¿Sabe tu hijo adolescente cuales son las 6 decisiones más importantes de su vida?

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Hoy comparto con ustedes este interesante artículo que publicó esta semana el www.abc.es.

¿Sabe tu hijo adolescente cuales son las 6 decisiones más importantes de su vida?

Quizás no haya meditado sobre sus opciones de vida o esté ya inmerso en una de ellas, lo bueno es que siempre se puede rectificar.

Los medios que no dejan de bombardearles. Fiestas con drogas, pornografía en internet, abuso sexual, terrorismo, una competitividad a nivel global brutal, depresiones, y presiones por parte de sus propios compañeros de década. Hoy en día ser adolescente es más difícil que nunca. Durante la juventud, los chavales se enfrentan a los retos más importantes de toda su vida. «Si durante la adolescencia tomamos las decisiones acertadas el resto del viaje consistirá en mantenerlas y cosechar los frutos», indica Sean Covey, autor de una completa y divertida guía para ayudar a los jóvenes en esta difícil tarea que ha titulado «Las seis decisiones más importantes de tu vida» (Palabra). En este libro se señalan las preguntas que todo adolescente se debería hacer, a la vez que se les ofrecen las herramientas necesarias para adoptar eficazmente las decisiones que marcarán su futuro:

1. Colegio, universidad: ¿Qué vas a hacer en relación con tu educación? Esta sería, según Covey, el reto número uno de un adolescente. ¿Por qué es una decisión tan importante? «Tal vez porque todo lo que haga un chic@ al respecto le abrirá puertas o se las cerrará en la cara durante mucho tiempo», explica. En este capítulo el autor habla de cómo superar un trastorno de aprendizaje, cómo obtener buenas notas, o encontrar motivación para estudiar, entre otras.

2. Amigos: ¿Qué clase de amigos elegirás? «Para algunos es muy fácil hacer amigos, para otros, una auténtica pesadilla. El tema es crucial porque los adolescentes tienen una enorme necesidad de ser aceptados, y eso a veces les lleva a tomar malas decisiones». En concreto Covey se refiere a cómo soportar la presión de los compañeros, y aconseja a los jóvenes no dejarse llevar y pensar en la clase de amigo que les gustaría tener.

3. Padres. ¿Te vas a llevar bien con tus padres? «La calidad de la relación que quieras tener con tus padres es una elección, y se trata de una de las decisiones más importantes que tomarás en tu vida. Debes saber cómo construir esa relación, expresiones en familia que siempre funcionan (para bien), como sobrevivir a un divorcio, o qué hacer cuando tus padres son un verdadero desastre», indica este experto.

4. Noviazgo y sexo. ¿Con quién vas a salir y que vas a hacer respecto al sexo? «Más vale tener claro con qué tipo de gente vas a salir y qué vas a hacer en relación al sexo, porque si no, otra persona tomará la decisión por tí, lo que en realidad no quieres que ocurra», indica el autor de «Las seis decisiones más importantes de tu vida». «Los chicos deben saber cómo actuar inteligentemente ante el noviazgo, cuál es el problema de centrar su vida en una pareja, cómo identificar señales de alerta en una relación, cuáles son las ETS (enfermedades de transimisión sexual) y por qué les deben importar…», añade.

5. Adicciones. ¿Qué harás respecto a fumar, beber, consumir drogas y otro tipo de adicciones? «Los adolescentes están obligados a saber la verdad sobre el alcohol, las metanfetaminas, el éxtasis, la cocaina… y hasta de los medicamentos que se venden con receta médica», advierte.

6. Autotestima: ¿Optarás por quererte a tí mismo? «Aprender a gustarte a ti mismo también es una elección. A lo mejor no lo parece, pero es verdad. Es cuestión de aprender a obtener tu seguridad desde dentro, no desde fuera… ni de lo que los demás digan de ti. Es absurdo obsesionarte con las opiniones que otros tienen de tu persona. Pero para eso hay que conocer como construir los cimientos de una autoestima saludable, desarrollar habilidades y talentos únicos, y explorar en tus propias minas para encontrar diamantes», concluye Covey.

Foto: www.freedigitalphotos.net

Cómo hablar con tu hija sobre su cuerpo

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Cómo hablar con tu hija sobre su cuerpo, paso uno: no hablar con tu hija sobre su cuerpo, a excepción de enseñarle cómo funciona.

No digas nada si ha perdido peso. No digas nada si ganó peso.

Si piensas que el cuerpo de su hija se ve increíble, no lo digas. Aquí algunas cosas que puedes decir en su lugar:

«¡Te ves tan saludable!» es una muy buena.

O qué tal: «Te ves tan fuerte».

«Puedo ver lo feliz que eres – te ves brillante.»

Mejor aún, felicítala por algo que no tiene nada que ver con su cuerpo.

Tampoco hagas comentarios sobre los cuerpos de otras mujeres tampoco. No. Ni un solo comentario, ni bueno ni malo.

Enséñale la bondad hacia los demás, pero también la bondad hacia uno mismo.

No te atrevas a hablar de lo mucho que odias tu cuerpo delante de tu hija, o sobre tu nueva dieta. De hecho, no te pongas a dieta frente a tu hija. Compra alimentos saludables. Cocina comidas saludables. Pero no digas: «No estoy comiendo carbohidratos en este momento.» Tu hija nunca debe pensar que los carbohidratos son malos, porque la vergüenza sobre lo que come sólo conduce a la vergüenza hacia uno mismo.

Anima a tu hija a correr porque la hará sentir menos estresada. Anima a tu hija a subir montañas, porque no hay mejor lugar para explorar la espiritualidad que el pico del universo. Anima a tu hija a hacer surf, escalada en roca o ciclismo de montaña porque le da miedo y a veces eso es bueno.

Ayuda a tu hija a amar el fútbol, el remo o el hockey porque los deportes hacen de ella una mejor líder y una mujer más confiada. Explícale que no importa la edad que tengas, nunca vas a dejar de necesitar un buen trabajo en equipo. Nunca la hagas practicar un deporte del que no esté absolutamente enamorada.

Demuéstrale a tu hija que las mujeres no necesitan a los hombres para mover sus muebles.

Enséñale a tu hija a cocinar la col crespa.

Enséñale a tu hija a cocinar torta de chocolate hecho con seis barras de mantequilla.

Pásale la receta navideña de tu madre de pastel de café. Transmítele tu amor de estar afuera.

Tal vez tu hija y tú tengan muslos gruesos o costillas anchas. Es fácil odiar estas partes del cuerpo de una talla que no es cero. No lo hagas. Dile a tu hija que con las piernas que tiene puede correr una maratón si ella quiere, y su caja torácica es más que una funda para transportar pulmones fuertes. Con ella puede gritar y cantar, puede levantar el mundo, si ella quiere.

Recuérdale a tu hija que lo mejor que puede hacer con su cuerpo es utilizarlo para movilizar su hermosa alma.

Este artículo apareció originalmente en hopeave.wordpress.com.
Traducido por La Mamá Oca
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¿Etiquetamos a nuestros hijos?

No hay que etiquetar
Me estoy refiriendo a lo que solemos hacer los padres muchas veces sin darnos cuenta, poner etiquetas a nuestros hijos. En ocasiones decimos a nuestros hijos cosas como: «eres un pesado», «siempre te portas mal», «eres un auténtico desastre», etc.
Hemos de tener mucho cuidado al hacerlo porque corremos el riesgo de que nuestro hijo asuma el rasgo, la etiqueta que le hemos asignado. Sobre todo en las primeras etapas del desarrollo cuando el niño está formándose una imagen de sí mismo cobra especial importancia aquello que le decimos pues su propia imagen la van construyendo con los mensajes que reciben de los demás y especialmente de nosotros, sus padres.
Si continuamente les estamos repitiendo que se porta mal, irá construyendo su autoimagen en base a lo que le decimos, creyendo que esto es así y actuará asumiendo ese papel, ese rol.
Por este motivo, es necesario que dejemos a un lado las etiquetas y cuando queramos corregir alguna de sus conductas lo hagamos explicándole de manera concreta qué nos parece mal y cómo puede mejorar. Pongo un ejemplo:
  • En lugar de decirle… «eres un desordenado».
  • Deberíamos decirle… «tienes que recoger tus cosas, los juguetes están fuera de sus sitio».
Tenemos que decirle claramente lo que no nos gusta pero sin generalizarconcretando al máximo para que el niño aprenda qué es lo que esperamos de él. Siempre tenemos que dar al niño la opción de mejorar. No podemos estar siempre bombardeándolo con mensajes negativos que le lleven a asumir que esa es su forma de ser.
En ocasiones no seremos nosotros, los padres los que «etiquetemos» al niño sino otros adultos que intervengan en la educación del mismo: abuelos, tíos, etc. En este caso deberemos intervenir para evitar que aquello que dicen de él le condicione a creer que él es así. Debemos actuar como un auténtico equipo educativo.
Comparaciones
También deberemos evitar al máximo las comparaciones del tipo «a ver si aprendes de tu amiga Irene» «tu hermana Laura saca mejores notas que tú». Son frases que muestran al niño que «es inferior» en algún aspecto y asumirá este papel, convencido de que lo que le decimos es verdad: es peor que su amiga Irene y menos inteligente que su hermana Laura. Hemos de tener en cuenta que además las comparaciones entre hermanos son una fuente de celos y conflictos entre ellos que podemos y debemos evitar. Pero este tema me gustaría tratarlo en otro artículo.
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Ilustración:  http://bastadepisenlacama.blogspot.com.es/2012/05/porque-no-hay-que-etiquetar-los-ninos.html

Inflar la autoestima de los niños no es bueno

autoestima en ninos

Nuevas investigaciones ponen de manifiesto que la excesiva alabanza a los menores no conduce a su mejor desarrollo, ni a su felicidad. Sobre este tema hablan recientemente, en el The Wall Street Journal, la columnista Sue Shellenbarger y el matrimonio Jason y Cara Green, padres de tres hijos de 1 a 8 años.

Con buena intención, muchos padres intentan inculcar en sus hijos una fuerte dosis de autoestima, pensando que esto les ayudará a enfrentarse con seguridad a los retos de la vida. Sin embargo, nuevos estudios hacen ver que el exceso de ánimos es contraproducente. Mark Leary, profesor de psicología y neurociencia de la universidad de Duke (EE.UU.), explica que desde los 8 años los niños experimentan altibajos en su autoestima como consecuencia de las relaciones con sus compañeros de colegio. “Los niños tienen una imperiosa necesidad de sentirse valorados, aceptados y amados”, dice el Dr. Leary. Pero también manifiesta que es bueno que los chicos se sientan mal consigo mismos, temporalmente, si su conducta no ha sido correcta.

Jason Green explica que enseñó a sus hijos el lema “nadie es mejor que tú, pero tú no eres mejor que los demás”. Nos cuenta cómo al entrenar a un equipo de fútbol de niños sentó a su hijo Wyatt en el banquillo, por mal comportamiento. Después le explicó las razones de esta medida; se dieron un abrazo y el hijo aprendió la lección. Por otra parte, Wyatt experimentó problemas de retraso en comprensión lectora en la escuela. Su madre le puso un profesor particular, y le dijo que todos tenemos que afrontar problemas: “ahora te toca a ti”. Le hizo ver que lo importante era lo que él era y el esfuerzo que tenía que poner; los resultados ya llegarían. Así ocurrió.

La revista Journal of Experimental Psychology (febrero de 2013), publicó un estudio de 313 niños de 8 a 13 años, quienes tuvieron que medir sus destrezas con un programa de ordenador. Los chicos que venían con excesiva confianza en sí mismos se sintieron avergonzados después, por sus malos resultados. Los que llegaron con perspectivas más modestas y realistas no sintieron ninguna vergüenza y se centraron mejor en su tarea. El estudio, dirigido por investigadores de la universidad de Utrecht (Holanda), afirma que a veces los adultos “pueden fomentar en los niños con baja autoestima la vulnerabilidad emocional que están tratando de evitar”. La investigación considera que mucho mejor que alabar en exceso, es hacerlo según el esfuerzo que pongan los niños.

En un contexto de apoyo y cariño familiar, la autoestima de los chicos es efecto del esfuerzo desempeñado en sus compromisos; no su causa. Enseñarles a valorarse según una adecuada relación con la realidad, especialmente con los demás, es clave para adquirir una verdadera autoestima.

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Ayuda a tu hijo adolescente a tener una imagen saludable de su cuerpo

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En la adolescencia es inevitable que los chicos se sientan inseguros sobre sus cuerpos. No creas que solo las chicas. Ambos grupos son víctimas de los medios y sus modelos. Aquí tienes esta lista de tips para que los padres ayuden a sus hijos e hijas a aceptar su imagen y quererse.

1. Sé un buen modelo a seguir

Tu hijo adolescente está observando de cerca tu forma de vida, tus hábitos alimenticios y tus actitudes sobre temas como la apariencia y el peso. Presta atención al ejemplo que estás dando. Mirarte a ti mismo a través de los ojos de tus hijos puede ser un gran motivador para comenzar un programa de ejercicio, seguir una dieta saludable, o apagar el televisor y empezar a moverse.

Si estás constantemente criticando el tamaño de tus caderas o cómo te estás quedando calvo, tu hijo aprenderá a centrarse en sus defectos en vez de sus atributos.

2. Sé positivo

Nunca hagas comentarios negativos sobre el cuerpo de tu hijo. Si tiene sobrepeso, puedes estar seguro de que es consciente de ello. Tus comentarios negativos solo harán que se sienta más desanimado y podría empeorar el problema. En su lugar, felicítalo. Háblale sobre su linda sonrisa, o esa camisa hace que el color de sus ojos resalten.

Cuando aprecias sus capacidades físicas -«gracias por abrir ese frasco» o «¡wow, puedes cargar tanto peso!”-, estás contribuyendo a que tenga una imagen corporal positiva. Ayuda a tu hijo a sacar el máximo provecho de sus atributos mediante el fomento de una buena higiene personal y la postura, hábitos de sueño saludables, y reducción del estrés.

Si tu hijo está sentado en el sillón, pídele que te acompañe a hacer una caminata. Vayan juntos al gimnasio o a correr. Hay estudios que han demostrado de que las adolescentes que hacen deporte tienen una imagen más saludable de su cuerpo y una autoestima más alta que aquellas que no lo hacen. La investigación también ha encontrado que las chicas que participan en deportes tienen menores posibilidades depresión, embarazo adolescente, y otros comportamientos riesgosos.

3. Enséñale sobre los medios de comunicación

No dejes que tu hija sea una víctima de la moda o que tu hijo se vuelva un obsesionado de los músculos. Ayúdalo a desarrollar un saludable escepticismo acerca de las imágenes en las revistas, en la pantalla, y en la web. Asegúrate de que tu hijo entienda que en las publicidades las fotos se manipulan con Photoshop, que los famosos pasan muchas veces por cirugía plástica, tienen estilistas a su cargo, entre otros trucos que componen la industria de la belleza y la cultura de la celebridad.

4. Enfatiza otras cualidades aparte de la apariencia

Apoya a tu hijo a desarrollar talentos y habilidades que no tienen nada que ver con la apariencia, como la música, los deportes, las artes y actividades voluntarias. Muestra interés en sus pasiones y pasatiempos. Reconoce las cosas buenas que te gustan de tu hijo, tales como la forma en que te hace reír, su dedicación a las tareas escolares o cómo cuida a sus hermanos menores. Enfócate en la salud en vez de la apariencia.

Si bien es importante que tu hijo tenga una imagen positiva de su cuerpo, asegúrate de que no vaya demasiado lejos. Por ejemplo, en su búsqueda del abdomen perfecto, tu hijo puede usar suplementos, incluso experimentar con esteroides. Estate atento a los cambios drásticos en los hábitos alimenticios de tu hijo adolescente.

5. Que la buena salud sea un asunto familiar

Toda tu familia estará más sana si evitan la comida rápida, cocinan alimentos nutritivos y se mantienen activos. Si toda la familia participa, tu hijo adolescente se sentirá menos aislado.

En la medida de lo posible, trata de programar una comida regular con toda la familia. Se ha demostrado que cuando comen juntos, se reduce el riesgo de obesidad en los niños, así que empiecen a cenar todos juntos. En lugar de encender el televisor después de la cena, sugiere un paseo familiar. La idea es empezar a practicar poco a poco hábitos saludables.

Fuente: El site médico WebMD.com

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El asombro es el motor de nuestros hijos

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“Cuando un niño mira al cielo por primera vez, estrena el cielo”, dice Catherine l’Ecuyer, investigadora de temas sobre la educación. Y es que los niños tienen una capacidad de maravillarse con cosas que nosotros, los adultos, nos parecen cotidianas. “El asombro es el motor de la motivación del niño”, asegura la especialista.

Los padres somos los que a veces cortamos ese asombro. Un niño camino al colegio puede maravillarse por el cielo, y nosotros jalamos de su mano para que no llegue tarde. Pues es mejor llegar unos minutos tarde que reprimir su asombro. Este es el deseo de conocer y no dar el mundo por sentado y requiere de libertad interior. Los padres debemos educar en el asombro.

De acuerdo a Tomás Aquino, son dos las fases de conocimiento: el descubrimiento y la invención son la primera etapa, y la disciplina y el aprendizaje, la segunda. Y parece que en las escuelas el orden se ha invertido: no se aprende de adentro hacia fuera, sino al revés.

La era de las pantallas

Los niños están sobreestimulados y esto en realidad causa problemas de aprendizaje. En nuestros tiempos, con tantas pantallas, nuestros hijos están saturados. “Inocentes series infantiles tienen una media de 7,5 cambios abruptos de imagen por minuto”, explica Catherine l’Ecuyer. Entonces esos pequeños se aburren y se impacientan cuando luego enfrentan el ritmo de la vida real. Ya hay estudios que relacionan los problemas de atención y aprendizaje con las horas frente al televisor.

El silencio es necesario

El único aprendizaje sostenible en nuestros hijos es que ellos mismos descubran el mundo a su propio ritmo. La estridencia actual los distrae. Nunca se había tenido tanta información y a la vez aprendido tan poco. Una gran cantidad de información empobrece la atención. Dividirla también es contraproducente. “Un niño sobreestimulado se convierte en un adolescente que lo ha visto y lo ha tenido todo, tiene el deseo bloqueado”, explica l’Ecuyer.

El sistema educativo tampoco ayuda

En vez de sacar lo mejor que cada uno tiene, el sistema educativo tiende a inculcar. Y ahora los colegios también se llenan de computadoras. De acuerdo a la investigadora, los altos ejecutivos del Silicon Valley mandan a sus niños a una escuela de elite que se enorgullece de no usar tecnología en los salones. De acuerdo a ellos, la computadora bloquea el pensamiento crítico y ya luego ellos mismos aprenderán cómo usar la herramienta.

Quizá nos impaciente que nuestros hijos no estén aprendiendo rápido, pero ese es su ritmo, viven con intensidad y asombro cada momento. Hay que respetarlos y dejar que vivan cada etapa sin acelerarlos.

El consumismo, un enemigo del asombro

Cuando los sentidos de tu hijo están saturados con todo aquello que quiere, entonces no sabe lo que desea. Comienza a creer que todo le es debido y el mundo lo da por supuesto. Cree que las cosas y la gente están a sus órdenes. Los berrinches son consecuencia de la frustración porque la realidad no se amolda a lo que quieren.

Si educas a tu hijo en el asombro, será agradecido con la vida, “por la belleza y el misterio que lo rodea”, dice Catherine l’Ecuyer.

(Fuente: Entrevista a Catherine l’Ecuyer  en el diario La Vanguardia titulada «Un niño ve por primera vez el cielo, y estrena el cielo”).

El blog de Catherine: http://apegoasombro.blogspot.com.es

Decálogo para formar niños «analfabetos emocionales»

autoestima

Escrito por Oscar Gonzalez, de El Blog de Oscar González

Este decálogo lo escribí hace ya un tiempo y me gustaría compartirlo con todos vosotros. Se trata de un decálogo que, si lo seguimos al pie de la letra, nos servirá para formar verdaderos «analfabetos emocionales». Espero que sea de vuestro interés.

Como decía el gran Baltasar Gracián:
«De nada sirve que el entendimiento se adelante si el corazón se queda» 

«Decálogo para formar niños analfabetos emocionales»


1. No deje a sus hijos que expresen sus sentimientos y emociones. Intente también no expresar las suyas pues no es nada beneficioso para ellos.
2. Nunca muestre cariño a sus hijos pues que se sientan queridos es algo secundario. Hay cosas mucho más importantes en la vida.
3. Enseñe a sus hijos a que en esta vida siempre podemos conseguir lo que queremos, satisfaciendo así nuestros deseos y, además, sin ningún tipo de esfuerzo.
4. Muéstreles que cuando tengan cualquier problema lo primero que tienen que hacer es actuar y luego, si queda tiempo pensar y reflexionar sobre el mismo.
5. Enséñeles a que se han de preocupar más por ellos mismos que por los demás.
6. Nunca obligue a sus hijos «a ponerse en el lugar del otro». Háganles creer que son únicos y los más importantes del mundo: los demás, no sirven para nada.
7. Cómpreles todo lo que les pidan. Si lo quieren aquí y ahora cumpla con sus deseos no vaya a ser que se frustren… Así conseguiremos que crezcan felices.
8. Aplauda todas las conductas negativas de sus hijos, lo que hacen mal. Cuando hagan alguna cosa bien, no se la reconozcan jamás.
9. Enseñe a sus hijos a que la mejor forma de solucionar los conflictos es a través de la violencia: hablar y comunicarse no es útil.
10. No pierda el tiempo en educar a sus hijos, para eso está el entorno que seguro que les ofrece unaeducación ejemplar.

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“Le he empezado a decir a mis hijas que soy bella”

Autoestima
@mafalda

Los hijos siempre son la cosa más bella que haya visto este mundo. Sus caras redondas, su piel perfecta, el labio superior gordito… “Son aquello de lo que está hecha la belleza”, cuenta Amanda King, autora del blog Last Mom on Earth. Y ellos lo saben, se los decimos todo el tiempo: “eres hermosa”, “eres un churro”.

A sus ojitos, su madre también es bella. Su madre es calidez, protección y belleza. Sin embargo, qué contradicción más terrible, cuando la madre no se considera bella, y odia su imagen en el espejo. Esa niñita o ese niñito crecerá escuchando a su madre decir “qué gorda estoy”, “qué fea me veo”, “ella sí es perfecta, yo no”; o la verá haciendo dietas sufridas, porque nunca está conforme con su cuerpo.

Qué confuso es para los hijos, tan seguros de la belleza de su mamá, que ella les diga con su actitud: “tú crees que soy bella, pero estás equivocado. Tú eres pequeño y me amas, pero no eres todavía suficientemente inteligente para saber que soy poco atractiva. Sé que soy fea, porque me miro con ojos crueles”.

Todos esas publicidades a los que estamos expuestos, con mujeres ‘arregladas’ por el PhotoShop; esos programas de televisión con chicas ultraflacas y siempre jóvenes tampoco ayudan, porque se les da un mensaje de falsa perfección y belleza a nuestros hijos.

Así que Amanda King decidió decirles a sus hijas que ella también es bella. “Mírenme, niñas, miren qué bella soy, hoy me siento muy bella”, les dijo. Y las niñas no mostraron sorpresa, porque ya lo sabían.

“No quiero que mis hijas sean niñas que son perfectas y luego, cuando comiencen a sentirse como mujeres, se acuerden cómo su madre se consideraba fea y así ellas también lo serán. Ellas van a envejecer y sus pechos perderán su forma y ellas odiarán sus cuerpos, porque eso es lo que las mujeres hacen. Eso fue lo que mami hizo. Quiero que ellas se conviertan en mujeres que me recuerden modelando una belleza imposible. Modelando belleza en la cara de un mundo cruel y aterrador”.

Los niños deben saber que hay belleza en todos y su madre debe ser el primer modelo. Si les enseñamos a nuestros hijos a no ser crueles con otras personas, visiblemente diferentes, pero somos crueles con nosotras mismas, estamos dándole mensajes contrarios. Pero para decirles que su mamá es bella, hay que creerlo de verdad.

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Pautas para una buena comunicación familiar (O como no perder la paciencia con los hijos PARTE 2)

comunicacion familiar
Ilustración: www.lamamaoca.com

Más sobre la comunicación familiar:

7. No existe mensaje tonto. Lo que nos digan puede ser más sencillo o más complejo, pero nunca carece de importancia.

8. Si el mal humor nos impide mantener una la comunicación familiar adecuada, procuraremos dejarlo para otro momento cuando estemos en mejores condiciones.

9. Siempre daremos oportunidad de hablar al otro, aunque nos parezca que no tenga razón o derecho. Es posible de que, después de que hable, nos demos cuenta que estábamos equivocados. Esto es  buenísimo para tener la comunicación familiar sana.

10. Cuando notemos que en la familia alguno esté más callado, no le pediremos que dé explicaciones sobre su actitud delante de los otros. Si le demostramos confianza, le ayudaremos a contarnos su problema.

11. Cuando hablemos con nuestros hijos lo haremos cara a cara, buscando sus ojos para que la conversación sea más efectiva.

12. Tendremos en cuenta que los gritos invitar a gritar más: se acaloran las partes y se pierde la razón. La serenidad llama a la calma.

 (Tomado de ‘El Proceso de la Comunicación’, de Gloria Elena Franco Cuartas)

Lee la parte 1 aquí 

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