¿Y los padres de los matones?

bullying

Desde hace varios días circulan las terribles imágenes en las que unos chicos, liderados por un menor de edad llamado Alonso Siverio, golpean a otras personas o se burlan de ellas sin piedad. La indignación en Lima es tal ante esta situación sin control que, inclusive, están organizando un plantón frente a la casa de este joven para darle su merecido. Más allá de lo realmente injusto que podemos ver en estas imágenes –que sí, provocan mucha ira y deseos de venganza– debemos, como padres, evaluar qué ha pasado en este caso. Si bien es muy complicado dar diagnósticos o juzgar la situación familiar de estos adolescentes sin conocerla directamente, de manera superficial podemos deducir que son chicos que han crecido sin límites ni normas y, lo más terrible, sin afectividad. La palabra amor, respeto y empatía no se deben haber mencionado en esos hogares ni por casualidad. ¿Cómo así, sino, podemos ver tales actitudes de crueldad y desparpajo en unos jóvenes que deberían estar viviendo la edad más feliz de la amistad y buenos momentos? Alguien no les dio el mensaje correcto. Alguien no se ha preocupado de mostrarles el camino de los valores positivos. Ese alguien, de hecho, han sido sus educadores más cercanos.

Deseo de venganza

Si navegan un rato leyendo los comentarios vinculados a este tema, el sentimiento que prolifera en el ambiente es de venganza, de «justicia», de darle su merecido a este tal Alonso y a sus secuaces quienes, de hecho, no son muy inteligentes tampoco, ya que grabar y subir estas escenas no sólo demuestra brutalidad en sus actos sino en sus razonamientos.

No puedo negar que he tratado de ser objetiva en el tema con mucha dificultad porque poniéndome en ambas situaciones, como madre de la víctima o del victimario, las dos me hacen sentir impotencia y generan en mí un gran cuestionamiento. Y, lo más terrible es que, como siempre, éste es un simple botón de las atrocidades que suceden a diario no sólo en la calle, sino también en los colegios y las redes sociales. Ya no es novedad leer noticias de jóvenes que se suicidan por sufrir algún tipo de abuso psicológico o físico, presencial o cibernético. Ni de padres que tildan de «travesuras» a las patadas de sus hijos.

¿Qué podemos hacer los padres desde nuestra pequeña trinchera que es nuestro hogar? Creo que nuestra tarea principal es mirar de cerca a nuestros hijos. No sólo para ver si es que están siendo víctimas sino también si es que están abusando de alguien o siendo testigos/encubridores. Recuerden que el bullying tiene estos tres protagonistas. Otra de nuestras misiones es educarlos en la empatía, en el ponerse en el lugar del otro, en salir de sí mismos para preocuparse por los demás. Si pensamos que éste es un aspecto importante de su educación, por más que nos cueste, el caso de Alonso Siverio nos puede servir de ejemplo para enseñarles, desde la empatía, lo terrible que es ser una persona como estos chicos, haciéndoles entender no sólo las consecuencias sociales sino también morales que esto trae, ya que actuar de esa manera es simplemente deshumanizarse.

Finalmente, la prudencia y la justicia son virtudes esenciales para el desarrollo de la empatía y éstas no se enseñan de un día para el otro. Sin embargo, sí no se han inculcado desde la más tierna infancia serán una gran carencia a partir de los 16 años, edad en la que el ser humano ya está en plena capacidad para ejecutarlas a través de sus actos.

Y sí, por más que nos cueste, este caso es una oportunidad para enseñarles a nuestros hijos a no ser vengativos, a no generar odio por el otro, a entender cómo se generan problemas de esa magnitud y mostrarles el camino correcto para denunciarlos y obtener una verdadera justicia que no es, por cierto, que mil personas vayan a patearle el trasero al chico en la puerta de su casa (que seguramente ya no debe estar ni en el país). Eso no es prudente ni justo.

La Mamá Oca