Algunos enemigos de la prudencia

 

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Continuando con el tema de la virtud de la prudencia, es importante también señalar cuáles son esos “trucos” o errores que nos pueden jugar una mala pasada y hacernos pensar que estamos siendo prudentes cuando en realidad no es así.

Lo primero que debemos considerar es que cuando la virtud se convierte en un fin y no entendemos el por qué de la acción, no estamos siendo realmente virtuosos. “Piensen en la virtud del orden. Quien se proponga ser ordenado como fin en lugar de como medio, puede terminar siendo maniático del orden. La sinceridad, sin prudencia, puede traducirse en desenfreno verbal”, dice Isaacs. Así, opuesto a una virtud siempre hay dos vicios, “uno abiertamente contrario, y otro que tiene las apariencias de la misma virtud”. (San Agustín). Retomando el ejemplo del orden, sus contrarios serían el desorden y el exceso de orden. De esa forma, podemos decir que una virtud es el “término medio entre dos extremos: entre pasarse por mucho o por poco, excederse o quedarse corto. Por eso se dice en latín “in medio, virtus”, la virtud está en el medio, en el centro”. (Lorda, P. 36)

¿Y cuáles son los contrarios de la prudencia?

El más fácil de detectar, sin duda, son los que carecen de toda prudencia. Los precipitados, los que no pasan por las fases de la toma de decisiones, los negligentes. “Los que deciden las cosas sin informarse, sin pensar, los que se tiran cuesta abajo a lo loco. Precipitación viene de precipicio. Además, se llama negligencia a la falta de atención a las cosas; imprevisión a no darse cuenta ni pensar en lo que va a pasar; pero es muy importante calcular las consecuencias”. (Lorda, p.37). Además, “la imprudencia –que incluye la precipitación, la inconsideración y la inconstancia –está muy relacionada con la falta de dominio de las pasiones”. (Isaacs, p. 333)

Sin embargo, por el otro lado, está el que peca de precavido, el que tiene miedo o, como dice Lorda, el que “toma tantas precauciones que es incapaz de decidir pronto y con eficacia”. Eso también es imprudencia.

Otros tipos de enemigos de la prudencia son los que tienen que ver con cada uno de los pasos que intervienen en la toma de decisiones. “Podría pensarse que el hombre prudente es el que nunca se equivoca, porque nunca toma una decisión. Eso es falso. El prudente es el que sabe rectificar sus errores”, dice Isaacs. Inclusive, hay muchas personas que no se atreven a decidir así tengan toda la información pertinente para hacerlo. “Y hay otros que son indecisos y volubles: que toman una decisión, pero no sirve para nada, porque enseguida se echan para atrás. No terminan de decidir nunca”. (Lorda, p. 37). Finalmente, como dice este autor, están los flojos o perezosos, los que ven claro qué hay que hacer “pero no lo hacen porque no pasan del pensamiento a la realidad”.

Como podemos ver, ser prudente no es cosa fácil. Requiere años de entrenamiento y mucha madurez. Y esta virtud que está detrás de todas las demás. Pues, ¿cómo escoger qué está bien si no somos prudentes?

Seguiremos desarrollando el tema en otros posts.

La Mamá Oca

Bibliografía

[i] ISAACS, D. La educación de las virtudes humanas y su evaluación. (15 ed). Navarra: Eunsa. P. 37

[ii] S. AGUSTIN, Apost. 167, 8.

[iii] LORDA, J.L, Virtudes. Experiencias humanas y cristianas. (2ª ed) Madrid: Rialp.

Foto: pakorn/www.freedigitalphotos.net

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