La educación religiosa


ni_os_rezando1_11_

Como ya lo he dicho antes, no soy una experta en temas de educación. Simplemente soy una mamá a la que le gusta leer, investigar y compartir sus “hallazgos” a partir de sus propias experiencias. Y empiezo con esta idea porque el tema que quiero tratar en este post se basa en eso: en un compartir con ustedes lo que pienso sobre si debemos escoger un colegio religioso para nuestros hijos o uno laico. No es un estudio minucioso sobre los pros y los contras de las currículas, ni un estudio de mercado sobre las ofertas escolares existentes. Es simplemente un grupo de ideas que sustentan de alguna manera lo que instintivamente nos hizo decidir por una educación escolar religiosa para nuestros hijos, luego de evaluar varias alternativas. Claro está que una educación laica también puede ser excelente. Pero aquí voy a escribir un poco sobre los pros de una educación religiosa sin desmerecer la otra bajo ningún aspecto.

Algunas ideas sobre nuestra decisión

1. Apoyo a la educación del hogar.  La educación religiosa empieza por casa. Y la familia es el mejor medio para transmitir la fe. Y no estamos hablando sólo de trasladar conceptos sino también al ejemplo que debemos dar los padres. Como dice muy bien el YouCat: “En la familia también crece la fe; la familia, como dice la Iglesia, es una Iglesia en pequeño, una “iglesia doméstica”, cuya irradiación debe invitar a otros a la comunión de la fe, la esperanza y la caridad” (368). Sin embargo, el colegio es de gran ayuda para fortalecer el trabajo que se debe hacer en el hogar, sobre todo en esta época en que los padres tenemos poco tiempo para estar con los hijos y tercerizamos mucho de su educación a la escuela.  En nuestro caso, hemos escogido un colegio católico, ya que esa es la religión que practicamos en la familia.

2. Esperanza y optimismo. Este punto lo voy a escribir basándome en mi experiencia personal (excluyendo al señor Oca solo aquí). Cuando era chica, el creer en Dios de una manera muy intensa y recurrir a él cuando me sentía triste o preocupada, fue algo muy importante en mi vida. De alguna manera no me sentí tan sola en momentos que quizás, sin creer en Dios y en la Virgen María, hubiesen sido muy duros para una niña pequeña o una adolescente. Es un tema vinculado a la seguridad y al optimismo que te da el creer en alguien más grande que tú. Bien lo dice la doctora Meg Meeker, pediatra y autora de muchos buenos libros que ya he mencionado en otros posts. En su obra “100% chicos: 7 claves para que crezcan sanos y felices”, en el capítulo titulado “Enséñele a conocer a Dios”, ella sustenta muy bien la importancia de educar a nuestros hijos en la fe. Y uno de sus argumentos es que el creer en Dios les da esperanza a los chicos: “La esperanza es un elemento muy importante que falta en la vida de cientos de miles de jóvenes. Se trata de una creencia progresista, porque cuando un muchacho tiene esperanza puede soportar una circunstancia muy dolorosa al asirse a esa creencia de que vendrá un tiempo más favorable. De ese modo su sufrimiento se aminora. Podrá soportar mejor el divorcio de sus padres u otras situaciones adversas. Sin la ayuda de la esperanza, aquellos chicos que han sufrido reveses o que han tenido que pasar por experiencias traumáticas se sienten convencidos de que una parte de sí mismos se ha perdido para siempre”.

Esta sensación de tranquilidad me acompaña hasta el día de hoy. Si bien he pasado por momentos de más o menos fe, el hecho de creer en Dios me ha ayudado a superar muchos aspectos duros en mi vida y a disfrutar a plenitud otros tantos. Y quiero que mis hijos tengan en su vida este tipo de “soporte” para los buenos y malos ratos que les toque vivir.

3. Una sociedad cada vez más difícil. Otro aspecto que nos ayudó a decidirnos por un colegio religioso va de la mano con la falta de ayuda que existe en la sociedad actual para enrumbar a nuestros hijos por el camino del “bien”. Falsas verdades, el relativismo de lo bueno y de lo malo, la sobredimensión de los derechos propios olvidándose de los deberes hacia los demás, entre otros, son temas que nos preocupan mucho y que queremos que nuestros hijos tengan muy claro en su vida. Y si van a pasar gran parte del día en una institución educativa, preferimos que sea en una que nos asegure que estos  asuntos van a ser tratados bajo nuestra misma visión.

La doctora Meg Meeker, en el mismo libro mencionado líneas arriba nos dice: “Y digo esto no como teóloga, sino como pediatra; y en base a lo que veo continuamente en mi consulta. Aquellos chicos que se sienten más unidos a la práctica de una religión tradicional están más capacitados para enfrentarse a la presiones y rigores de la vida moderna, a poseer un mayor sentido de la integridad personal, que aquellos otros que han sido educados en ambientes agnósticos. Las estructuras son muy importantes para los chicos, como para muchas personas, y la religión tradicional proporciona esas estructuras y esas reglas. Al mismo tiempo también proporciona autoridades –ya se trate de sacerdotes, pastores o rabinos—a los que un muchacho puede acudir cuando necesita que le aclaren algún concepto”.

4. La búsqueda de la transcendencia. Este es otro punto a favor de la educación religiosa. Lo dice de una manera sencilla Aníbal Cuevas, orientador familiar español, en su artículo “El hombre es religioso por naturaleza”: “Podemos afirmar que el fenómeno religioso es universal (…). Todos encerramos un anhelo que nos sobrepasa, una necesidad de creer en algo sagrado e intocable, algo que dé sentido a nuestra vida y responda a tantas preguntas. No buscar el porqué y el sentido de ese anhelo supone amputar una dimensión fundamental del ser humano: su necesidad de trascendencia. Ese anhelo está inscrito en los corazones y precisa respuestas desde que se es niño”.

5. Más allá de Dios: la cultura y la educación cívica. Existe otro argumento para educar a nuestros hijos en un colegio religioso que no tiene que ver directamente con la fe, sino con la cultura y la educación cívica. Un autor que expone claramente estos dos puntos es Mario Vargas Llosa. El Premio Nobel es conocido por sus grandes cuestionamientos a la Iglesia y se declara agnóstico. Sin embargo, en su libro “La civilización del espectáculo” dice sobre la educación religiosa (ojo, no habla específicamente de los colegios religiosos, sino de enseñar religión): “Abolir enteramente toda forma de enseñanza religiosa en los colegios públicos sería formar a las nuevas generaciones con una cultura deficiente y privarlas de un conocimiento básico para entender su historia, su tradición y disfrutar del arte, la literatura y el pensamiento de Occidente. La cultura occidental está embebida de ideas, creencias, imágenes, festividades y costumbres religiosas. Mutilar este riquísimo patrimonio de la educación de las nuevas generaciones equivaldría a entregarlas atadas de pies y manos a la civilización del espectáculo, es decir, a la frivolidad, la superficialidad, la ignorancia, la chismografía y el mal gusto”.

Sobre la cultura cívica, en otra parte de este mismo libro dice: “Aunque no soy creyente, estoy convencido de que una sociedad no puede alcanzar una elevada cultura democrática –es decir, no puede disfrutar cabalmente de la libertad y la legalidad—si no está profundamente impregnada de esa vida espiritual y moral que, para la inmensa mayoría de los seres humanos, es indisociable de la religión”.

6. ¿Quién no necesita a Dios, finalmente? Es claro que en los momentos difíciles, por más lejanos que nos sintamos de Dios, siempre se nos escapa por ahí un “Dios mío, por favor ayúdame” o “Diosito, Diosito, por favor, no permitas esto” , inclusive un “¿Por qué, Dios?”. Y no queremos dejar a nuestros hijos sin esa balsa salvadora, que tenga algo más a qué recurrir que no sean malas compañías, drogas o alcohol. Tenemos claro que una educación religiosa no garantiza un final feliz necesariamente, pero por lo menos hacemos el intento. La doctora Meeker lo dice mucho más bonito: “Todo muchacho necesita un modo de encontrar estabilidad en su vida, de hallar un asidero personal. Tras el divorcio de sus padres, la muerte de su mejor amigo en un accidente de tráfico, o el abandono de su novia, que ha preferido dejarlo por el atleta de la clase, el chico que puede volverse hacia Dios tiene una notable ventaja sobre el que carece de esa creencia. En el fondo, se siente seguro de sí mismo. Sabe que no todo está perdido porque Dios siempre estará a su lado”.

Eso es. Espero les ayude.

La Mamá Oca