María: nuestro modelo de madre

Cuando nos convertimos en madres nuestra vida cambia. Y lo hace a una velocidad y de una manera que nadie lo puede entender hasta que tiene un hijo. Nuestro corazón, acostumbrado a amar al otro como alguien externo, fuera de nosotros mismos, de repente, se ve aprisionado por un amor al comienzo incomprensible, lleno de dudas y temores. El miedo a perder este pedazo de nuestra carne, o a que le pase algo terrible, es hasta paralizante. Y desde que nuestro primer bebé es puesto en nuestros brazos, nuestra vida y nuestro corazón quedan empeñados por él y por los demás hijos que vengan. Sus alegrías serán más fuertes que las nuestras. Sus éxitos, por más pequeños que sean para el mundo, serán para nosotros más grandes que cualquier disco de Los Beatles. Y su dolor y penas se incrustarán en el más fondo de nuestra alma como si fuera a nosotras al que nos está pasando el problema. Y en este camino lleno de cosas buenas, otras malas y, Dios no quiera, hasta terribles, ¿en quién nos podemos apoyar las madres para obtener fuerza, paciencia, sabiduría y, sobre todo, mucho amor? ¿De quién podemos aprender a ser la madre más humanamente perfecta? En este mes de la madre, la vida de María, la Madre, debe inspirarnos no sólo como modelo de vida sino también como compañía y fuente de todo eso que necesitamos para criar y guiar a nuestros hijos. También como ejemplo para aceptar lo que de ellos venga, tanto bueno como malo.

El Vía Crucis de María

María, desde que le dijo sí al Ángel Gabriel, empezó a vivir su propio Vía Crucis. Una adolescente embarazada que tuvo que escapar de quien quería asesinar a su hijo, dando a luz en un establo y sabiendo que criaba a alguien especial, que no le pertenecía y que debía, en algún momento, pagar la culpa de la humanidad. Y no sólo crió a este bebé como toda madre, sino que lo acompañó hasta el pie de su cruz. Ella no era Dios, ella era humana y tuvo que sufrir como cualquiera de nosotros lo hace cuando ve a un hijo enfermo, en problemas o muriendo.
Realmente es muy complicado ponerse en su lugar cuando todo va bien con nuestra familia. Por eso debemos ser agradecidas cuando nuestra vida está llena de salud y buenos momentos. Y aún en esos momentos de alegría, no debemos olvidar de rezar y pedirle a María que nos siga protegiendo y bendiciendo. Sin embargo, hay muchos que no tienen esa dicha y viven días muy difíciles y dolorosos. María es la fuerza que nos debe inspirar, consolar y refugiar. Mirarla a ella para pedirle gracia y serenidad si es que estamos afligidos por enfermedades. Sabiduría y paciencia si tenemos problemas de comportamiento en nuestros hijos o para que nos ayude siempre en el camino de su crianza.No debemos olvidar que María es la madre de todos nosotros. Ese fue uno de los regalos más grande que nos dejó Jesús cuando estaba muriendo en la cruz. No sólo perdonarnos los pecados sino darnos para siempre a su Madre para que nos cuide e interceda por nosotros. Y como toda madre, María está al pie del cañón esperando que la busquemos para acompañarnos y guiarnos en todo lo que necesitemos.

La Mamá Oca

Artículo adaptado del original, publicado en Catholic-Link en español.