Dejémonos sorprender

Foto: www.lamamaoca.com
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Los padres sabemos que cada día al lado de un niño es como enfrentarse a un nuevo mapa del tesoro cada vez, que nos llevará a ese lugar donde no sabemos qué vamos a encontrar. Un día nos puede salir de maravilla. El siguiente puede ser un caos. Es una lotería. Si bien el marco y la rutina pueden ser iguales, nuestros hijos no lo son. Ellos cambian cada segundo: luego de aprender algo nuevo, de vivir una experiencia diferente, o simplemente después de hacer alguna conexión lógica en sus cerebritos. Y es lindo descubrir en ellos este explorar la vida, su manera de sacar conclusiones y relacionarse con el mundo que les rodea.

Darles tiempo también es bueno para nosotros

Nuestras obligaciones cotidianas nos absorben. Pasan las horas, los días y hasta semanas enteras en los que no nos detenemos a estar con nuestros hijos más allá de lo mínimo indispensable. Y considero que eso es un error. No sólo porque nos “perdemos” hitos importantes en su vida –sobre todo cuando son chiquitos- sino porque también nosotros perdemos una valiosa oportunidad para aprender a ser mejores personas. Sí, aprender de ellos, de los más chicos de la casa. Si bien nosotros debemos ser los guías de nuestros hijos, esto no significa que ellos no puedan ser una gran inspiración, fuerza y ejemplo para nosotros.

Se los explico mejor con una pequeña historia de la vida real. ¿Se acuerdan que hace unas semanas publiqué un post titulado “La rosa y la espina”? Bueno, este es un ejercicio que yo hago todos los días con mis hijos, quiera o no, porque a ellos les encanta, sobre todo a mi hija. Hace unas cuantas noches, como siempre, estábamos echadas en la cama luego de leer el cuento, ya con la luz apagada y mi hijita me pregunta: “Mamá, ¿qué es lo que más te gustó del día?”. Yo le respondo: “Ir a tomar un helado contigo. ¿Y a ti?”. “A mí me gustó mucho que hoy no me llevaras al colegio”, respondió.  “Ah, ¿sí?”, contesté, un poco confundida porque siempre me pide que lo haga. “Sí, mami, porque tú estabas muy cansada y me encantó que pudieses dormir un poco más”.

¿Qué les puedo decir? Detrás de esas palabras, en una niña tan chiquita, que le encanta que su mamá la lleve siempre al colegio, hay tanto: generosidad, dulzura y, sobre todo, una muestra de amor que a veces, nosotros, los grandes, no somos capaces de tener con nuestros seres más queridos.

Por eso les digo: conversemos, compartamos y disfrutemos de estar con nuestros hijos. Ellos son un mundo puro y transparente, algo que no tenemos tan a la mano hoy en día. Contagiémonos de ellos. Dejémonos sorprender.

La Mamá Oca