transgénero

Incluso antes de que Bruce Jenner se convirtiera en Caitlin, el cotilleo sobre la transexualidad ya había empezado. En mi opinión, esto se debe, en gran parte, al hecho de que cuestionar la identidad de género se nutre de una de las preguntas más profundas de cada hombre y mujer: ¿Quién soy? Los padres astutos y amorosos además tienen el deseo de ayudar a sus hijos a responder a esta pregunta. No es de extrañar que muchos se hayan inquietado. Cada padre quiere que sus hijos crezcan para ser felices, bien adaptados y cómodos en su propia piel.

He recibido muchas preguntas de los padres sobre qué decir, cómo responder y cómo saber si su hijo o hija es transexual. Pensé que era el momento de dar algunas razones para este dilema desde un punto de vista médico.

Yo clasifico a los niños que dicen que se identifican con el sexo opuesto en dos campos. En primer lugar, hay un grupo de niños que se sienten intrigados con el sexo opuesto y se identifican con éste con formas externas. Se visten, actúan y desean ser como el sexo opuesto. Esto ocurre generalmente entre las edades de 5-12 años. Estas son las chicas que actúan como marimachos y los chicos que corren alrededor de la casa o del barrio con los vestidos de su hermana. Yo tenía un paciente de este tipo. Cuando tenía 5 años de edad, llevaba habitualmente vestidos de su hermana. Su madre le permitió llevarlos a todas partes, excepto a la escuela. El niño creció para ser un jugador de hockey y durante una de sus visitas a mi oficina, a la edad de 18 años, le pregunté por qué usaba los vestidos de su hermana cuando era joven. Su respuesta fue inmediata. “Oh, eso es fácil de responder”, dijo, “yo estaba pasando por una fase en la que detestaba usar ropa interior y usar vestidos se sentía realmente bien.”

Mientras que los adultos podrían haber interpretado su comportamiento como confusión de género o disforia, a él sólo le gustaba la sensación de no usar ropa interior. Esto debería ser una lección para los padres entusiastas. Si ese joven hubiese tenido 5 años en el 2016, su madre probablemente lo hubiera arrastrado a la oficina de un psiquiatra pero, en su sabiduría, lo dejó jugar y crecer más allá de su curiosidad.

Una vez que los niños como este joven pasan por la pubertad y las hormonas aumentan, ellos vuelven a adoptar su género natal. Este comportamiento no es raro e incluye a la gran mayoría de los niños que experimentan con la identidad de género.

Luego hay otro grupo mucho más pequeño y más raro de niños. Estos son los niños que, durante sus años preescolares, viven con sentimientos intensos de que son del sexo opuesto. Tienen disforia de género y, consistente y persistentemente, se niegan a aceptar su identidad genética (o natal). El Dr. Gayathri Chelvakumar, del Estado de Ohio, escribió recientemente en Pediatric News que “muchos jóvenes que tienen una identidad sexual no conforme en la infancia, no la van a tener en la edad adulta.Esta es una de las razones por las que estoy en contra del cambio de sexo en la infancia.

Durante sus años pre púberes, estos niños viven con un conflicto interior profundo y con confusión. Ellos necesitan ayuda. Pero, ¿qué tipo de ayuda? Esta es la pregunta del millón. ¿La disforia de género provienen de las hormonas? ¿Problemas psicológicos? ¿Temas sociales? La verdad es que incluso los mejores y más brillantes médicos no lo saben. Algunos médicos y científicos sociales animan al cambio de sexo y algunos estados, incluso, han ido tan lejos como para hacer que sea ilegal que los psicólogos y psiquiatras aconsejen a estos niños a aceptar su identidad genética. Mi pregunta es: ¿cómo podemos legislar contra el tratamiento de un problema en el que no se sabe cuál es su causa, que vive un tiempo complicado incluso para su diagnostico y, ciertamente, no conoce los mejores resultados del tratamiento? Aquí es cuando las agendas políticas deben mantenerse fuera de la práctica de la medicina. Si el tratamiento se probó y está claro, puedo ver el razonamiento detrás de la legislación. Pero cuando un problema como la disforia de género es tan mal entendida, la única razón por la que el gobierno intervendría es para hacer cumplir una agenda.

Asumamos por un momento que, efectivamente, la disforia de género puede ser borrada por completo con el cambio de sexo. Que un niño de 11 años de edad, que cree que está viviendo en el cuerpo de una chica, simplemente tiene que aceptar que es una niña, tiene una cirugía para extirpar sus órganos genitales, recibe inyecciones de hormonas y pasa a vivir una vida feliz. La administración de su escuela y sus padres lo ven como una chica y presionan a otros adultos y niños para que se le permita estar en el equipo de fútbol de las niñas, a utilizar el baño de las chicas y que duerma fuera de casa con amigas. Aquí es exactamente donde nuestra cultura está: la presión está en no sólo aceptar sino abogar para que los jóvenes con disforia de género cambien al sexo que creen ser. Simple, ¿verdad?

¿Qué pasa con el niño pequeño cuando va a usar el baño o se cambia para jugar fútbol en el vestuario y las niñas ven su pene y gritan? ¿Estaría menos traumatizado que si hubiera utilizado el baño con sus amigos hombres? Absolutamente no. Considero que la única razón por la que se somete a un niño a este tipo de humillación se debe a los adultos que tienen una agenda para convertir a nuestra cultura en “género neutro” y usan a los niños pequeños como títeres. Vergüenza para ellos. Si este chico fuera mi paciente, me gustaría animar a sus padres para protegerlo a toda costa de anunciar su dolor a todo el mundo. Si Bruce Jenner quiere airear sus luchas, está en él, pero cada adulto debe mantener a los niños lo más lejos posible de “ventilar” sus conflictos.

Es curioso para mí que en una época médica en la que señalamos con cada vez más frecuencia y foco en los genes como los motores responsables de los problemas médicos y psicológicos como: depresión, la fibrosis quística, cáncer de mama, trastorno bipolar, etc., que insistamos que en el caso de la identidad de género, los genes de la persona no importan. Esta es una contradicción científica que debe ser reconocida.

Aquí está el punto principal para los padres. La inmensa mayoría de los niños que se visten y se comportan como el sexo opuesto durante un tiempo no están luchando con graves problemas de identidad de género. Muchos pasan por etapas de querer ser como el sexo opuesto, pero salen de esto por lo general después de un año. Una de las peores cosas que los padres pueden hacer cuando sus hijos hacen esto es sobre reaccionar. Cuando los padres leen superficialmente sobre los comportamientos y los sentimientos de sus hijos, traen ansiedad sobre los niños y sobre ellos mismos. No hagan esto. Apoyen a su hijo y ámenlo (a) siempre. Simplemente porque escuchan sobre temas de transgénero constantemente, no asuman con tanta rapidez que uno ha aterrizado en su casa. Y si su hijo vive con un conflicto interno profundo, que no disminuye, busquen ayuda. Protéjanlo y nunca permitan que sea un títere social. Animen a sus hijos a centrarse en lo profundo de la vida: sus fortalezas de carácter, el intelecto e, incluso, en su vida espiritual. Nuestra cultura está tan centrada en el sexo que nos hemos obsesionado con la actividad sexual, la identidad sexual, la orientación sexual, la identidad de género, la disforia de género, etc., etc., que todos nos sentimos un poco locos. Y cuando nos sentimos locos, también lo hacen nuestros hijos.

Dra. Meg Meeker, M.D.

Texto original en inglés:

https://megmeekermd.com/2016/03/transexuality-and-your-kids-infusing-reason2/?utm_source=feedburner&utm_medium=twitter&utm_campaign=Feed%3A+MegMeekerMd+%28Meg+Meeker,+M.D.%29

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