¿Abuelos esclavos?

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Si hiciéramos el ejercicio, aunque sea imaginario, de juntar a un grupo de personas con una edad promedio de 40 años, y les preguntáramos cómo se imaginan vivir su rol de abuelos, lo más probable es que la mayoría responda que compartiendo con los pequeños tiempo agradable, lleno de juego y diversión. Es difícil de creer que alguno piense que vivirá esa etapa de su vida teniendo igual o más responsabilidades de índole educativa, de cuidado y hasta económicas de las que tiene actualmente con sus hijos, encima con niños que, objetivamente hablando, no son propios.

Sin embargo, este tipo de vida estresante es la realidad de muchos abuelos que, debido a múltiples circunstancias, tienen que asumir responsabilidades diarias en el cuidado de sus nietos. No estamos hablando de cuidados auxiliares –como pueden ser acompañar al niño a una fiesta o cuidarlos un par de noches al mes cuando los padres salen—sino de una situación en la que el abuelo o la abuela “no se atreve a decir que está agotado por el exceso de responsabilidades en que se encuentra inmerso –que ha ido acaparando, probablemente sin proponérselo – y que, además, no se queja, porque tiene miedo de no ser útil y de que los hijos le puedan rechazar”[i].

Si bien pasar tiempo con los nietos frecuentemente trae consecuencias positivas medibles en estudios, como pueden ser sentir satisfacción por aportar soporte a los seres queridos y ayudar a los hijos a conciliar la vida laboral con la familiar, además de sentirse más activos tanto física como cognitivamente, hay algunos casos en los que este cuidado no trae beneficios sino, más bien, síntomas de estrés.

La pregunta clave es: ¿cómo saber si un abuelo está siendo víctima del tan conocido “síndrome del abuelo esclavo”?

Algunos síntomas

  1. El abuelo sólo se preocupa por ayudar a sus hijos y vive por los nietos. No tiene otras actividades sociales o personales.
  2. Es una vida que no ha sido escogida por el abuelo. Se ve forzado a vivirla por las circunstancias familiares de los propios hijos, como el trabajo de los dos padres fuera de la casa o poca capacidad económica para contratar ayuda externa para el cuidado de los niños.
  3. El abuelo se siente agotado pero no se atreve a manifestarlo por temor a que lo excluyan de la familia del hijo y se vea alejado de los nietos. Esto a pesar de que, al final del día, se siente realmente mal físicamente y le cuesta mucho recuperarse.
  4. Cuando el abuelo cuidador llega a su propia casa, ya no le quedan energías o ganas para comunicarse o compartir con los que viven con él, ya sea el cónyuge u otros miembros de la familia. Esto hace que su vida personal se vea deteriorada así como sus demás relaciones humanas.

Algunas recomendaciones para evitar ser un abuelo esclavo

  1. Detectar si está sintiendo algunos de los síntomas mencionados en el párrafo anterior. Y hacer algo al respecto.
  2. Reconocer las limitaciones propias. Hay que estar dispuestos a decir de vez en cuando “no puedo”, así se sepa que la negativa va a ser mal recibida.
  3. Sin embargo, para que el resto sepa por qué se está haciendo un cambio radical en la disponibilidad habitual, es importante ser sinceros comunicando el verdadero estado físico y emocional en el que se encuentra.
  4. Hay que buscar medios efectivos para decir “¡Basta!”. En caso contrario, se puede caer en la amargura y dificultar la convivencia de los que viven con nosotros.
  5. Es rol de los hijos ser conscientes de las exigencias a las cuales se está sometiendo al padre y darse cuenta de que, seguramente, éste no está expresando malestar ni cansancio por tratar de ser generoso. En caso los hijos no se estén deteniendo a pensar en los abuelos, entonces es responsabilidad de estos hacérselo saber con amor y firmeza.

Finalmente, lo más probable es que el “abuelo esclavo” caiga en este estado por querer amar desmedidamente. Pero parte del amor verdadero está en buscar el bien superior, así algunos no estén contentos con las consecuencias de esta búsqueda. En todo caso, mayor favor le hace un abuelo a su hijo manteniéndose sano y feliz para apoyarlo en distintas ocasiones, que enfermándose de estrés porque no supo decir “no” en el momento adecuado.

La Mamá Oca

Artículo escrito para el Blog Piensa Profuturo- Lima, Perú.

[i] Castells, P. Queridos Abuelos. Editorial Planeta. Versión Libro Electrónico 2013.

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