¿Conductas negativas? No, gracias- II Parte

ID-10035793

(Continuación)

4. Ignorar enseña autocontrol
A algunos padres no les gusta ignorar a sus hijos porque sienten que es una falta de respeto que puede dañar su autoestima, así como la relación con los hijos. Otros padres piensan que no es suficiente castigo y que determinadas conductas precisan disciplina. Lo estudios indican que el ignorar es una manera de disciplina efectiva porque mantiene una relación positiva entre el padre y el niño, basada en respeto en lugar de en el miedo. Al ignorar le demostramos al niño que podemos mantener un autocontrol incluso cuando existe conflicto. Al no enfadarte por estas conductas el niño apreciará que no existe ninguna recompensa ni tiene ningún efecto, por lo que no merece la pena continuar con este tipo de conductas.

5. Limita el número de conductas que vas a ignorar
Así como algunos padres ignoran con poca frecuencia, otros ignoran “demasiado”. Estos padres ignoran efectivamente la mala conducta inicial de los niños, pero luego continúan sin darles atención, apoyo o aprobación durante horas o incluso días enteros. Otro problema es cuando los padres intentamos hacer frente a demasiadas malas conductas a la vez. Al ignorar tanta actitudes los niños pueden sentirse abandonados y los padres demasiado presionados. Es importante concretar conductas específicas para ignorar, elige solamente una o dos conductas de forma que sea más realista el llevarlo a cabo.

6. Elige con cuidado qué conductas vas a ignorar
Piensa las conductas que vas a ignorar y dónde. No es conveniente hacerlo en lugares donde los niños pueden recibir atención de otra persona o ignorar conductas como mentir, robar o no obedecer. Por lo general deben ser conductas que molestan, lloriqueos, gritos, berrinches… Por otro lado, las conductas agresivas o peligrosas (pegar, insultar, hacer fuego o dañar las cosas de los demás) no pueden ser ignoradas. En estos casos es necesaria una consecuencia más fuerte como el “tiempo fuera” o una pérdida de un privilegio en casa. Ejemplos de conductas que se pueden ignorar efectivamente con niños en edad preescolar son: lloriqueos, pucheros, berrinches, malos gestos, malas palabras, contestaciones, pequeñas peleas con otros niños, llorar poco tiempo durante la noche, cuando no le gusta comer, protestas, morderse las uñas, chuparse el dedo o hablar como un bebé.

7. Vuelve a prestarle atención en cuanto sea posible
A veces los padres estamos tan cansados por las conductas inapropiadas de los niños que no nos fijamos en lo que hacen bien. Es importante que en cuanto el niño deje de portarse mal vuelvas a prestarle atención y a elogiarle por lo que empiece a hacer bien. Sólo combinando el quitar la atención por la mala conducta con dar la atención por las conductas apropiadas, podrá cambiar el ciclo de atención negativa con conductas negativas. En cuanto el niño deje de portarse mal, sonríe, empieza a hablarle  busca algo para elogiarle.

Por Pilar Gamazo

Tomado de la revista Hacer Familia #232

Foto: www.freedigitalphoto.net

Haz click aquí para leer la primera parte de ¿Conductas negativas? No, gracias

Por qué lloran los niños y cómo lidiar con eso

ID-10023350

Greg Pembroke es el padre de dos niños que hacen lo mismo que todos los pequeños en edad pre-escolar: lloran por muchas razones. Así que Greg decidió crear un blog con fotos de sus hijos llorando, junto a los diferentes motivos de sus lágrimas: “toqué su pie con mi pie”, “no lo dejamos chapotear en el inodoro”, “no le quedan las botas de su hermano” o “me pidió que ponga mantequilla en su arroz y puse mantequilla en su arroz”.

Aunque parecen tener mil razones para llorar, los expertos aseguran que los niños pequeños tienen en realidad 3 motivaciones de la conducta básicas que explican el llanto.

El llanto y las pataletas se desencadenan generalmente cuando el pequeño busca atención, quiere llevar a cabo una actividad u obtener un objeto tangible y quiere escapar de una orden o demanda de sus padres, de acuerdo a Michael Potegal, un neurocientífico del comportamiento de la Universidad de Minnesota.

Si tu hijo está llorando para llamar tu atención, el especialista recomienda no hacer nada, literalmente. En cambio, él aconseja planear de antemano ignorar al pequeño y ponerlo en práctica cuando empiece un berrinche. Los padres incluso pueden darle la espalda al niño, siempre y cuando hayan confirmado que el niño esté seguro.

Si un niño tiene una pataleta para llamar tu atención y tú se la das, ya sea haciéndole caso o regañándolo, pues ese chico sabe que siempre va a conseguir tu atención con sus arrebatos. Si lo ignoras, sabrá que no puede usar esa táctica contigo.

¿Cuándo no se debe ignorar?

Por otro lado, un niño puede llorar para escapar de una orden tuya. Por ejemplo, si le pediste que arregle sus juguetes o que vaya a la cama y él no desea hacerlo, pues una rabieta evita que cumpla con lo que le ordenaste. Quizá el niño no lo haga de manera consciente, pero con su llanto aplazó aquello que tenía que hacer. No es que hayan planeado de antemano armarte una escena. Por el contrario, los niños no disfrutan de estos episodios, pero les permiten conseguir cosas que desean.

En este caso, ignorarlo es lo peor que puedes hacer, porque te está desobedeciendo. En estas situaciones, lo mejor es hablar con él por adelantado, cuando esté tranquilo.

Potegal sugiere explicarle al niño de antemano (es inútil hacerlo durante el berrinche) que si él se queja acerca de hacer algo que se le ha pedido, papá o mamá llevarán a cabo una rutina con él: contará hasta tres, y si el pequeño no ha hecho lo que se le ha pedido, el papá o la mamá pondrá sus manos sobre las del niño, y gentilmente lo ayudará a llevar a cabo lo que se le solicitó.

Los niños odian esto, porque es una manera de interferir con su autonomía. A nadie le gusta que una persona más fuerte domine sus manos.

Recuerda que manejar llantos y pataletas es un trabajo a largo plazo y requiere consistencia. Si no puedes ganar, no pelees, porque así le enseñas al niño a que sus berrinches tienen buenos resultados. Si flaqueaste una vez de 10, y la pataleta de tu hijo te ganó, pues el niño sabrá que es posible lograr lo que quiere a través de los gritos y las lágrimas, entonces lo va a volver a intentar.

¡Mucha paciencia y buen humor!

Fuente: MyHealthNewsDaily

Foto: www.freedigitalphotos.net

Otros artículos que te pueden interesar:

10 signos de que tu hijo está muy engreído

Ignorar conductas inadecuadas

Rabietas, ¿por qué se producen? 

Retirar la atención: ignorar conductas inadecuadas. La técnica de la extinción.

técnica extinción
Ilustración del libro Ternura y firmeza con los hijos de Dr. Alexander Lyford-Pike

Por Sara Tarrés, del blog Mi mamá es psicóloga infantil

La atención y el elogio otorgados por padres o adultos de referencia son unos de los reforzadores más importantes que puede recibir un niño pequeño. Así que, por lógica y sentido común, cuando ignoramos o no prestamos atención a las conductas inapropiadas que realiza nuestro hijo contribuimos a disminuir o extinguir dichas conductas. Éstas tienden a desaparecer al no recibir ningún refuerzo para mantenerlas.

Frecuentemente acompañaremos la «extinción» con el time-out (tiempo fuera, silla o rincón de pensar) para que sea más efectiva, dependerá eso sí del tipo de comportamiento y del lugar dónde se produzca.

«Cuando tratamos de extinguir una conducta inadecuada, no debemos olvidar tratar simultáneamente de crear o incrementar otras conductas más adaptadas. Premiaremos cualquier pequeño esfuerzo o progreso del niño, sin exigir la perfección de la conducta positiva» ( José A. Carrobles, Javier Pérez-Pareja. Escuela de padres).

¿Cómo se aplica?
Cuando aplicamos la extinción sencillamente ignoramos aquellas conductas que consideramos negativas, disruptivas o poco adaptadas o adecuadas a la situación.
Por ejemplo, nuestro hijo cada vez que hablamos por teléfono nos interrumpe. Lo hace para llamarnos la atención. Teniendo claro que tanto si le reñimos como si le pedimos por favor que nos deje terminar la conversación, le estamos prestando atención y eso es lo que mantiene su conducta en el futuro, lo mejor es ignorarle.

Ignorar significa:

  • No mirar.
  • No escuchar.
  • No hablar ni razonar.
  • No hacer ningún gesto ni expresión, ni comentarios en voz baja.

¿Cuándo podemos utilizar la exitinción?

Podemos ignorar cualquier tipo de conducta siempre y cuando ésta no suponga ningún peligro para el niño o para los demás. En caso que el niño realice algún comportamiento que pusiera en riesgo su integridad física o la de sus hermanos o compañero, por ejemplo pegar, en ningún caso podríamos aplicar esta técnica.

Y después …
Tras ignorar el comportamiento inadecuado buscaremos inmediatamente cualquier comportamiento positivo que elogiar. Por ejemplo, si nuestro hijo está en plena rabieta y hemos decidido ignorar sus gritos y pataletas, en el momento que se encuentre algo más calmado le elogiaremos por haber encontrado el modo de tranquilizarse. De este modo le estamos enseñando que con los gritos y las pataletas no obtendrá nada y que mostrarse tranquilo y calmado es mejor conducta.

Más sobre:

La guerra de los caprichos

Foto: La Mamá Oca

Uno de los «males» que generan una educación permisiva son los famosos caprichos. «Los caprichos son deseos vehementes, irreflexivos y fugaces que experimentan de súbito los niños. Es una fase relativamente normal en su proceso de maduración y suele darse con especial fuerza a partir, sobre todo, de los tres años», nos dice Pablo Garrido Gil, en su libro Educar en libertad y responsabilidad.

Los caprichos son pequeñas pruebas que nos ponen los hijos para ver hasta dónde podemos llegar. ¿Cómo darnos cuenta de que lo que nos pide nuestro hijo es un capricho? «Lo bueno de los caprichos es que, tan pronto como vienen, se van, de manera que, si les decimos que no, probablemente, a los cinco minutos se les haya olvidado», dice el autor. Otra forma es comprobar que si le damos lo que pide, al poco tiempo ya se ha cansado de ella.

¿Cómo debemos reaccionar los padres ante un capricho? Primero, no debemos ceder, pues el niño se sentirá cada vez con más poder. Tampoco debemos sentir pena y pensar que nuestro hijo va a sufrir si no le damos lo que quieren. «Los caprichos hay que negárselos, pues siempre recaen sobre cosas innecesarias y prescindibles. Al contrario, si aprendemos a decirles que no, aprenderán que las cosas no se consiguen con llantos e insistencias. De lo contrario, su nivel de tolerancia ante la frustración descenderá al mínimo y eso no es bueno para su vida futura», afirma Garrido Gil.

Recuerden que el tener límites desde pequeño ayuda a reforzar la voluntad y en el futuro tendrán más herramientas para elegir con criterio lo que de verdad vale la pena. Sin embargo, de vez en cuando es bueno dar algún regalo. «Tampoco debemos negárselo absolutamente todo por sistema. Da muy buen resultado darles alguna vez alguna sorpresa, tal vez con aquello de lo que se encapricharon un día y ya ni se acordaban de ello, pero hacerlo porque les queremos y para disfrutar juntos de ello. Entonces sí lo apreciarán y se sentirán más contentos», nos dice el especialista.

Finalmente, si nuestro hijo se bloquea en pleno capricho, no es bueno razonar con él  en ese momento. Es mejor si cambiamos de tema y, cuando se le haya pasado, entonces conversar  y tratar de razonar. Recuerden que no hay reglas fijas pues cada niño es diferente.