Padres que oran

Unknown

Yo creo firmemente que las cosas no pasan por casualidad. Y me ha pasado más de una vez que, al mirar hacia atrás, ato cabos y logro entender el por qué pasaron ciertas situaciones de una manera y no de otra. O por qué una persona equis se me cruzó en el camino en cierto contexto o momento de la vida.

 Por ejemplo, hace unos días estaba caminando por una mini feria de regalos navideños y –miren este link—una compatriota que conocí hace diez años en Austria (trabajamos para la misma empresa austriaca, yo en mi país y ella en la casa matriz) me pasó la voz. Nos pusimos a conversar de varias cosas y no me pregunten cómo terminamos hablando de la importancia de orar por nuestros hijos. Y me recomendó un libro de oraciones para varias situaciones el cuál compré digitalmente sin chistar apenas llegué a mi casa.

 No saben el alivio que sentí. Fue como que me cayó del cielo este encuentro para analizar lo importante que es sentirnos conectados con Dios para que nuestra labor de padres y madres sea algo realmente divino. Los que me siguen hace tiempo se habrán podido dar cuenta que no hago de esta página algo confesional. Al contrario. Me esmero en dar información práctica para conseguir resultados eficientes en la crianza de niños virtuosos. Pero debo reconocer que esta tarea “práctica” debe ir en alianza con Dios para que sea realmente eficiente. Prometo ahondar en temas prácticos sobre este tema espiritual, pero en este post quiero compartir algunas ideas importantes de por qué es importante que oremos por nuestros hijos.

Recuerdo cuando tuve a mi primer bebé, no sé si fue un tema hormonal post parto o qué, pero yo era “doña pensamiento negativo”. No paraba de pensar que si se atoraba, se ahogaba, se moría, se caía, se quemaba, o lo que sea. Y las lágrimas corrían de solo imaginármelo. Cuando lo bauticé, hicimos con mi esposo una oración especial a la Virgen María para encomendarlo. Y ahí me di cuenta de algo: yo no puedo estar encima de mis hijos 24 horas, es físicamente imposible. Pero para Dios y sus secuaces es algo totalmente posible. Así que le dije a la Virgen que le daba a ella el trabajo 24/7 de la maternidad. Y de verdad, si bien no se me fue la esquizofrenia al 100%, debo reconocer que cada vez que rezo y encomiendo a mis hijos me siento aliviada.

 Es que es así: Los hijos son de Dios, y Dios (vale para cualquier religión, ojo) nos da la responsabilidad de criarlos. Y es sólo con El que podemos hacer el trabajo bien. Al orar estamos pidiendo que Dios se manifieste, que ejerza su poder sobre nuestros hijos. Y si lo hacemos con fe, vamos a sentir mucho alivio en la carga de la crianza, en los temores hacia que algo malo les pase. Yo lo veo como contratarles un guardián perenne que los proteja. Eso no quiere decir que nunca les vaya a pasar algo malo, pero estamos dando una cuota extra para que vayan por el buen camino. La mejor tal vez.

 ¿Por qué digo que ese encuentro con mi amiga me cayó del cielo? Porque, debo ser honesta, últimamente ando tan ocupada con todo que se me había olvidado rezar.  Y luego de meditar un poco me di cuenta que estaba muy estresada con todo y con nada, y me faltaba ese espacio en la vida de mirar hacia arriba y “delegar” un poco del peso. Es difícil confiar en que Dios va a hacer lo mejor, sobre todo cuando no hemos sido criados como personas de fe. Pero como todo buen hábito, es algo que debemos practicar constantemente hasta que cale en nuestra vida. Además, está María, que como mamá nos entiende perfectamente. (En algún momento postearé sobre cómo criar a nuestros hijos para que sean hombre de fe y también lo importante que es rezar por nuestra pareja).

Finalmente, interceder por nuestros hijos debe ir de la mano con pedirle a Dios que nos enseñe a ser buenos padres, ejemplo y guía para nuestros hijos, que nos dé las herramientas de crianza correctos. Pedir que aumente nuestra fe también debe estar en nuestra lista. Y si somos abuelitos, tíos o familia, también podemos orar por los otros niños que queremos. Es el mejor regalo que les podemos dar.

La Mamá Oca