Cuidado con los mensajes a los que se exponen los niños

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Una de las actividades que más nos gusta compartir con mi esposo cuando los niños están dormidos es entrar a Youtube y escuchar canciones que nos gustan. Y de vez en cuando abrimos el baúl de los recuerdos y ponemos música del año del rey Pepino que escuchábamos con nuestros papás en el carro, en la casa, etc. Así, recordamos canciones del tipo:

 Comienza a amanecer, oigo tus pasos al llegar borracho otra vez,
 muñeco de trapo y papel. Tendré que simular que estoy dormida 
y esperar en la oscuridad tus torpes caricias quizá. Me das un beso y hay en tu aliento alcohol y amor, quisiera gritar, 
quisiera correr y escapar y veo que no soy capaz”.

 O:

 “El me mintió, él me mintió, era un juego y nada más, era solo un juego cruel de su vanidad, él me mintió. Con el corazón destrozado y el rostro mojado, soy tan desdichada, quisiera morirme. Mentiras todo era mentira, palabras al viento, tan solo un capricho que el niño tenía”.

Más allá de que  con este post estoy revelando mi edad y el pésimo gusto musical de nuestros padres, el objetivo es contarles lo que saltó a discusión con mi esposo luego que analizamos el tipo de música que escuchábamos de chicos: lo negativo de los mensajes a los que, sin querer seguramente, estábamos expuestos. Y es que no sé si alguna vez han hecho la prueba de escuchar un buen rato música nostálgica o triste. ¿No les pasa que luego se sienten un poco decaídos? No me cabe duda que este tipo de canciones algo calaron en nosotros y nuestra vida amorosa adolescente.

A esta anécdota le quiero sumar una que pasó hace un buen tiempo. Mi hija ama las princesas, pero en su vida ha visto una película sobre ellas. Por ahí que tiene un par de cuentos de la Cenicienta o Blancanieves que cuando se los conté obviaba la parte de la muerte de la mamá y el papá (me inventaba que se iban de viaje y se tuvieron que ir a vivir con una tía mala—otro dato importante es que se los regalaron y me exigió que se los leyera, y que ahora ni los mira). Bueno, el tema es que mi hija detesta la televisión, pero cuando cumplió tres años yo me moría de ganas de ver una película con ella. Así que fuimos a comprar algunas y, por supuesto, ella escogió unas de princesas (yo compré otras como Mary Poppins, por ejemplo). En mi defensa quiero alegar que yo no vi  películas de princesas clásicas, así que si bien sabía que eran un poco dramáticas, no sabía a lo que me iba a enfrentar. Y también no estaba muy al tanto de los nuevos estrenos infantiles. Bueno, llegamos a la casa y nos sentamos en el sillón y me dijo: “Mami, quiero Cenicienta”. Pusimos la película, que por cierto es del año 49, y empezó. Las dos emocionadas mirábamos los créditos hasta que empezó la narración. En el minuto uno sale que la niña chiquita está con el papá porque se murió la mamá, el papá se casa con esta mujer horrible con dos hijas malas, se muere el papá y la niña sale llorando arrodillada en la cama. Aterrada yo, volteo a ver a mi hija quien estaba con un puchero hasta el suelo y con la voz entrecortada me dice: “Mami, no quiero ver películas, me voy a jugar”. Se paró y se fue destrozada. Y ni decirles como quedé yo. Claro está que luego de esta macabra experiencia sigue amando las princesas desde su ignorancia literaria y ahora escojo películas más divertidas y sin ese tipo de drama espeluznante. De los errores se aprende.

Luego de contarles estas dos anécdotas paso a la reflexión: hay que tener cuidado con los mensajes a los que exponemos a nuestros hijos. Y no sólo del tipo dramático, sino violento. No les llenemos el alma de basura. Cuando yo era chica no era tan fácil ver contenido tóxico como en la actualidad. Además los niños estábamos más chequeados que ahora que la mamá sale a trabajar. Porque todo esto trabaja en sus cerebritos y sus corazones con consecuencias que seguramente no medimos hoy pero que sí veremos mañana.

No expongamos a nuestros hijos a contenidos que les puedan parecer “normales”. Investiguemos un poco antes de ponerles una película. Estemos ahí lo más posible para explicarles sus dudas. Usemos controles parentales. Apaguemos la tele y que salgan al parque, o a jugar con sus primos o los vecinitos. Organicemos paseos. Contemos cuentos, juguemos en familia. Controlemos el uso de la computadora, de los videojuegos, el Ipad, el Ipod y lo que se venga.

Como lo demuestran mis ejemplos arriba expuestos, en todas las épocas hubo “peligros”. Preparémonos para evitarlos con la tecnología que nos tocó vivir. Si bien no podremos protegerlos de todo, sí somos conscientes y hacemos bien nuestro trabajo, lograremos un resultado óptimo.

 La Mamá Oca

 Ilustración: www.freedigitalphotos.net

No tercericemos enseñanzas básicas…menos a la tecnología

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Cada día los padres tenemos menos tiempo para estar con nuestros hijos y eso hace que tercericemos muchas de nuestras obligaciones paternas a terceras personas y a artefactos. Ya no es algo raro que vayamos a un restaurante y en lugar de ver a una familia comiendo en la mesa, conversando o educando en modales a los niños —cuando salgo con mis hijos no paro de corregir: come bien, cierra la boca, coge bien el tenedor—vemos a los niños prácticamente idiotizados con alguna pantalla de videojuego o de tablet. Es más cómodo, molestan menos, y nos dejan comer tranquilos.

Lo mismo sucede con los viajes largos…y hasta cortos. Recuerdo que cuando era chica nos metían en un auto a todos y hacíamos viajes de horas, sin televisores ni nada. A veces te aburrías a morir, pero era parte de la vida en familia. Te peleabas, te metías codazos, pero también cantábamos, jugábamos a lo que se nos ocurría. Era una oportunidad de conversar y conocernos.

Hoy eso ya no existe. El que menos tiene una pantalla colgada en el auto hasta para viajes de una hora, total de que el niño no se aburra mirando el paisaje por la ventana y nos deje manejar tranquilos.

Y lo mismo está sucediendo con enseñarle a nuestros hijos las cosas básicas de la vida. Con la tecnología, hoy usamos miles de apoyos para que los niños aprendan los colores, las partes del cuerpo, etc. Cuando está más que demostrado que el contacto físico, sobre todo con la madre, es el mejor motor de enseñanza para los pequeños. Los bebés, por ejemplo, aprenden mucho de los tonos y colores al ver el rostro de su mamá, mientras lo amamanta o le hace dormir.

Así que si trabajamos mucho, y tenemos poco tiempo para estar con nuestros hijos, no lo perdamos en pantallas y aprovechémoslo para darles lo mejor de nosotros y educarlos.

Pero, ¿a qué viene todo este preámbulo? A que el pasado 7 de agosto leí en la página Techland de Time.com un artículo que negaba que una aplicación móvil podía enseñar a un bebé a encontrar su nariz o a reconocer las letras o los números.

El artículo es muy interesante y lo he traducido para que lo puedan leer en su totalidad. Es importante que como padres usemos la tecnología como soporte más no como sustituto. En mi caso, por ejemplo, me doy el trabajo de grabar videos educativos cortos en el IPAD para que mis hijos lo vean un rato, y se entretengan. O pongo juegos de rompecabezas. Pero no soy muy partidaria de las pantallas a pesar de que personalmente AMO la tecnología. Aunque, claro, en mi caso, ya soy un adulto formado y la uso para trabajar. Todavía confío en que mis hijos pueden descubrir el mundo con los juegos tradicionales y apunto a eso. Así que siempre negocio poco tiempo para ver videos y la televisión hasta ahora no ha sido un punto de discusión, gracias a Dios. Como dice una de las especialistas en el artículo en mención, lo que los bebés necesitan para el desarrollo saludable del cerebro es juego activo, juego creativo manual e interacción cara a cara.

Los dejo con el link para el artículo. https://www.lamamaoca.com/?p=1568

Saludos

La Mamá Oca

¿Una aplicación móvil pueden enseñarle algo a los niños?

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¿Puede una aplicación móvil realmente enseñar al bebé a encontrar su nariz? ¿O aprender a reconocer las letras y los números? No, según un grupo de defensa que presentó una denuncia este mes ante la Comisión Federal de Comercio alegando que dos desarrolladores de aplicaciones populares de bebé – Fisher-Price Inc. y Open Solutions– están tratando de engañar a los padres para que piensen que sus juegos en línea hacen bebés y niños pequeños más inteligentes.

La Campaña para una Niñez Libre de Comerciales, un grupo de Boston cuyas denuncias contra los videos “Baby Einstein”  permitieron eventualmente a los consumidores de todo el país solicitar reembolsos, insta a los investigadores federales para examinar las prácticas de comercialización de las aplicaciones móviles “Reír & Aprender” de Fisher-Price y los juegos de Open Solutions,  como “Baby Hear and Read” y “Baby First Puzzle.”

Es la primera denuncia de la campaña contra la industria de aplicaciones móviles como parte de su esfuerzo más amplio para lograr empresas responsables en el  mercado de tecnología para los niños muy pequeños y sus padres.

“Todo lo que sabemos sobre las investigaciones sobre el  cerebro y el desarrollo del  niño están  lejos de usar  pantallas para educar a los bebés,” dijo Susan Linn, directora del grupo. “La investigación muestra que las máquinas y las pantallas de los medios son realmente una manera muy ineficaz de enseñar el lenguaje a un  bebé. Lo que los bebés necesitan para el desarrollo saludable del cerebro es juego activo, juego creativo manual e interacción cara a cara”.

El grupo de Linn alega que las empresas violan las leyes de la verdad en la publicidad cuando dicen que “enseñan” habilidades a los bebés. Por ejemplo, Fisher-Price de East Aurora, Nueva York, afirma que sus App  Laugh & Learn “Where´s Puppy´s Nose” pueden enseñar a un bebé sobre las partes del cuerpo y el lenguaje, mientras que su App “Learning Letters Puppy” educa a los bebés en el alfabeto y a contar hasta 10. Open Solutions, un desarrollador con sede en Bratislava, Eslovaquia, dice que sus aplicaciones móviles ofrecen “una forma nueva e innovadora para la educación” al permitir a los bebés “practicar lógica y habilidades motoras.”

En un comunicado proporcionado a The Associated Press, Open Solutions dice que está de acuerdo  que la electrónica no es un sustituto para la interacción humana. También señaló los muchos comentarios positivos hechos por sus clientes.

“Nosotros tampoco decimos: “consiga ese juego y enseñe a su hijo todo’”, escribió la compañía. “Suponemos que el niño está jugando el juego con los padres/hermana/niñera. Creemos que tenemos aplicaciones que pueden ayudar a los padres con bebés, así como tener bebés entretenidos o ayudarlos a ver cosas nuevas, animales, escuchar sus sonidos, etc.”.

Fisher-Price, contactado por teléfono y correo electrónico, no proporcionó comentarios.

Según el Pew Internet y American Life Project, más de la mitad de los adultos estadounidenses poseen un smartphone mientras que aproximadamente un tercio de los adultos poseen una tablet. Con el número de dispositivos móviles en alza, las aplicaciones de software para móviles se han convertido en un  negocio lucrativo. Incluso aplicaciones que se descargan de forma gratuita a menudo recopila la información personal de un consumidor que luego puede ser vendida a los comercializadores.

La mayoría de las aplicaciones de Fisher-Price, por ejemplo, es gratis, pero advierte en sus políticas de privacidad que “terceras partes” puede recoger información sobre el dispositivo de una persona para fines de un posible marketing.

La Ley Federal dice que la publicidad no puede engañar a los consumidores y, en algunos casos, debe estar respaldada por pruebas científicas.  En 2012, la FTC –entidad que hace cumplir las leyes de la verdad en la publicidad – concordó  con la Campaña para una Niñez Libre de Comerciales que el desarrollador “Your Baby Can Read” (“Su bebé puede leer” ) mintió cuando prometió a los consumidores que podrían enseñar a leer a bebés tan pequeños como de 9 meses. Ese negocio fue cerrado después de que la FTC le impuso una multa de $185 millones.

En 2006, el Grupo pidió a la FTC prohibir a los creadores de videos Baby Einstein y Brainy Baby hacer publicidad sobre sus beneficios educativos. Eventualmente, la FTC se negó a actuar después de que las empresas, propiedad de Walt Disney Co., acordaron eliminar algunas promesas de marketing de sus paquetes y retiró testimonios que afirmaban los beneficios educativos. Después que la Campaña para una Niñez Libre de Comerciales alentó a un grupo de abogados para presentar una demanda colectiva, Disney comenzó a ofrecer reembolsos en efectivo por los videos adquiridos.

Linn dijo que su organización tenía como objetivo a  a Fisher-Price y Open Solutions  porque sus apps para bebés estaban entre los más populares y porque representaban una tendencia global de prácticas de mercadeo engañosas por los desarrolladores de aplicaciones, tanto grandes como pequeñas.

La Academia Americana de Pediatría desaconseja cualquier tiempo con pantallas electrónicas para bebés y niños pequeños menores de 2, mientras que los niños mayores deben limitarse a una a dos horas al día. Cita un estudio que concluyó que los videos infantiles pueden retrasar el desarrollo del lenguaje y advierte que no hay estudios que  documenten un beneficio si es que se ven tempranamente.

Fuente: Techland, de Time.com

Foto: www.freedigitalphotos.net