprovechando el tema, los dejo con el link a los posts relacionados a las virtudes que he escrito en el blog:

https://www.lamamaoca.com/category/educacion-en-virtudes/

 La Mamá Oca

 Foto: www.freedigitalphotos.net

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