Siempre te voy a creer

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Estuve leyendo un artículo muy bueno sobre Cómo detectar a un pederasta (les recomiendo que lo lean luego de terminar de leer este post).  Y casi al final dice algo muy interesante: “Nunca hagas caso omiso si tu hijo(a) te dice que fue tocado(a) de forma inapropiada o que no confía en un adulto. Confía en él/ella en primer lugar”.

Esto me hizo acordar a un episodio no tan grato que vi una vez en televisión.  Un chico de 37 años iba con cámara oculta a “visitar” al que era director del colegio al que asistió de niño y adolescente, y en el video el señor este reconocía que había abusado de él reiteradamente en sus años escolares. Y no sólo de él, sino también de su hermano. En este caso, la familia de estos dos chicos calzaba perfectamente con la situación que busca preferentemente un pederasta: familia monoparental – en este caso a cargo de la mamá—quien confía mucho en una tercera persona –el director—porque tiene que trabajar para sacar adelante a la familia y no tiene el tiempo suficiente para  atender al 100% todos los asuntos de los chicos.

Pero esta no es la parte que más me sorprendió del reportaje que les estoy contando. Hay una que me pareció mucho peor, tanto así que no me puedo olvidar de este caso luego de muchos años de haber visto el programa. Para completar la historia, el periodista buscó más testimonios de alumnos afectados por este malvado director. Y ubica a otro chico –que en el momento del reportaje pasaba los 45 años—que no vivía en el país, sino que debido a este sufrimiento, al terminar el colegio, se había ido fuera. Lo que se escuchaba en el audio de la llamada telefónica decía algo así en una parte: “Cuando le conté a mi papá él me respondió: mira lo que eres capaz de inventar total de no estudiar”.  Lo contaba llorando desconsoladamente. El padre no hizo nada, sólo desgraciarle la vida a su hijo. ¿Escalofriante, no? Pero real.

Desde que vi ese reportaje, creo que todavía no era mamá, me juré que, dentro de lo posible, le iba a transmitir a mis hijos la confianza suficiente para que me cuenten todo. Desde que tienen uso de razón les repito cada cierto tiempo: “Acuérdate que yo siempre te voy a creer. Así que no tengas miedo de decirme lo que sea”.  Es más, cuando detecto una mentirilla siempre les digo: “Hijo (a), no me mientas porque recuerda que yo siempre te voy a creer. Y si me mientes, la próxima vez voy a dudar de si me dices o no la verdad y eso no está bien”.

No soy quién para juzgar al padre que no le creyó a su hijo.  En mi caso, si mi hijo me dijera algo tan grave creo que no lo pasaría por alto. Sin embargo, no tenemos que asustarnos y pensar que sólo son importantes los grandes acontecimientos para demostrar confianza. Esta se construye en las pequeñas cosas, cotidianas y simples, que van cimentando los lazos de comunicación y de amor mutuo.

Eso es muy importante para criar niños seguros y también para rebajar en gran medida la probabilidad de que les pase algo malo. Nadie está libre, pero un niño al que el resto ve cuidado, y se siente protegido además, es un niño menos propenso a sufrir en silencio dramas terribles que pueden ser físicos y emocionales.

Aquí les dejo otra vez el link para el artículo Cómo detectar un abusador de menores.

La Mamá Oca