¿Cómo saber si tu pareja te maltrata psicológicamente?

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Cualquier persona, bien sea hombre o mujer, que esté en una relación en la que su pareja le insulta, le falta el respeto, la denigra, o la humilla, es una persona que sufre maltrato psicológico…», determina Silvia Congost, psicóloga especializada en el tratamiento de la dependencia emocional y autora del libro «Cuando amar demasiado es depender» (Oniro). Pero esto no llega de un día para otro. Muchas veces la dependencia emocional precede al maltrato psicológico, asegura esta experta. «En esos casos, la persona afectada acostumbra a ser la última en darse cuenta y la más sorprendida al verlo en general, ya durante el proceso terapéutico en el que se analizan los detalles de su relación», añade. Lo más grave, prosigue Congost, es que las personas que sufren este tipo de maltrato psicológico se vuelven cada vez más dependientes. «Cada vez más ven las agresiones como algo natural, habitual, se acostumbran a ello, hasta tal punto de que les cuesta muchísimo salir de allí. Incluso hasta el punto que a menudo te dicen que no están seguras de si quieren abandonar al otro en realidad. Evidentemente quieren salir, pero su nula autoestima las confunde y las bloquea».

Estas son, a su juicio, las características de una relación con maltrato psicológico:

—Te anulan la autoestima: te dicen o te hacen sentir que no sirves para nada, que eres un o una inútil, te ningunean, te desprecian. Esto, a su vez, hará que no te sientas «capaz de irte», de acabar con aquello, puesto que piensas, ¿a dónde voy a ir?

—El maltratador/a te da órdenes que tienes que obedecer y sientes que no tienes ninguna opción de quejarte o de expresar disconformidad, porque va a ser peor.

—No te permite ser quien eres, hacer las cosas que te gustan, ir a los sitios que te hacen disfrutar.

—Te van alejando cada vez más de tu gente, te hablan mal de tu familia, de tus amigos, y de todos los que te quieren hasta que te quedas sola/o.

Te juzgan: lo que tu haces, cómo eres, cómo hablas… Te llevan a que cambies.

—El maltratador/a te culpa de lo que sucede, incluso de cosas que te son ajenas, haciéndote responsable de todo lo malo que hay en su vida. Aunque sean cuestiones del todo irracionales.

Fuente: www.abc.es

Foto: www.freedigitalphotos.net

La economía del amor

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Ben Stein escribe un ameno artículo en The American Spectator en el que habla sobre “la economía del amor”; ciencia que aplica a un caso práctico. Recuerda cómo un viejo profesor de economía le explicó que “la economía trata sobre la asignación de los bienes escasos”. Esta definición perfecta se puede aplicar sobre el más escaso y más preciado de todos los bienes: el amor.

Un pariente muy cercano de Stein, T, casado hace cuatro años con una joven y hermosa mujer, fue a su casa para ver el torneo americano de la Super Bowl. Al entrar, Stein observó que T estaba agitado y muy molesto por un contratiempo que había tenido esa mañana con su esposa. Según él, ella le había respondido muy mal cuando él le preguntó por qué estaba tomando una ducha por la mañana en vez de por la noche.

Stein intentó tranquilizar a su amigo y le dijo que se trataría de una broma, pero T no lo creía así y continuaba histérico. Sin embargo, el fútbol lo tranquilizó temporalmente. Para Stein, el mayor programa de promoción de la salud mental en el país, tal vez en el mundo, es la difusión televisiva de eventos deportivos de primer nivel.

T volvió a la carga diciendo que quería que su mujer le pidiera disculpas. Stein, con más experiencia, le ofreció varias reflexiones: “Discusiones entre maridos y esposas, especialmente jóvenes, son solo una parte del paisaje. Son inevitables. Cuando las parejas casadas son jóvenes, aún no han aprendido que el activo real en su vida no es su ego o el orgullo individual. La gran ventaja es el matrimonio mismo”.

El joven pariente insistía en que quería que ella se disculpase. Stein le hizo ver que, de vez en cuando, “ella se exaspera y estalla, pero su amor por ti es abrumador… ¿Qué harías si ella te dejara?” Sin dudarlo un momento, T dijo: “me mataría”.

“Eso es lo que pensé que ibas a decir” , respondió Stein, que continuó con su argumentación: “En ese caso, ¿por qué quedarte enfadado con ella y propiciar el más mínimo riesgo de que pudiera hacer eso? ¿Por qué no haces un esfuerzo por mantener la calma y dar tiempo para sanar la situación, a la vez que usas palabras amables? (…) El más raro de los tesoros es el amor de una buena mujer o un hombre. Es el más escaso de los bienes en este planeta. No hagas nada que pueda, incluso remotamente, exponerte a perder el amor de tu mujer”.

Stein veía que su tratamiento iba haciendo efecto y prosiguió: “¿Por qué no le envías ahora un texto que diga: sé que no soy el mejor marido. Sé que te lo he hecho pasar mal una y otra vez. Pero sé que eres la mejor esposa que existe. Estoy en estado de asombro perpetuo por tenerte como mi mujer. Pero aún así, lo que me dijiste esta mañana me dolió profundamente. No es nada comparado con todo lo que compartimos. Por lo tanto, vamos a dejarlo atrás y seguir adelante… Y, por supuesto, te quiero más cada día y solo quiero que nos mantengamos unidos, más que nada en el mundo”.

El economista del amor explicaba a su joven amigo: “El matrimonio y el amor no tratan acerca de quién tiene razón y quién está equivocado (…) El amor y el matrimonio tratan sobre quién está a tu lado. Lo clave para ti es formar una de las parejas que todavía están juntos cuando llevan 50 años en el camino (…) Invierte en la paz de la mente; no en el pillaje y el saqueo de la autoestima de tu mujer. La paz es hermosa y los dividendos que paga la paz en el matrimonio son inmensos (…) El único activo que realmente significa la vida o la muerte para vosotros es estar juntos. La inversión en la paz en tu propia vida es la mejor inversión que puede hacer (…) El valor del bien a adquirir, solo por unas pocas palabras amorosas, es simplemente incalculable”.

Stein citó a su amigo Jesse Jackson, quien tenía una gran frase que utilizaba cuando se encontraba en una pelea con alguien: “Pasemos del terreno de batalla a un terreno común, a tierras más altas”. “El terreno común, cuando estás tranquilo, es saber que el amor de tu esposa es tu activo más valioso, el que más felicidad te produce”.

Fuente: The American Spectator
Foto: www.freedigitalphotos.net

Celos en la pareja: ¿Hasta dónde hay que aguantar?

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Celos. A nadie le gusta hablar de ellos, bien por la vergüenza de reconocer que uno mismo los siente, o por la presión que se padece cuando se vive bajo el mismo techo que un celoso.

Los expertos en relaciones de pareja advierten que los celos son un sentimiento humano, natural, como la tristeza, la preocupación… Siempre se han relacionado con el amor por tradición y han sido ensalzados por la labor de los poetas a lo largo de los siglos.

Los padecemos todos los seres humanos y, según la psicoanalista Susana Lorente, «no es perjudicial que las parejas tengan una «escena» de celos cada tres meses, pero suave, en el sentido en que uno de los dos sienta, de este modo, que le importa al otro». Para esta psicoanalista, unos celos normales, sanos, son aquellos que surgen, por ejemplo, cuando una chica se arregla mucho y su marido le dice «que guapa te has puesto, ¿dónde vas?», pero sin ningún tipo de malicia, ni más preguntas, ni consecuencias posteriores.

Es natural que se puedan producir algo de celos ante algún acontecimieto puntual como una fiesta a la que uno de los dos va solo, un viaje…, pero sin que dé lugar a discusiones, solo a comentarios con los que se da a entender que el amor o la atracción hacia el otro están vivos. «Pero si hay que someterse a un interrogatorio, si los comentarios están contaminados de malas intenciones, se sobre pasan ciertos límites… o se repiten estas «escenas» con frecuencia, lo mejor es acudir a un psicoanalista, no solo la persona celosa, sino la pareja porque no hay maltratador sin víctima. La persona que aguanta que su pareja sea celosa sufre muchísimo y se siente atrapada», explica Teresa Rosillo, psicóloga española.

A veces el celoso lo es por encubrir su deseo de ser infiel

Cuando se sobrepasan ciertos límites y afectan de manera negativa a la rutina diaria de una persona, el panorama es bien distinto. «Existen celos proyectados cuando la pareja pregunta constantemente ¿dónde vas?, ¿con quién?, ¿con quién hablas? ¿quién te manda mensajes al móvil?, ¿por qué me eres infiel?…, cuando en realidad no es infiel», apunta Susana Lorente.

Los celosos son personas inseguras y normalmente encubren un deseo, el de ser infiel, y por eso creen que sus parejas lo son. «Por mucho que se les explique que uno no es infiel, no entran en razón. Es una idea que se les ha metido en la cabeza y, aunque resulte absurda, no es fácil demostrarles lo contrario», explica Susana Lorente.

No son pocos los casos en los que, generalmente las mujeres, se ven acosadas por innumerables preguntas «absurdas» que deben responder a sus parejas, dar explicaciones de lo que hacen, con quién hablan, sometidas a ser perseguidas para tranquilidad de su pareja e, incluso, que han tenido que cambiar de trabajo ante la presión recibida por una falsa idea de que tenían un amante en la oficina.

Responder a demandas irracionales

Según Mila Cahue, psicóloga del área de Pareja del Centro de Psicología Álava Reyes en España, los celos patológicos (distintos de los celos sanos, que incluso le dan un puntito de interés a la relación) son devastadores para la pareja. «Cualquier pareja que se forme se cimenta en el sentimiento de confianza recíproca. Los celos, que no tienen nada que ver con el amor (a pesar de la literatura que suele ponerlo como el «summum» del afecto) significan precisamente lo contrario. Es una desconfianza en la otra persona: con quién va, qué hace, incluso qué piensa. Estos pensamientos y sentimientos se traducen en conductas que «exigen» del otro las demandas, la mayoría de las veces, irracionales que se le están pidiendo».

Los celos no tienen nada que ver con el amor, significan lo contrario

Explica que cuando los celos patológicos aparecen en la relación para quedarse, lo más probable es que el miembro de la pareja que se intenta dominar desaparezca. «La falta de confianza mina la autoestima, es fuente de frustración continua y, literalmente, se convierte en un «sinvivir». Las explicaciones que no se daban a los padres las exigen las parejas y, lejos de producirse una relación entre iguales, quien sufre de celos patológicos intenta controlar cada uno y todos los aspectos de la vida de su pareja, convirtiéndola en una auténtica celda de tortura. Algo más parecido al horror que al amor».

Los celos pueden llegar a ser paranoicos, delirantes, lo que se considera una patología mental grave. Se da en quellos casos en que las preguntas se producen en una cascada incesantes y finalmente se acompañan de palizas, maltrato e, incluso, asesinato. Se da, sobre todo, en los casos en los que el sujeto considera que otra persona es de su propiedad y es más común que los padezcan los hombres que las mujeres. «Este tipo de comportamiento tiene una explicación desde el punto de vista del psicoanálisis y es que detrás de estos celos hay escondido un deseo homosexual. Se trata de un proceso inconsciente, que el sujeto no admite, pero está ahí», señala Lorente.

Dónde está el límite

Una persona debe aguantar los celos «hasta el momento en que deja de hacer algo habitual en su vida por evitar que su pareja se enfade —explica Teresa Rosillo, psicóloga española—. Al principio puede hasta resultar gracioso, incluso una prueba de amor, el dejar de ir a un sitio, no hablar con alguien o dejar de ponerse una determinada prenda de vestir… pero es solo el comienzo. La situación puede ir a más y que el celosos termine poniendo más límites y opinando sobre cualquier cosa: cómo se viste, se pinta, habla, gesticula, etc.

Cuando los celos sobrepasan el límite, se interponen de manera muy negativa en la pareja. Según Teresa Rosillo afectan en todos los sentidos porque la víctima de una pareja celosa sentirá que está haciendo algo mal, y si quiere seguir teniendo libertad acabará mintiendo, y si no se sentirá controlada y con poca libertad. «En la pareja aparecerán disputas por cualquier motivo y un empobrecimiento de las relaciones sociales puesto que cualquier gesto, movimiento, mirada o conversación puede ser motivo de enfado para el celoso. Los celosos acaban controlando a la pareja y apartándola de familiares y amigos», apunta Rosillo.

Para Mila Cahue, siempre resulta difícil determinar dónde se pone el «nivel» que asegurar: «a partir de aquí, se trata de abuso psicológico». En su opinión, depende mucho de la capacidad de aguante de cada persona, de lo que se busca en la relación, de la capacidad para salirse de una relación tóxica o incluso para vivir solos.

«En general, como con cualquier otra situación en la que intervienen personas, el límite ha de ponerse cuando se percibe un daño moral, psicológico y, a veces, físico —puntualiza—. Nada en una relación afectiva justifica el daño que se causa al otro, pues esto es lo antagónico al amor. Cuando comienzan las culpabilidades, los reproches, el control de la vida, la confiscación de teléfonos, llamadas o correo; los insultos y las acusaciones basadas en la imaginación de quien las pronuncia, en vez de en evidencias reales, es el momento de hablar claramente con la pareja y, en la mayoría de los casos, dar por terminada la relación. Los celos patológicos tienen una curación larga y difícil, pues hay que cambiar toda una forma de percibir la realidad y de sentir sobre uno mismo y los demás, que no todos están dispuestos a afrontar».

Fuente: www.abc.es

Foto: www.freedigitalphotos.net

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