Pon límites con amor o el mundo los pondrá con dolor

familia permisiva
Una educación con límites le da seguridad y tranquilidad a los niños. Foto: www.freedigitalphotos.net

Hola amigos:

Hace unos días entrevisté a Daniela Delgado, Directora del Nido Tía Carmela (Lima, Perú) y Psicóloga Clínica. La idea era que esta conversación fuera un episodio más de mi podcast. Desafortunadamente, un problema técnico hizo que la grabación saliera con un sonido de fondo que molesta mucho. Sin embargo transcribí toda la entrevista porque realmente aporta muchísimo para nuestra tarea educativa. Aquí la entrevista completa. Les recomiendo la lean completa.

La Mamá Oca

¿Qué significa poner límites cuando hablamos de la educación de nuestros hijos?

Significa darle a los chicos las pautas sobre cómo comportarse en diferentes contextos y frente a diferentes tareas, así como para aprender a funcionar en un entorno social.

 ¿Por qué son importantes?

Porque los ordena internamente, les explica cómo funcionan las cosas y les enseña que todo acto tiene una consecuencia.

 ¿Nos puedes dar un ejemplo específico de qué es poner límites?

Explicándole a un niño que tiene que respetar el espacio de otro niño y que no puede pegarle por un juguete. Por ejemplo, si estás en un espacio de juego común y de pronto un niño tiene un juguete y tu hijo lo quiere, ahí intervienes y le explicas que no lo debe tomar. Ayuda el anticiparse, el estar al lado del niño en un momento de posible conflicto.

Actualmente hay una tendencia educativa de que los niños deben ser libres, que hay que dejarles hacer lo que quieran sino es represión…

Hay una fantasía de que poner límites y ser una figura de autoridad es funcionar bajo un orden militar y castrante que genera niños infelices. Pero a la hora que no le pones límites a los niños le estás dando un mundo sin estructura, de caos, gobernado por alguien que no tiene capacidad de decisión ni de discernimiento entre lo que está bien o mal. Por ejemplo, a un niño no le puedes dar una Coca Cola a las 10 y media de la noche porque lo va a activar y no lo va a dejar dormir. Si lo dejas decidir, al no tener conciencia, no va a descansar y será caótico.

Tener límites da seguridad. Los niños se sienten más tranquilos y serenos…

Porque tener límites te permite saber que siempre vas a estar bien. Por ejemplo, si tiene un horario razonable para dormir, el niño tendrá la tranquilidad de haber descansado y sentirse bien al día siguiente. Las reglas, las normas y los límites bien puestos, de una manera pensante, siempre teniendo como prioridad el bienestar del niño, al final es una garantía de tranquilidad.

Me gusto eso de poner como prioridad el bienestar del niño…

Sí, es que muchas veces, cuando no ponemos límites, inconscientemente estamos priorizando nuestra tranquilidad.

Claro, es más cómodo que estén todo el día viendo televisión porque así no me molestan…

No me molestan, no tengo que lidiar con una pataleta, no tengo que escuchar un llanto. Entonces ahí estoy poniendo como prioridad mi bienestar , no la del niño. Al niño no le hace bien ver televisión todo el día, tomar Coca Cola a las 10 y media de la noche, comer sólo nuggets y papas fritas, no ir al colegio. Un mundo a su libre albedrío no es lo más sano.

¿Qué se puede esperar de un adulto que fue educado sin límites?

A largo plazo, un adulto insatisfecho. Porque un niño muy complacido, “muy satisfecho con todo”, a la larga va a crecer creyendo que el mundo tiene que complacerlo a él. Los límites que nosotros no le pongamos a nuestros hijos –con amor, con cariño pero con firmeza—el mundo se los va a poner de todas maneras pero de una manera menos “simpática”.

Van a sufrir mucho más…

De todas maneras. Y te voy a poner un ejemplo un poco radical pero ilustrativo: a un niño que toda su vida se le permitió tomar lo que quisiera del otro a su libre albedrío, de grande va a creer que robar es normal y va a terminar en la cárcel.

 ¿Cuál es la diferencia entre ser autoritario y poner límites?

Los límites deben ser puestos por una figura de autoridad que debe transmitir que sabe más y que está más preparado que yo. Muchas veces relacionamos el poner límites con ser castrense. O gritar. O ser muy duros. Yo hago mucho la analogía con una figura laboral: en el trabajo tú tienes un jefe, pero por ser tu jefe no tiene derecho a gritarte, a pegarte o a ser abusivo contigo. Pero sí es una persona más preparada que te va a poner las pautas de cómo hacer tu trabajo para luego recibir un sueldo que servirá para gratificarte.

 ¿Cómo podemos saber los padres que estamos aplicando correctamente los límites?

Una buena pauta es ver que nuestros hijos sí funcionan bajo un orden social. Es decir, de repente en casa tengo situaciones difíciles de pataletas, pero veo que en el nido el niño respeta las reglas, las rutinas, que puede desarrollar vínculos saludables con los adultos, entonces se están poniendo bien los límites. Lo que pasa es que es una tarea constante, que a veces es desgastante y frustrante para un adulto. Y eso hace que pensemos que no lo estamos haciendo bien.

Es decir, es normal que un niño tenga una pataleta de vez en cuando…

Sí, como es normal que el adolescente tenga pataletas, como que el adulto la tenga de vez en cuando. Eso no significa que no tenemos límites, sino que estamos en una situación frustrante que nos está costando entender y manejar.

¿Nos puedes dar un par de ejemplos de señales típicas de que un niño no tiene límites?

Un niño que no hace caso, que en el parque no respeta al espacio ajeno y que le quita el juguete a otro pensando que está bien. Cuando no es consciente que algo no está bien, eso significa que hay un problema grave de límites.

Porque hay niños que en el colegio o el nido se portan de maravilla, pero en la casa no tanto…

Eso es porque los niños pueden tener límites en la casa pero estos no están tan claros. O que algunas veces somos más permisivos que otras y eso hace que sea inconsistente. Pero eso no significa que no haya límites. No hay límites cuando no hay consciencia de que algo está mal.

Aplicado según la edad, porque un niño de 10 meses no sabe que quitar un juguete está mal.

Exacto. Cuando se ponen límites hay que poner en contexto la edad y la mentalidad del niño. También es importante considerar el lenguaje que usamos y nuestra actitud. A un niño de 3 años no le puedes dar una súper explicación porque se pierde en ella. No es lo mismo poner límites a un niño de 5 años que a un adolescente.

¿Y cuándo son muy chiquitos?

Hay edades en las que no hay noción de límites, como cuando tienen un año. Pero los límites van apareciendo con nuestro ejemplo. A un niño de esa edad yo no le voy a poner límites pero él puede ir viéndolos con un hermano mayor, por ejemplo.

O con la rutina…

Claro. La rutina y el orden en la vida de un niño son límites.

Los límites y el amor, ¿cómo se combinan?

Tienen que combinarse. Son como un matrimonio sólido. Si yo no pongo límites de una manera amorosa que consideren al niño, yo estoy siendo no una figura de autoridad que quiere educar, sino una figura de autoridad a mi disposición que no pone el bienestar del niño en primer plano.

¿Cómo podemos aprender a los padres a poner límites?

Hoy en día somos una generación de padres que peca de querer documentarse mucho para no cometer un error. Y tenemos que tener en mente que nuestros padres nos han criado con límites que nos han hecho funcionar medianamente bien. Nuestros papás no se hacían tantos enredos cuando nos decían que era hora de bañarse o de comer. Hoy en día a los niños se le pregunta mucho por miedo a traumarlos…

Y la culpa

La culpa de que no quiero que lloren porque se asocia el llanto a sufrimiento y no a un aprendizaje.

O la típica idea de que si trabajo todo el día no voy a llegar a la casa a poner límites si sólo los veo un par de horas diarias…

Pero es importante que el vínculo con mi hijo incluya todo lo que yo le tengo que dar como padre, y eso también incluye los límites, así como los juegos y el conversar. No todo se debe delegar. El profesor de karate no puede ser el único que enseñe disciplina. Los padres tenemos que hacerlo desde la rutina, desde decirles qué hay que comer y no preguntar qué te provoca comer, por ejemplo.

El sentido común juega un papel muy importante en los límites…

Tanto así que no vas a poner a un niño de 10 años a dirigir una juguetería. Igual, un niño de 3 años no tiene la capacidad de decidir a qué hora se acuesta o qué va a comer por ahorrarnos la pataleta o la parte difícil de criar.

Que vendrá tarde o temprano. No poner límites es posponer lo duro…

Lo que estás haciendo es que un niño más grande, que sienta que lo normal es vivir sin límites porque así lo ha hecho toda su vida, sea quien decida cuando no debe hacerlo. A los 15 años no tiene la capacidad para decidir hasta qué hora sale, si toma alcohol o se droga, si tiene relaciones sexuales o no. Y este no es el momento para que recién surja la autoridad. Esta debió estar desde el comienzo.

¿Hasta cuándo estamos a tiempo de poner límites si no lo hemos hecho? ¿Hay algún punto del no retorno?

Mientras más crece un árbol torcido, es más difícil enderezarlo. Se puede trabajar, sí. Pero cada vez la intervención será más complicada. Los primeros 5 años de vida son cruciales. Sin embargo, si algo no se hizo, se puede hacer. Pero será cada vez más complicado, o requerirá ayuda profesional. Y va a generar situaciones más difíciles que una pataleta, como problemas de conducta en el colegio, relaciones interpersonales, con la autoridad y problemas de autoestima graves. Estos últimos son inherentes a una educación sin límites. Mientras más tarde se ponga límites, hay más áreas de su desarrollo que tendrán interferencias.

¿Qué se les puede decir a los padres que ya pasaron los cinco años sin límites?

Que observen y si hay problemas que consulten, que busquen ayuda profesional para que no sigan dilatando el problema y se requieran intervenciones más difíciles.

Entrevista realizada por @lamamaoca

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El mejor consejo para padres: Cómo hacer que tus hijos te hagan caso

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Has planeado una tarde en el zoológico y tus hijos están emocionados. Todo está listo, pero uno de ellos no quiere ponerse los zapatos. Le has pedido que lo haga 30 veces ya, y él solo se ríe y corretea por la casa. Llega un punto en el que no puedes más y le dices “si no te pones los zapatos ahora mismo, no vamos a ninguna parte”. El niño, como respuesta, se ríe y sigue corriendo. ¿Sabes que ya no pueden ir al zoológico ahora?

Ya que el niño no quiso ponerse los zapatos, deben quedarse en casa y cancelar los planes. Y justamente este es el mejor consejo para los padres: cumplir con lo que decimos. Esta es la única manera en la que los niños nos escucharán la siguiente vez.

KJ Dell’Antonia, columnista de The New York Times, cuenta que luego de tomar esta medida, y de prometer junto con su esposo que iba a cumplir todo lo que dijeran, los chicos comenzaron a escuchar. Y es que tus palabras dejan de ser vacías, porque ahora tienen significado. Si haces una promesa, cúmplela. Si amenazas con un castigo, cúmplelo.

Si prometiste sacarlo al parque el viernes por la tarde, aun así estés muy cansado, debes hacerlo. Si se porta mal en un restaurante y le dijiste que con la siguiente papa frita que tire al piso se van a la casa, pues lo hacen, aun así no hayan terminado de comer.

Somos humanos y los padres fallamos. Obviamente a veces los amenazamos con castigos demasiado grandes como para la ofensa y es imposible cumplirlos. Sin embargo, si comenzamos a respaldar nuestras palabras con acciones, los niños sabrán que hablamos en serio, y más vale escucharnos.

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