¿Cómo entendernos mejor hombres y mujeres?

 

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Cuando se inicia una relación de enamorados todo es color de rosa. De alguna manera mágica, los gustos coinciden, las conversaciones fluyen sin detenerse, el lenguaje es gentil y las críticas son prácticamente inexistentes. Y es normal. Es parte de encantarse, de gustarse, de enamorarse. Pero para decepción de los románticos, la magia no es eterna. Ni es una burbuja que flota en el aire, alejada de las aristas y vicisitudes del resto de la humanidad. En una línea paralela a este nuevo y poderoso sentimiento, corre la vida cotidiana. Si bien empezar a querer a una persona que se ha vuelto especial significa un cambio profundo en el corazón de cada amante, el mundo sigue allá afuera sin mayor transformación, aunque se desee profundamente que éste se detenga para que sólo exista “lo nuestro”. Y en este correr del tiempo, el amor va cambiando, para bien o para mal. Algunas relaciones avanzan a paso firme hasta las siguientes estaciones del amor. Hasta que la muerte los separe, inclusive. Otras, desaparecen en el camino. Sea cual fuere el desenlace de la relación o las características concretas que puedan hacer de ella un camino de flores o un paisaje pedregoso, hay algo que es esencial a todas las relaciones: tanto el varón como la mujer se comunican entre sí. Es una condición imprescindible e ineludible. Porque no hay manera de enamorarse, ni de avanzar, ni de sostener una relación si no hay intercambio de palabras y emociones. Y es tan importante que gran parte de las causas de una ruptura se atribuye, normalmente, a una irreparable deficiencia en la capacidad de comunicarse entre los amantes.

¿Por qué es tan complicado entenderse? ¿Por qué a veces se piensa que varón y mujer hablan dos idiomas totalmente distintos? ¿Hay factores genéticos, hormonales o biológicos que los hacen diferentes? ¿Por qué piensan o actúan tan distinto? En este artículo daremos algunas ideas para entender las diferencias entre el varón y la mujer centradas en la manera de procesar los estímulos, el oír, el ver, el “sentir” y juzgar lo que los otros están sintiendo. De más está decir que dichas diferencias influyen decisivamente en el desarrollo positivo o negativo de una relación amorosa y aprender a conocerlas y asimilarlas es parte del éxito de la pareja.

Distintos hasta en la última célula

“Más del 99% del código genético de los hombres y de las mujeres es exactamente el mismo. Entre treinta mil genes que hay en el genoma humano, la variación de menos del 1% entre los sexos resulta pequeña. Pero esa diferencia de porcentaje influye en cualquier pequeña célula de nuestro cuerpo, desde los nervios que registran placer y sufrimiento, hasta las neuronas que transmiten percepción, pensamientos, sentimientos y emociones”[1]. Esta es una realidad comprobada por distintos estudios neurocientíficos: cada célula de un varón es absolutamente masculina y cada célula de una mujer es absolutamente femenina.

Esta diferencia también se refleja en los cerebros. Si bien son idénticos en más de un 99%, las áreas y circuitos neuronales del cerebro envueltos en la resolución de problemas y conflictos, en el procesamiento del lenguaje y en la manera de enfrentarse al estrés son distintos. “En particular, el cerebro femenino: a) tiene un 11% más de neuronas que el masculino en las áreas del lenguaje y la audición, b) presenta zonas relacionadas con las emociones y la memoria, situadas en el hipocampos, más grandes que en los hombres y c) tiene menos circuitos neuronales en la amígdala, zona del cerebro donde se activan las respuestas ante el peligro o se generan los comportamientos agresivos”[2]. “Los hombres: a) utilizan las zonas más analíticas del cerebro para la toma de decisiones, mientras que las mujeres se basan más en la parte emocional y b) la zona del cerebro en la cual se genera la ansiedad es cuatro veces menor en los hombres”[3].

Frente a esta evidencia científica, ¿cómo se manifiestan estas distinciones neurobiológicas a nivel conductual? ¿Existe, entonces, una manera masculina y una manera femenina de comunicarse? ¿Sufren las experiencias vitales por estas diferencias?

Distintos pero complementarios

La constitución neurológica y biológica ejerce una poderosa influencia en la conducta de la persona. Como hemos visto, ser varón o ser mujer implica tener una constitución diversa y una serie de actuaciones distintas que además, varían según las edades de cada individuo. Para efectos de este artículo, nos centraremos en algunas conductas de la vida adulta que pueden influir en la construcción o destrucción de una relación amorosa. De más está decir que, como en muchas categorizaciones de este tipo, en la realidad nunca encontramos “extremos puros” y habrán no pocas excepciones.

  1. Emociones vs. Objetivos

Las mujeres funcionan más por las emociones. Por eso, el “estar bien” con las personas que quieren es de vital importancia para su felicidad. Una mujer no puede disfrutar del día, por ejemplo, si es que ha discutido con el novio o con la madre. Si a esto se suma su capacidad para recordar detalles mínimos, las secuelas de un mal momento son más densas. No estará tranquila hasta que el problema esté resuelto. Los hombres, en cambio, son menos emocionales y se centran más en los objetivos, en lograr sus metas.

  1. Proceso vs. Meta

Al ser las mujeres más emocionales, disfrutan más del camino que del éxito del logro obtenido. Para ellas la meta no es lo más importante. En cambio, como mencionamos arriba, los hombres cifran su expectativa en lograr lo que se han propuesto. Por eso es más común ver a una mujer paseando por un centro comercial mirando tiendas sin rumbo definido que a un hombre. Este, más bien, irá sin desviarse al lugar donde conseguirá lo que necesita y volverá con la misma rápidez. Para la mujer, llegar no es tan o más importante que disfrutar el proceso.

  1. Aprehensión vs. Desprendimiento

Esta es una diferencia importante a nivel conductual. A las mujeres, por ser más emocionales, les cuesta desprenderse de las cosas. Por eso, por ejemplo, les es mucho más duro reiniciar su vida laboral luego de ser madres. Dejar a su bebé en casa puede llegar a ser el peor castigo. Y, claro está, una vez que está en la oficina, tendrá siempre presente en el pensamiento todo lo que dejó en casa. En cambio, los hombres pueden ir a la oficina y desconectar ese “chip” de hogar sin mayor culpa. Porque el cerebro del hombre funciona más como una serie de compartimentos separados entre sí, ordenados de manera esquemática. De esa manera, cuando está en el cajón “trabajo”, no está en el de “novia”. Por eso puede parecer que no la extrañara mientras está en las horas laborables. En cambio, la mujer, al ser menos capaz de desprenderse de lo que sucede a su alrededor, carga con todo, todo el tiempo. Por ejemplo, es más complicado para ella prender el televisor y quedarse dormida haciendo zapping. El hombre no sólo prende la televisión, sino que puede dormir profundamente así la casa se esté quemando. Es porque, en ese instante, está en el cajón “relajo” y es su objetivo[4].

  1. La mujer pulpo

De lo anterior se puede deducir el por qué las mujeres pueden hacer mil cosas al mismo tiempo y con gran habilidad. ¿Se imaginan a una mamá de cuatro hijos que sólo sea capaz de focalizarse en una cosa a la vez? A los hombres, al buscar el objetivo y pensar de manera separada, les cuesta más estar pendientes al mismo tiempo de la cocina, de los niños, del timbre y de la lavadora. ¿Es esto una muestra de que la mujer es superior? No. Son maneras distintas de ser. Si a esta capacidad multifocal le sumamos el punto anterior —la aprehensión— podemos entender, además, la causa por la que siempre las mujeres están más cansadas y creen que si no lo hacen ellas, nadie más lo podrá hacer (o no lo hará tan bien como ellas). Así, su capacidad de delegar es menor por lo que el estrés es mayor.

  1. Palabras vs. Silencio

La vía más efectiva para que una mujer resuelva un conflicto es hablando. Por eso es que sale a tomar café horas con una amiga, o puede contarle la misma historia varias veces a distintas personas, o puede estar sin despegarse del teléfono o del chat un tiempo infinito, algo que los hombres normalmente hacen sólo para llegar a acuerdos concretos. Mientras la mujer habla, va categorizando los problemas, los va acomodando y van surgiendo las soluciones. El hombre, en cambio, sólo habla cuando ya resolvió el conflicto, cuando ya sabe si tuvo éxito o no. Por eso no debe sorprender que el hombre, cuando está en un momento de alto estrés por algún problema, pueda responder “nada” cuándo se le preguntá qué le pasa. Tener claro este punto es muy importante en una relación de pareja porque a las mujeres, al no tener capacidad para delegar y sentirse imprescindibles, les cuesta mucho no sentirse heridas o arbitrariamente excluidas de la vida de su pareja cuando no les cuentan qué está pasando ni consideran su opinión en el proceso de resolución de los conflictos. Pero no es así. Es mejor no seguir insistiendo y esperar a que el hombre esté dispuesto a hablar.

Un punto importante: la mujer quiere ser acogida cuando habla de sus problemas y no busca escuchar soluciones. Si consideramos que el hombre es objetivo y más directo en la resolución de conflictos, las probabilidades de que se quede callado sin dar la gran respuesta, es casi nula. Y ahí puede empezar un conflicto. Los hombres deben entender que si una mujer tiene un problema, busca compañía y comprensión; no la soledad como lo harían ellos en una circunstancia similar, ni mucho menos que les resuelvan el problema. Si, por casualidad, el hombre olvidó este pequeño detalle y se le “escapó” la solución, un buen consejo es salir corriendo.

  1. Tiempo libre

Como mencionamos en el punto 2, a las mujeres les cuesta más soltar, delegar, desprenderse. Por lo mismo, es más complicado para ellas tomar tiempo libre sin sentir culpa o sin preocuparse por lo que están dejando de hacer para relajarse. A los hombres les sucede totalmente lo contrario. Un hombre puede dormir plácidamente en la mitad del juego de sus hijos y no pasa nada… hasta que la mujer se molesta porque le parece injusto que él pueda ser capaz de relajarse de esa manera sin que le interese nada más.

Es importante que las mujeres aprendan a buscar tiempos de descanso, de compartir con amigas, de salir a dar una vuelta, sin estresarse por todo lo que pueda pasar en su ausencia. En este aspecto, una contribución importante de la pareja es animarla a hacerlo y decirle que todo estará bien. La mujer necesita que la ayuden a no sentirse culpable cuando toma un tiempo para ella de manera que efectivamente logre distenderse y volver a su casa más relajada de lo que salió.

Como hemos podido ver de manera suscinta, las diferencias entre los varones y las mujeres son muchas. Algunas influyen más que otras en la forma de llevar una relación. Pero conocer ambos estilos de enfrentar la realidad ofrece pautas para enriquecer el encuentro y buscar caminos complementarios antes que conflictivos.

Sin embargo, no podemos ser deterministas a la hora de integrar estas diferencias. Si bien lo biológico es importante, no hay que olvidar el rol que juegan la razón y la voluntad en este camino de mejora. “El cerebro no es nada más que una máquina de aprender dotada de talento. No hay nada que esté absolutamente fijado. La biología afecta poderosamente, pero no aherroja nuestra realidad. Podemos alterar dicha realidad y usar nuestra inteligencia y determinación ya sea para celebrar o para cambiar, cuando resulte necesario, los efectos de las hormonas sexuales en la estructura del cerebro, en el comportamiento, la realidad, la creatividad y el destino”[5].

Más allá de aprender a comunicarse, es vital que este diálogo entre dos personas sea honesto. Importan, además de las palabras, los gestos y las formas amables. Si se logran incluir estos ingredientes seguramente la relación de la pareja madurará y se tendrán los espacios que favorezcan el encuentro y la comunión.

La Mamá Oca

Foto: Vladimir Kudinov

[1] Brizendine, L. (2007). El cerebro femenino, Versión Kindle. Posición 224.

[2] Ilie, C., & Cardoza, G. (2013). iVive la différence! Neurociencias y liderazgo femenino. INCAE Business Review, 2(9), p. 62.

[3] Ivi, p. 63.

[4] Una divertida explicación sobre esta diferencia la pueden encontrar en el video “Historia de dos cerebros” en Youtube.

[5] Brizendine, L. (2007). op.cit., Posición 339.

Los pilares fundamentales de la comunicación en el matrimonio (PARTE 2)

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Cuarto pilar: El trabajo profesional

El trabajo profesional es aquello que ocupa la mayoría del tiempo de los esposos. Es en función de éste que se organizan. Esta labor se lleva a cabo con competencia, esfuerzo y mentalidad de mejora, dentro o fuera de casa, remunerada o no. Esta actividad es tan importante para cada uno de los esposos que ocupa un lugar importante en la comunicación entre ellos.

Conversar sobre el trabajo no solo es estimulante para los cónyuges, sino que pueden ayudarse mutuamente con consejo y una perspectiva diferente. El interés que uno de los esposos demuestre por el trabajo del otro le da seguridad y hace que las dificultades sean más llevaderas.

Si el mundo profesional de la mujer se da a nivel del hogar, ella necesita del respaldo de su esposo y del apoyo en ciertas tareas, sobre todo en la educación de los hijos.

Todos los trabajos requieren entrega y sacrificio, por eso sería injusto si alguno en la relación no le da ese reconocimiento a su pareja porque éste tiene un trabajo con poco prestigio, que pague poco o nada (en el caso de las amas de casa) o que no le guste. Ese sentimiento de superioridad da lugar a reproches y resentimientos.

La casa es también un trabajo

Una ama de casa tiene un trabajo fuerte. No es un trabajo poco mental, poco importante o solo para mujeres. Para que un hogar funcione, necesita de criterio profesional. Un ama de casa o un hombre que realice esta labor (son cada vez más comunes) es la responsable de nutrir a su familia, de organizar las finanzas, del ahorro. El oficio de esta persona también merece el interés de su pareja.

Quinto pilar: La sexualidad en el matrimonio

Se llega a una sexualidad plena con la pareja, solo si antes ha habido una comunicación de la intimidad de cada uno. Una vida sexual satisfactoria no es solo contacto físico, porque podría limitarse al mero encuentro de dos egoísmos. La entrega corporal es el resultado del amor y la comunicación. La espiritualidad en una relación es igual de necesaria que la sexualidad y ambas deben ir de la mano.

Los temas sexuales no pueden ser callados por vergüenza o temor.

Sexto pilar: La familia

En este campo, el uso de diplomacia sobre la familia carnal y política garantiza el éxito de la comunicación e impide fricciones innecesarias en la pareja. Por más que uno tenga presente los defectos de su familia (padres y hermanos), si alguien los saca a la luz, así sea el esposo o la esposa, uno va a querer protegerlos.

Con la familia de tu pareja, procura: interesarte por ellos, tener detalles afectuosos, pasar por alto pequeñas discusiones, perdonar los disgustos, ser prudente y justo, ser positivo en los juicios y mantener la serenidad ante alguna acusación.

Evita: Enfrentamientos, reprochar (“tu hermana hizo esto mal”), usar calificativos o generalizaciones, entrometerse, ignorar a la familia del cónyuge, preguntar más de lo que se te quiera decir.

Ni bien una pareja se casa, puede suceder que las familias de ambos se entrometan. Los esposos deben demostrarles que para ellos la independencia y el espacio propio son importantes desde el comienzo, porque luego se volverá más difícil. Con mucha gracia, deben dejarles en claro a sus familiares que no pueden entrometerse en su intimidad.

Pero, si ya es tarde, todavía pueden hacerlo. Primero convérsenlo entre ustedes, los esposos, y pónganse de acuerdo. Luego, con mucho cariño, comuníquenle a la familia que están buscando su propio espacio. Sean firmes, mantengan su postura y comprométanse a esforzarse para que se cumpla.

 Pilar número 7: Dinero y economía doméstica

Aunque uno sea el que aporte más, la economía del hogar es de los dos. El matrimonio es una empresa común y ambos son socios. Todas las decisiones que tomen sobre el dinero, como ahorrarlo, invertirlo o gastarlo, debe ser de mutuo acuerdo y sin engaños.

Los esposos deben: conocer los ingresos del otro y los gastos del hogar, hacer una distribución racional, confiar en el criterio del otro para gastar y educar a los hijos en el uso responsable del dinero. Las cuentas siempre deben estar claras y una comunicación fluida sobre la economía en casa es la única manera de lograrlo.

Para ver Los pilares fundamentales de la comunicación en el matrimonio- Parte 1- haz click aquí

(Adaptado de ‘La comunicación en el matrimonio’ de Gloria Elena Franco Cuartas)

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Matrimonio feliz

Los pilares fundamentales de la comunicación en el matrimonio (PARTE 1)

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Foto: Película «Up»

¿De qué conversan los esposos? Pues de la vida diaria, de la familia y amigos, del trabajo y las aficiones. La comunicación entre ellos debe fluir con naturalidad, ser honesta y sencilla, sin mayores cargas dramáticas.

Hay 7 pilares fundamentales en la comunicación dentro del matrimonio. Estos son 7 temas que aparecen en algún momento de la vida diaria en pareja. No tienen un orden especial, ya que todos son capitales:

Primer pilar: Valores

La comunicación en este campo es psicológica, porque se comparten personalidad, sentimientos y convicciones. También es espiritual, porque se comunican creencias y principios. Ambos esposos buscan objetivos comunes, superiores a sí mismos: el amor verdadero no solo comparte cuerpo, sino alma. Este pilar da fundamento a una educación sólida para la vida moral y religiosa de los hijos.

Segundo pilar: Sentimientos y afectos

Estos nos ayudan a salir de nosotros mismos y pensar en los otros. Los sentimientos y afectos son esas pequeñas grandes cosas que se comunican los que se quieren. Conversar en la mesa sobre una anécdota divertida, decir un te quiero o te extraño, hablar sobre el nacimiento del hijo de un amigo. Nada que venga de los sentimientos, propios y ajenos, es trivial.

La comunicación de afectos y sentimientos tiene aspectos muy prácticos y simples como estos: tomar en serio las opiniones del otro, respetar sus ideas, pedir ayuda buscando la compañía del otro, pedir consejo y soluciones rápidas para un problema o tomar en cuenta sus sugerencias.

El amor obviamente no puede dejarse de mencionar. Este es un sentimiento gratificante, que se apoya en la voluntad y la inteligencia para conducir a un compromiso que es fidelidad. El mejor amor es aquel que lo entrega todo y busca la felicidad plena del otro. El amor entre esposos debe ayudarlos a encontrar mejora personal, porque sino eventualmente llegará el vacío por una necesidad afectiva insatisfecha. La comprensión es básica en la relación, y con el verdadero amor el egoísmo es superado.

Tercer pilar: Los hijos y el hogar

El hogar y los hijos son un pilar de primer orden en lo que a comunicación matrimonial se refiere. Esta es importante para comprender a los hijos y facilitar su formación. Son tema obligado entre los esposos: los amigos de nuestros hijos, su colegio, los estímulos y castigos, la rebeldía, etc.

Ambos padres deben estar unidos en criterio a la hora de educar. La visión femenina y la masculina aportan en la formación equilibrada de los chicos. Recuerda que la educación de los hijos comienza con la comunicación de los padres.

Ellos deben notar que sus padres se comunican. En vez de decirles “que lo decida tu madre”, sería mejor un “déjame conversarlo con tu madre y luego te contamos nuestra decisión”. Si el hijo no encuentra unión y comunicación entre sus padres, irá donde más le conviene. Es vital que los papás se comuniquen con sus hijos, pero aun más entre ellos.

Los deberes en casa

El hogar, sitio de convivencia familiar, es también parte importante de la comunicación de pareja. ¿Cómo lograr que sea un lugar en el que se formen gratos recuerdos? ¿Cómo repartir las tareas? Para garantizarles a los hijos un futuro feliz, les debemos dar un presente estable y pleno, que les dé seguridad y que les dé una idea clara del sentido del deber.

Mamá no tiene que hacer todas las tareas de la casa. Y la hija no es la única que debe ayudarla. Manda a tu hijo a barrer, planchar o lavar el baño. Que tu esposo lave los platos después de la cena. Qué tal si en vez de llamar al cerrajero para arreglar la manija de la puerta del baño, papá lo intenta. El hogar debe ser prioridad para todos los que lo habitan. Y ver a papá trabajar en él tan duro como mamá le da a los hijos un gran ejemplo, confianza y le otorgarán valor a las tareas del hogar. Una comunicación fluida entre todos los miembros –a través de algún sistema creado en casa, como post-its en la refrigeradora, por ejemplo- hará saber a cada uno cuál es su obligación en casa y qué les falta reforzar.

Miren al hogar como un negocio, que en vez de darle dinero, le da felicidad a la familia. Por ello vale la pena la inversión de fuerza y tiempo, por parte de todos, en su mantenimiento.

(Adaptado de ‘La comunicación en el matrimonio’ de Gloria Elena Franco Cuartas)

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Matrimonio feliz

Pautas para una buena comunicación familiar (O como no perder la paciencia con los hijos PARTE 2)

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Más sobre la comunicación familiar:

7. No existe mensaje tonto. Lo que nos digan puede ser más sencillo o más complejo, pero nunca carece de importancia.

8. Si el mal humor nos impide mantener una la comunicación familiar adecuada, procuraremos dejarlo para otro momento cuando estemos en mejores condiciones.

9. Siempre daremos oportunidad de hablar al otro, aunque nos parezca que no tenga razón o derecho. Es posible de que, después de que hable, nos demos cuenta que estábamos equivocados. Esto es  buenísimo para tener la comunicación familiar sana.

10. Cuando notemos que en la familia alguno esté más callado, no le pediremos que dé explicaciones sobre su actitud delante de los otros. Si le demostramos confianza, le ayudaremos a contarnos su problema.

11. Cuando hablemos con nuestros hijos lo haremos cara a cara, buscando sus ojos para que la conversación sea más efectiva.

12. Tendremos en cuenta que los gritos invitar a gritar más: se acaloran las partes y se pierde la razón. La serenidad llama a la calma.

 (Tomado de ‘El Proceso de la Comunicación’, de Gloria Elena Franco Cuartas)

Lee la parte 1 aquí 

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Pautas para una buena comunicación familiar (O cómo no perder la paciencia con los hijos PARTE 1)

Una buena comunicación asegura la felicidad en una familia. Lamentablemente, muchas la toman por sentado. Repasemos estas reglas que ayudarán a mejorar la relación familiar.

1. Hablaremos las cosas con quien convenga y en el momento oportuno. No diremos más de lo que debemos ni nada de lo que después podamos arrepentirnos.

2. Cuando la prudencia aconseje no hablarlo todo, seleccionaremos aquello que mejor le va a quien nos dirigimos.

3. Respetaremos la intimidad de nuestros hijos. Guardaremos nuestra propia intimidad. Cuando sentimos que invaden nuestra intimidad, dejaremos de confiar en quien lo hizo, por eso es importante respetarla.

4. Cuando tengamos que corregir, lo haremos a solas y con el mayor cariño posible.

5. Si al dar una indicación a nuestros hijos, vemos que ha no ha sido entendida, guardaremos la calma. Repetiremos lo que queremos, usaremos otras palabras y nos aseguraremos que ha sido bien comprendida. Si es necesario, haremos que nuestro hijo repita lo dicho.

6. Cuando alguno falle, no perderemos la confianza en él. Es cuando debemos permitirle que demuestre su valor. Le daremos una segunda oportunidad. Tendremos presente que la buena comunicación se consigue gracias a la receptividad y capacidad de escucha del emisor y el receptor.

(Tomado de ‘El Proceso de la Comunicación’, de Gloria Elena Franco Cuartas)

La generosidad en el matrimonio

Ilustración: La Mamá Oca

Guía práctica para la comunicación en familia

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  • No le niegues la palabra a los tuyos, aunque tengas un gran enfado.
  • Mantén el clima de alegría familiar, a pesar de los disgustos o problemas personales.
  • Espera el turno sin interrumpir la conversación de los otros miembros de tu familia.
  • Ten paciencia y espera hasta encontrar el momento apropiado para solucionar lo que, tratado de otra forma, terminaría en discusión.
  • Piensa bien antes de hablar, de tal forma que lo que digas manifieste bien lo que realmente piensas.
  • No te dejes aturdir por la falta de serenidad que, en un momento dado, pueda manifestar alguno de la familia. Conserva la calma y procura transmitirle tranquilidad.
  • Trata los problemas conflictivos con comprensión y delicadeza hacia el otro.
  • Sé receptivo, escucha y no contradigas por sistema.
  • Valora a los demás miembros de tu familia por lo que son, no te dejes influir por las impresiones de primer momento.
  • Espera hasta comprender por completo lo que tu cónyuge, hijos o padres quieran decirte. No hagas juicios sobre su actuación o conducta.
  • Aprende a “bajar la guardia” y dejar la agresividad a un lado cuando en la familia puedan surgir conversaciones que, por su tema opinable, puedan resultar conflictivas.
  • Acepta los puntos de vista de los otros miembros de tu familia sin imponer siempre los tuyos.
  • Acepta con alegría las razones de los demás.
  • Reconoce los aciertos de los demás y alégrate con ellos.
  • Perdona y pide perdón cuando haga falta.  No te muestres resentido.
  • Olvida el “memorial de agravios”.
  • No pases factura por lo mucho que haces y lo poco que se te devuelve.
  • Piensa siempre que TU FAMILIA SE MERECE LO MEJOR.

Tomado del libro Comunicación y Familia/EWTN- OGAPY

Hacer Familia Internacional

Características de una buena comunicación

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Receta para una buena comunicación en el matrimonio

  • TIEMPO: Dale tiempo al otro, pero de calidad.
  • SALIDAS: Sal con tu pareja con cierta frecuencia.
  • ENGRÍE: No te limites a “sacarla” a la calle. Preocúpate de hacer algo que le guste.
  • PAZ: Evita el ruido de las fiestas o discotecas que no permiten una comunicación relajada y agradable.
  • ESCUCHA: Cuando tu pareja te hable, no te limites a oír. Deja lo que estás haciendo y mírala a los ojos para que se dé cuenta que la estás escuchando.
  • REVIVE: Trata de revivir constantemente la ilusión del primer día.
  • RECOMIENZA: Comienza y recomienza cuando sea necesario. Los errores están para corregirlos.
  • RECUERDA: Recuerda con frecuencia los momentos tan felices que han compartido.
  • CONQUISTA: Conquístala a diario. Arréglate para él/ella.
  • ENAMORATE: Sueña como enamorado, pero ten los pies en la tierra como esposo.
  • PLANEA: Haz planes para el futuro pero que te ayuden a mejorar el presente.
  • CELEBRA: Recuerda las fechas importantes y celébrenlas.
  • BUSCA: Busca la compañía del otro. Hazlo sentir necesario.
  • ADMIRA: Busca su consejo. Pídele ayuda para tus problemas.
  • RESPETA: No critiques a  tu pareja frente a otros, menos cuando no esté presente.
  • SORPRENDE: Sorprende al otro con detalles inesperados: una flor, una noticia agradable, una comida, etc.
  • SALUDA: Busca a tu pareja al llegar a la casa para que sepa que has venido pensando en él/ella.
  • DESPIDETE: Siempre despídete cuando vas a salir.
  • AMABILIDAD: Sé sincero pero no tosco. Hay que ser amable.
  • PRIORIZA: Primero es tu pareja. Luego las amistades.

 Y no te olvides que el amor es el mejor ingrediente.

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