¿Crees que el mundo tiene salvación?

Hace unos días me preguntaron por qué había decidido cambiar mi vida profesional y dedicarme al tema del matrimonio y la familia. Y mi respuesta fue tajante: “Porque creo firmemente que sólo la familia salvará al mundo”. Claro, suena a respuesta de candidata a Miss Universo, sobre todo en una sociedad como la nuestra en el que cada vez la familia está más complicada, más difícil de entender y sostener. Sin embargo, haré un intento para justificar esta afirmación basándome en la familia como la primera educadora de virtudes humanas.

David vs. Goliat

Sorprende que hoy, frente a un mega descubrimiento o avance científico, los grandes debates se centren en la ética del uso de estos descubrimientos más que en cómo seguir mejorándolos. Pongamos un ejemplo de manera rápida: existe el proyecto para descifrar el genoma humano. Es algo increíble y que ayudará mucho a prevenir y curar enfermedades genéticas. Sin embargo, también entra en juego la manipulación genética de embriones o, inclusive, temas que contemplan poder transformar a la especie humana como tal mediante la manipulación de genes. Es un tema amplísimo. Sin embargo, algo que puede ser la solución a miles de problemas de salud se ve entorpecido porque existe el “lado oscuro de la fuerza”. Este ejemplo se repite en miles de situaciones más, no sólo científicas sino jurídicas y sociales. Por ejemplo, miles de recursos humanos y económicos invertidos en defender el aborto como una posibilidad de planificación familiar en lugar de utilizarlos en ayudar a las familias que optaron por la vida y que quieren salir adelante. Es la constante y archiconocida lucha del bien frente al mal, donde el mal parece venir como un Goliat frente al pequeño David. ¿Cómo hacer para que esta situación se revierta?

 La familia como primera escuela de ética y virtudes

Cuando analizamos la situación ética de nuestro mundo, parece que nos encontramos frente a una madeja gigante, del tamaño del planeta, que deberíamos desenredar hasta encontrar la punta de la lana. Se siente impotencia. Es un trabajo que parece imposible y que muchos prefieren ni intentarlo. El camino de la confusión está bien asfaltado mientras que el del bien está cuesta arriba y con bastantes piedras angulosas. Y ahí está la labor de los padres: ponernos nuestra ropa de escaladores y empezar a trepar –nosotros primero– por ese camino pedregoso y lleno de espinas marcándoles a nuestros hijos la ruta correcta que, como sabemos, no es la más fácil. Así, cuando lleguen a la cima vamos a tener adultos virtuosos, fuertes y preparados que estarán listos para enfrentar el mundo con sus avances y coyunturas. Y si están bien formados, ya no existirían discusiones de lo que está bien o lo que está mal. Todas las energías se utilizarían solo para lo bueno, para la perfección.

No hay ni habrá ciencia, invento o avance científico que pueda salvar al mundo si estos no son manejados por personas que buscan el verdadero bien de la humanidad. De la otra manera estamos condenados a vivir en un círculo vicioso y luchar contra el gigante del relativismo, materialismo y demás “ismos” que nos molestan. ¿Y quién es la responsable de inculcarle la ética a la sociedad? Pues la familia. Nadie más. Ni el colegio ni el profesor de karate. Estos pueden ser un importante refuerzo, pero no la fuente de la virtud en nuestros hijos.

Ahí mi sustento de por qué sólo la familia salvará al mundo.

 La Mamá Oca

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