Aprendiendo a pedir consejo

 

prudencia

Hace algunos días publiqué un post sobre por qué es importante educar la prudencia y lo pueden encontrar aquí. Y me dio mucho ánimo que les haya gustado tanto el tema ya que ha sido uno de mis artículos más compartidos. Eso demuestra que es una virtud muy valorada. No en vano a la prudencia se le ha llamado genitrix virtutum, madre de las virtudes[1], y también auriga virtutum[2], conductora de todos los hábitos buenos.

Para seguir aprendiendo sobre la prudencia, en este post hablaremos sobre uno de los aspectos importantes sobre esta virtud: pedir consejo. “Hay personas que creen que pedir consejo es una humillación, porque es demostrar que uno no sabe y ponerse por debajo de otros. Para pedir consejo en las decisiones más importantes y más graves de la vida no es demostrar ignorancia, sino demostrar cordura”. (Lorda, 2013: 34)[3]

Es más, mientras más responsabilidades se tiene –por ejemplo, como gobernante de un país—más consejo se debe pedir ya que sus decisiones involucran a más personas. Esto es así porque es imposible saber todo; o ser capaces de anticiparse a todas las situaciones. Además, que alguien nos ayude a ver las cosas desde otra perspectiva nos abre el horizonte. Y hacer esto no nos hace dependientes. Al contrario. “Pedir consejo no es perder libertad, sino aumentarla, porque adquirimos más capacidad para juzgar las cosas y más riqueza de soluciones. Por eso, en las cuestiones más graves de nuestra vida: cuestiones de familia, de trabajo, de salud, de economía, conviene enriquecerse con el consejo de otros”. (Lorda, 2013: 35).

¿Quién nos debe aconsejar?

De hecho, si tenemos problemas de pareja, tal vez la amigo (a) que dejó a su esposa(o) por otra persona no es el compañero más idóneo para aconsejarnos en una circunstancia de este tipo. Igualmente, de poca ayuda será quien es incapaz de guardar un secreto o alguien conflictivo. Lorda dice que “tienen que ser personas equilibradas, que nos quieran bien y que tengan alguna experiencia sobre el asunto. (…) A veces, tenemos a nuestro lado, en nuestra familia, gente buena con mucha experiencia de la vida; o con mucha experiencia profesional. Y sólo con hablar con ellos, con intentar explicarles las cosas, ya se nos aclaran. Y además, nos pueden hacer ver lo que no veíamos y dar orientaciones valiosas).

Otro punto que debemos considerar a la hora de pedir consejo es que no tenemos que, necesariamente, contar todo con pelos y señales. Basta con dar la información pertinente. Además, el escuchar un consejo no significa que la decisión la vamos a tomar en ese momento ni que vamos a hacer exactamente lo que nos digan. “Solo buscamos otra perspectiva, una opinión enriquecedora. Por eso, hay que dejar hablar al otro con libertad, y no implicarse; es decir, no discutir. Se escucha con atención, se toma nota de lo que es útil, se agradece el consejo, y después, personalmente, se decide. Así se conserva la libertad para decidir”. (Lorda, 2013: 36).

El papel de los padres

¿Qué debemos hacer los padres para enseñar a pedir consejo? El punto más importante es que debemos aprender a darlo, sin imponerlo innecesariamente y de esa manera demostrarles humildemente que cuando nos escuchan, les puede ir mejor.
“Se notará que un hijo está desarrollando la virtud de la prudencia porque pide consejo, porque busca las fuentes adecuadas para documentarse, porque pondera esta información y la discute con sus padres y con otras personas, porque llega a ser una persona de criterio y porque actúa o deja de actuar después de considerar las consecuencias del acto para él y los demás”. [4]

Seguiré desarrollando este tema en los siguientes posts.

La Mamá Oca

[1] SANTO TOMAS DE AQUINO, In II Sententiarum, dist. 33, a. 2, a. 5
[2] SAN BERNARDO, Sermones in Cantica Canticorum, 40, 5 (PL 183, 1018)
[3] LORDA, J.L, Virtudes. Experiencias humanas y cristianas. (2ª ed) Madrid: Rialp.
[4] ISAACS, D. La educación de las virtudes humanas y su evaluación. (15 ed). Navarra: Eunsa.

Foto: potowizard/www.freedigitalphotos.net

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