¿Etiquetamos a nuestros hijos?

No hay que etiquetar
Me estoy refiriendo a lo que solemos hacer los padres muchas veces sin darnos cuenta, poner etiquetas a nuestros hijos. En ocasiones decimos a nuestros hijos cosas como: «eres un pesado», «siempre te portas mal», «eres un auténtico desastre», etc.
Hemos de tener mucho cuidado al hacerlo porque corremos el riesgo de que nuestro hijo asuma el rasgo, la etiqueta que le hemos asignado. Sobre todo en las primeras etapas del desarrollo cuando el niño está formándose una imagen de sí mismo cobra especial importancia aquello que le decimos pues su propia imagen la van construyendo con los mensajes que reciben de los demás y especialmente de nosotros, sus padres.
Si continuamente les estamos repitiendo que se porta mal, irá construyendo su autoimagen en base a lo que le decimos, creyendo que esto es así y actuará asumiendo ese papel, ese rol.
Por este motivo, es necesario que dejemos a un lado las etiquetas y cuando queramos corregir alguna de sus conductas lo hagamos explicándole de manera concreta qué nos parece mal y cómo puede mejorar. Pongo un ejemplo:
  • En lugar de decirle… «eres un desordenado».
  • Deberíamos decirle… «tienes que recoger tus cosas, los juguetes están fuera de sus sitio».
Tenemos que decirle claramente lo que no nos gusta pero sin generalizarconcretando al máximo para que el niño aprenda qué es lo que esperamos de él. Siempre tenemos que dar al niño la opción de mejorar. No podemos estar siempre bombardeándolo con mensajes negativos que le lleven a asumir que esa es su forma de ser.
En ocasiones no seremos nosotros, los padres los que «etiquetemos» al niño sino otros adultos que intervengan en la educación del mismo: abuelos, tíos, etc. En este caso deberemos intervenir para evitar que aquello que dicen de él le condicione a creer que él es así. Debemos actuar como un auténtico equipo educativo.
Comparaciones
También deberemos evitar al máximo las comparaciones del tipo «a ver si aprendes de tu amiga Irene» «tu hermana Laura saca mejores notas que tú». Son frases que muestran al niño que «es inferior» en algún aspecto y asumirá este papel, convencido de que lo que le decimos es verdad: es peor que su amiga Irene y menos inteligente que su hermana Laura. Hemos de tener en cuenta que además las comparaciones entre hermanos son una fuente de celos y conflictos entre ellos que podemos y debemos evitar. Pero este tema me gustaría tratarlo en otro artículo.
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Ilustración:  http://bastadepisenlacama.blogspot.com.es/2012/05/porque-no-hay-que-etiquetar-los-ninos.html