El riesgo de ser fuerte a la hora de educar- 1ra parte

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(Reflexiones de una madre de familia)

Cuánta fortaleza psíquica y física hace falta hoy en día para decir a nuestros hijos: ¡No, hasta aquí hemos llegado! Sobre todo porque siempre preguntan por qué y muchísimas veces ni nosotros mismos lo sabemos.

Se ha dicho que nunca se escoge nada con tanta falta de información como cuando te casas. También ser padres parece que es un arte que se nos va a dar a todos, gratuita e instantáneamente. Y esto, en gran medida, es verdad. Dios nos ha dotado de inteligencia, memoria y voluntad a todos y a cada uno de nosotros, y no para que la guardemos. También nos dio “sentido común” el cual es cada vez menos común y ya no sirve de base de acuerdo entre padres e hijos, ya que se cuestionan las bases mismas del razonamiento lógico. También nos infundió un gran amor a nuestros hijos y eso a veces nos impide actuar como quisiéramos por su bien.

Educamos, como supongo habrán hecho cientos de generaciones antes que nosotros, básica y en gran parte, inspirados por el modelo que nos dieron nuestros padres. Es por esto que, en una época de crisis de valores, de ausencia y desconocimiento de unas bases filosóficas comunes, de falta de ideales, de un fuerte reto a los poderes tradicionales, de masificación en las grandes ciudades, por una parte, y el consiguiente aislamiento del individuo como reacción a la masificación por otra, y todo esto confluyendo con una falta de apoyo por parte de la “gran familia” (de tíos, abuelos y sociedad en general), la confusión sea muy grande, no solo en los hijos, sino también en nosotros.

Tenemos que recuperar las riendas de la autoridad y replantearnos el porqué de muchas cosas que hacían con nosotros, para hacer nuestros y fuertes esos planteamientos. (…)

Es esta una lucha larga y que tiene mucho que ver con el reencontrarnos a nosotros, el “conócete a ti mismo”. Y para esto, ¿qué virtud nos hace falta esencialmente?: el amor a la verdad, porque a veces, muchísimas, las verdades sobre uno mismo, tendemos inconscientemente a acallarlas, o a dar razones razonables y aparentemente lógicas, pero no verdaderas. (…) Qué gran valentía y constancia hace falta para ir quitándonos las vendas que cubren nuestros ojos.

Pero además, Santo Tomás añade que: Es el ejercicio de la virtud el que nos hace virtuosos. Es decir, sólo al practicar actos valerosos se podrá decir que somos valientes (…).  Y es el uso constante de cada virtud lo que nos va convirtiendo en virtuosos.

Solo haciendo nuestra, o rechazándola, la herencia acertada o no de nuestros padres, haremos nuestro lo que no era: la seguridad de estar haciendo lo mejor para nuestros hijos. (…) Y esto es lo que nos dará esa fuerza, que podríamos llamar valentía, que nos hará menos ardua y difícil la tarea de enderezar a nuestros hijos, de exigirles más esfuerzo, de castigar (aunque con ello nos estemos castigando a nosotros más aún,  y nos duela tanto que estemos por no hacer nuestro deber de exigir).

Pero aún así: NO DEBEMOS RENUNCIAR NI A LA VERDAD NI AL BIEN, aunque nos duela la incomprensión en el fondo del alma, aunque no encontremos apoyo espiritual en nuestro entorno.

Fuente: “Familias Contracorriente”- David Isaacs y María Luisa Abril. Ediciones Hacer familia

Foto: www.freedigitalphotos.net.

10 signos de que tu hijo está muy engreído

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No nos cuesta mucho reconocer a un niño engreído en el salón del Kinder de nuestro hijo, en el parque o en la fiestita infantil. Lo que se nos hace muy difícil es reconocer que nuestro propio pequeño podría ser también demasiado mimado y no lo estamos educando con firmeza. El blog norteamericano para madres LilSugar.com realizó esta lista de indicios para saber si tienes un niño engreído en casa. Esto se aplica para niños de 4 años a más.

1. Hace berrinches… seguido: Esta es la señal más clara. Hace berrinches constantemente, en casa y en público. Es normal que un niño se sienta frustrado, pero no con tanta frecuencia.

2. Nunca está satisfecho: Los niños mimados a menudo no se sienten satisfacción con lo que tienen. Si ven a otra persona con algo en las manos, siempre van a querer eso en vez de lo que ya tienen.

3. No te ayuda: Tu hijo todavía está muy pequeño para realizar labores de la casa, pero incluso esas pequeñas tareas que podría hacer fácilmente, no las realiza. No está dispuesto a ayudar con la limpieza de sus juguetes ni poniéndose sus zapatos.

4. Trata de controlar a los adultos: Los niños engreídos no suelen ver diferencias entre chicos de su edad o adultos. Así que esperan ser escuchados en todo momento, e incluso interrumpen conversaciones.

5. Frecuentemente te hace pasar vergüenza en público: Un desliz aquí y allá es completamente normal, pero cuando el niño avergüenza a sus padres en público con el propósito de llamar la atención, la situación va más allá que un hecho aislado.

6. No comparte: Compartir es un concepto difícil de dominar para los pequeños, pero una vez que el niño alcanza la edad de 4 años, ya debería estar más dispuesto a compartir juguetes o comida con sus amigos y hermanos.

7. Tienes que rogarle: Los padres somos figura de autoridad y debemos ser obedecidos cuando hacemos un pedido a nuestros pequeños. No deberías tener que mendigar a tu hijo para que haga algo que le has pedido.

8. Te ignora: A ningún niño le gusta oír la palabra «no», pero no puede ignorarte cuando hables con él.

9. El niño no puede jugar solo: A los 4 años, un niño debe estar dispuesto y debe poder jugar por su cuenta durante un lapso de tiempo. La necesidad de un padre o un compañero de juegos demuestra demasiada necesidad de atención.

10. Tienes que sobornarlo: Los padres no tendrían por qué sobornar a sus pequeños con dinero, juguetes, golosinas, o similares, con el fin de conseguir que hagan las tareas de todos los días.

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Gritos y golpes: ¿por qué evitarlos?

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Artículo escrito por Sara Tarrés del blog Mi mamá es psicóloga infantil

Por muy denostados que estén los castigos corporales, sabemos que aún existen familias dónde se siguen dando con frecuencia. Cachetes, azotes, gritos, tirones de orejas… Todavía hoy es aún común escuchar«pues una bofetada a tiempo les va muy bien».

¿Quién no ha escuchado esta frase de la boca de alguien cercano?. Yo misma, hablando sobre mis hijos, un día cualquiera, una conocida me soltó esta frase como si nada, como si fuese algo de lo más normal. Le estaba contando algo referente al post de «mi hijo me llama tonta», cuando me dijo: «¡pués yo del bofetón que le doy no me vuelve a llamar eso en la vida!«.

Y es que todavía hoy se acepta con mucha tolerancia el castigo físico o el azote. Los castigos físicos, los humillantes, los gritos y/o el menosprecio verbal son gravemente perjudiciales para nuestros hijos.
Siempre que gritamos o pegamos – levemente, moderadamente, ocasionalmente, raramente, siempre – estamos dedicando un tipo de atención errónea al niño y es un tipo de castigo que no funciona.
Los gritos y las bofetadas no son un buen método nunca enseñan el comportamiento adecuado, sinó justo lo contrario.
Los gritos y bofetadas no educan porqué:
  1. confunden
  2. no enseñan la conducta adecuada
  3. dan a entender que la violencia (física o verbal) es el modo de resolver los conflictos
  4. causan sentimientos de rabia y humillación
  5. bloquean al niño
  6. no ofrecen alternativas
Los gritos y las bofetadas enseñan a :
  1. gritar
  2. pegar
  3. a no dejarse pillar infraganti
  4. a mentir
  5. a tener miedo
  6. a avergonzarse
  7. a pagar el enfado con los demás
Las consecuencias psicológicas de los gritos y bofetadas:
  1. causan daños emocionales en los niños
  2. pérdida de autoestima, ya que se creen que son malos por haber hecho algo mal
  3. Al vivir en un ambiente con crispación y recriminaciones constantes el niño aprenderá a pelearse por todo
  4. Avergonzar al niño continuamente, estamos empujando al niño a aprender a ser tímido
  5. Las críticas generan inseguridad y miedo
  6. El estrés que se respira en este tipo de situaciones provocan que el niño esté irritable
  7. Las persistentes recriminaciones suscitan culpabilidad
Los gritos y los cachetes son la primera experiencia que tienen los niños con la violencia, y los niños aprenden a comportarse violentamente a través del ejemplo de sus padres o adultos cercanos. Difícilmente podremos decirle a un niño «no pegues» o «no grites» cuando se les está pegando o gritando.
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