La incomunicación familiar

Ilustración: La Mamá Oca

Niveles de comunicación familiar

Me encanta esta guía para analizar en qué nivel de comunicación se encuentra una familia. La recomiendo para ir corrigiendo problemas y trabajar por llegar al nivel profundo. Y esto es tan importante, que se sabe que cuando una familia alcanza este nivel, tiende a ayudar a otras familias a alcanzarlo.

Niveles de comunicación familiar

Nivel superficial:

La comunicación a nivel superficial se da en la típica «casa hotel»:

  • La familia vive en la misma casa.
  • Normalmente sus miembros no coinciden en las comidas.
  • Padres e hijos  a veces ven juntos televisión pero no conversan sobre lo que hay en la pantalla.
  • El padre trabaja para ganar dinero y dedica poco tiempo a la familia.
  • La madre tiene su trabajo profesional  y siempre está estresada y haciendo todo a mil en la casa.
  • Los hijos tienden a hacer lo que les parece.
  • Cuando hay diálogo familiar, este gira en torno a generalidades.
  • Hay poco tiempo disponible para los demás.

Nivel intermedio:

Este nivel de comunicación lo componen los hogares aparentemente unidos pero sin una conexión real:

  • Se da un tipo de comunicación más personal.
  • No se entrega la intimidad. Se dan conceptos, opiniones.
  • Cada uno reserva “su territorio”.
  • De vez en cuando los miembros de la familia entablan conversaciones familiares, se da opiniones personales y se manifiesta un cierto interés por los demás.

Nivel profundo:

  • Son hogares plenos en los que se hace vida de familia.
  • Generalmente, comparten todos juntos una de las comidas del día.
  • Se da en hogares felices en los que existe unión.
  • Suelen tener una conversación familiar en la que se cuentan lo que han hecho en el día.
  • Se escuchan entre sí y se ayudan mutuamente con sus opiniones y su colaboración.
  • Se producen confidencias entre hermanos.

¿Cómo alcanzar el nivel profundo?

  • DELICADEZA .
  • CONFIANZA.
  • INTIMIDAD. Si la favorecemos, habrá: SOLIDARIDAD Y LEALTAD.
  • MOTIVANDO la participación de toda la familia pero sin imposiciones.
  • TOMANDO DECISIONES en común, en la medida en que todos los componentes de la familia se sientan afectados por el mismo hecho.

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Comunicación Positiva

Esta es una lista que debemos revisar y analizar para saber si realmente estamos fomentando la comunicación positiva en nuestra familia o matrimonio.

Fomentan la comunicación:

  • Compartir gustos, aficiones y pasatiempos.
  • Compartir experiencias.
  • Valorar lo que nos cuenten.
  • Hablar con serenidad.
  • Escuchar con atención.
  • Restar importancia a las diferencias en asuntos opinables.
  • Estar disponible al diálogo.
  • Permitir la libertad de expresión de los demás.
  • Poner buena cara ante lo adverso.
  • Hacer borrón y cuenta nueva ante un posible disgusto.
  • Saber ser oportuno.
  • Hacer las correcciones de los hijos a solas.
  • Infundir y manifestar confianza en los demás.
  • Guardar el respeto a cada uno de los de casa.
  • Mantener delicadeza en el trato.
  • Dar credibilidad a las palabras de los demás.
  • Ser siempre sinceros.
  • Dar gracias y pedir “por favor”.
  • Ser transigentes en los asuntos sin importancia.
  • Estrechar la colaboración familiar.
  • Respetar y querer la forma de ser de cada hijo.

Tomado del libro “La comunicación en la familia” de Gloria Elena Franco Cuartas

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Los mensajes tú/yo

@lamamaoca

En el artículo ¿Cómo hablar con nuestros hijos adolescentes?, mencionamos que debemos usar los «mensajes yo» y no los «mensajes tú». En el libro, Comunicación y Familia (EWTN-OGAPY) encontramos unos ejemplos que grafican de manera sencilla la diferencia entre ambos tipos de comunicación.

Técnica de los mensajes (YO)

Los mensajes (YO) facilitan la comprensión entre las personas. Los mensajes (TÚ) suponen echar en cara la falta cometida, culparle directamente, y producen una reacción de defensa que tiende a cortar la comunicación, y no lleva al arrepentimiento. Ejemplo con dos reacciones similares de una madre ante una hija de dieciséis años, que llega tarde a casa.

Los mensajes “YO”

MADRE: me alegro de verte (YO). He estado preocupada por el retraso (YO).

HIJA:  es que el autobús..

MADRE: pensé que podría haberte ocurrido algo (YO).

HIJA: no me paso nada.

MADRE: estaba a punto de telefonear a tu amiga (YO).

MADRE: son las once y te esperaba a las diez (YO).

HIJA: otra vez llegaré a la hora, no te preocupes, mamá. Dame un beso.

La madre ha lanzado cinco mensajes positivos (YO). La hija ha comprendido que ha cometido una falta. Su voluntad no ha sido de rechazo, sino de aceptación y de arrepentimiento real. Si la persona admite su culpa, tenderá a rectificar, y si no rectifica, se deberá probar alguno de los sistemas más tradicionales, todo menos no hacer nada.

Los mensajes “TÚ”

MADRE: has llegado una hora tarde (TÚ).

HIJA: es que tuvimos que…

MADRE: eres una desobediente, siempre haces igual (TÚ).

HIJA: lo hacen todos, nadie vuelve tan pronto.

MADRE: ¡Calla! ¡No me contestes! ¡Hay normas y debes cumplirlas! (TÚ).

HIJA: sí, pero…

MADRE: nada de peros, si lo repites, no saldrás más (TÚ).

Esta conversación  inspira más desconfianza.

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Las críticas

Las personas que tienen dominio sobre sus palabras, nunca ofenden a nadie. Tampoco ellas se dejan humillar. El modo de comunicarnos entre nosotros es decisivo.

La comunicación asertiva es la única que permite dar y recibir a cambio lo que es necesario, respetando los límites propios y las necesidades del otro. Muchos de los problemas que nos encontramos en las parejas se derivan del desconocimiento de las necesidades afectivas y emocionales del otro. Es una pregunta que hay que plantear con cierta frecuencia. ¿Hay algo que estás echando de menos? Si fuésemos capaces de estar así de atentos a las necesidades del otro, evitaríamos las constantes críticas.

En todas las parejas existen temas conflictivos crónicos: el reparto de las tareas domesticas, las decisiones que conciernen a la educación de los hijos, la gestión de las finanzas, las relaciones con la familia política, los conflictos acerca del tabaco, el alcohol, etc. Ninguna relación afectiva duradera se libra de conflictos crónicos. Es más, la ausencia de conflictos es señal de distancia emocional lo que excluye toda verdadera relación. No hay nada que afecte tanto a nuestro cerebro emocional que la distancia o la indiferencia de aquellas personas a las que estamos apegados: nuestra pareja, nuestros hijos, nuestros padres.

Es interesante la relación entre lo que somos capaces de pensar, de lo que se ocupa nuestro cerebro cognitivo, y lo que llegamos a sentir, de lo que se ocupa el cerebro emocional. En muchas ocasiones, sobre todo los varones, se inundan de emociones, se ahogan en ellos y sólo son capaces de ponerse a la defensiva. Muchas mujeres también funcionan así. No intentan buscar una solución o una respuesta que calmaría la situación. Este sistema provoca relaciones tan conflictivas que uno de los dos se retira como un animal herido.

Si el modo que tenemos de comunicarnos con nuestra pareja no nos ha dado resultado, necesariamente hay que plantearse por qué es así y cambiarlo. Un modo eficaz de comunicarse suele ser sustituir la crítica por la expresión de los sentimientos. En lugar de decir: “Sois unos desastres, desordenados”, explicar: “Yo necesito orden a mi alrededor para sentir paz. Así me siento mal”. Ante la expresión de lo que sentimos los demás pueden reaccionar con respeto, sin embargo, ante las críticas la tendencia es defenderse.

El segundo modo eficaz de comunicarse es plantear situaciones objetivas, describirlas, sin juzgar al otro.

Normalmente, decir lo que pensamos del otro no vale para nada, sin embargo, mostrar los sentimientos a pesar de descubrir nuestra vulnerabilidad es algo que el otro no puede cuestionar y si le interesa esa relación le damos pie a restablecerla.

 

Mónica de AYSA- Master en Matrimonio y Sexualidad
Artículo tomado de la revista Hacer Familia,  No. 218.

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Lo masculino en el hombre… ¿cómo entenderlo mejor?

  • Sugerirle los planes más que imponérselos. Es mejor que quieran lo que tienen por deber.
  • Enseñarles a que realicen las funciones sin esperar a que las cumplan por propia iniciativa, es decir: hacer hacer.
  • Vivir el amor con el hombre como un diálogo entre iguales en el que no debe haber sumisión pasiva ni dependencia absoluta: así se enriquecerá el amor del marido.
  • Ser creativa para agradarle y tomar nota de experiencias pasadas. Conociéndole se ganan muchos pasos.
  • Hablarle para que conozca los sueños, proyectos, planes y ver cómo puede él ayudar.
  • Saber prescindir de él sin “acapararle” de continuo pero comprometiéndole a darse cuando es necesario.
  • Permitirle el “lucimiento propio” teniendo paciencia con lo que, siendo del hogar, no realice bien. Enseñarle a aprender.

Tomado libro “La comunicación en la familia” de Gloria Elena Franco Cuartas.

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Lo femenino en la mujer… ¿cómo entenderlas mejor?

  • Valorar sus palabras más por lo que quieren decir que por lo que en sí mismas expresa
  • Buscar ocasiones para escucharla, para conocer sus intereses y ocupaciones y que ella tenga oportunidad de conocer los intereses y ocupaciones del marido.
  • Valorar tanto su trabajo fuera de casa, si lo tiene, como el que realiza en el hogar. Este último es una labor complicada que necesita inteligencia, iniciativa, organización y, en definitiva, mucho amor.
  • Respetar el deseo de la mujer por ejercer su profesión fuera de casa. Ayudarle y colaborar de forma equitativa con todo lo que supone el trabajo de hogar y la educación de los hijos. Estos no son reductos exclusivamente femeninos.
  • Demostrarle el amor: las palabras solas no bastan aunque también son importantes. Una mujer cuando se sabe querida y valorada está más dispuesta y alegre.
  • Tener en cuenta sus puntos de vista y respetarlos.
  • Saber prescindir en su momento de ocupaciones profesionales o sociales que se puedan evitar con el fin de atender a la esposa o a los hijos.
  • Contar con la mujer cuando el tiempo previsto para ella o los hijos ha de ocuparse en otras actividades.
  • Aportar a la mujer todas las características masculinas que le ayuden y complementen en su desarrollo femenino tales como la concreción, la seguridad y la confianza.

Tomado del libro “La comunicación en la familia” de Gloria Elena Franco Cuartas.

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