Si bien algunos pueden nacer con una mayor predisposición a ser más optimistas que otros, el optimismo es una virtud y, como toda virtud, es algo que se educa. La virtud es un hábito y, por lo tanto, exige repetición y entrenamiento. Por eso, cuando uno hace un trabajo serio para ser una persona cada vez más virtuosa, el tiempo se convierte en el mejor aliado. A más edad, más arraigadas las virtudes. Por lo tanto, con esta premisa clara, podemos afirmar que los abuelos, al ser la generación en la familia con más años de experiencia, pueden convertirse en importantes educadores de esta virtud entre los más jóvenes. ¿Cómo potenciar, entonces, esta gran oportunidad formativa?

Ser optimista es ser realista

En primer lugar, se debe tener claro qué es el optimismo. Existe la falsa idea de que el optimista es esa persona que sonríe todo el día, que siempre ve todo positivo a pesar de que los hechos le demuestren lo contrario. Un ejemplo de un supuesto optimista puede ser aquel que, a pesar de que todos los pronósticos dicen que lloverá, sale sin paraguas pensando que no será así, para terminar, obviamente, empapado. También se confunde el optimismo con el creerse un súper hombre, que confía tanto en el poder del deseo positivo como única fuerza, que pierde de perspectiva sus propias posibilidades o las contrariedades del contexto.

El optimista tampoco es el que simplemente ve el vaso medio lleno en lugar de medio vacío. Es mucho más que eso. Es alguien que confía de manera razonable en sus propias posibilidades y en las de los demás, por lo que es capaz de distinguir lo que es positivo, las posibilidades de mejora, las dificultades que se oponen a esa mejora y los obstáculos. Con esta información aprovecha lo que se puede y afronta lo que no, pero con alegría. Un optimista es realista y busca lo positivo sin centrarse en las dificultades o viendo las oportunidades que éstas pueden ofrecer.

Los abuelos y el optimismo

Una persona mayor tiene gran capacidad para vivir esta virtud pues su rica y variada experencia de vida, su capacidad para aprender incluso de su errores, lo dotan de una madurez particular. Y ésta es muy necesaria para, por ejemplo, saber discernir entre lo positivo y lo negativo, entre lo que se puede aprovechar y lo que se debe afrontar sin caer en dramatismos estériles.

Además, con los años, se aprende a valorar lo mejor y buscar lo positivo de cada persona, y a no tacharla por un defecto o una conducta que no gustó en algún momento. Es decir, se aprende a confiar (o a desconfiar) razonablemente en los demás.

Un abuelo puede enseñarle a un niño a diferenciar lo que es importante de lo que es secundario, lo que es imprescindible de lo que no lo es. El abuelo, gracias a esta experiencia de primera mano basada en el ensayo y en el error, sabrá guiar a sus nietos en diferenciar qué les debe quitar el sueño de lo que no, ayudándolos a distinguir lo que es aprovechable, con el fin de optimizarlo, sin sufrir de más, ni sentirse abatido. Sobre todo por cosas sin importancia vital.

Por otro lado, los niños y los adolescentes que experimentan el fracaso —parte ineludible del aprendizaje en la vida— necesitan muestras concretas de comprensión y cariño. Y a veces los padres, por el ritmo laboral y el poco tiempo, no pueden dar el apoyo emocional necesario para ayudarlos a procesar esas experiencias. Los abuelos tienen un gran potencial para ayudar a sus nietos en este desafío. Lo ideal no es convencer al chico de que está haciendo algo bien cuando no es así. Pero se puede generar, desde el juego, el ocio o el cuidado, muchas situaciones para que el pequeño o el joven pueda aprender, aumentando y fortaleciendo la confianza en sí mismo.

Algunos consejos para los abuelos en la educación del optimismo

  • Crear situaciones adecuadas para que los chicos vivan con alegría ya que es en este ambiente donde hay más probabilidades de descubrir lo positivo. Un abuelo con sentido del humor, además, tiene una ventaja pues enseña con el ejemplo que el buen humor permite asumir la responsabilidad de la propia vida sin sentirse abatido.
  • Mediante el diálogo los abuelos pueden ayudar a que los más jóvenes se conozcan mejor para que sean realistas sobre sus capacidades, con el fin de aprovecharlas al máximo, y sobre sus limitaciones, para comprenderlas en el marco de una sana autoestima. Los chicos necesitan ayuda para conocerse y no infravalorarse o sobrevalorarse.
  • Los abuelos deben centrar su atención en lo positivo de sus nietos para que ellos ganen confianza en lo que son capaces de hacer.
  • Mediante el juego los abuelos pueden crear situaciones para que aquellos nietos que suelen fracasar más seguido tengan oportunidad de tener éxito, superándose y aprendiendo de sus errores. Así los ayudarán a tener más confianza en sí mismos.
  • Los abuelos, al tener más experiencia en la formación de personas, pueden darle más espacio a sus nietos para que hagan cosas solos cuando la ayuda no es necesaria. Cuando se sobre protege, se limita, y se le puede hacer creer a los chicos que pueden más de lo que realmente son capaces ya que reciben más ayuda de la necesaria para obtener logros. Los padres pueden caer con más facilidad en este error, algo que los abuelos pueden corregir perfectamente.
  • Como los abuelos, normalmente, no tienen que atender a todos los nietos al mismo tiempo, pueden aprovechar la exclusividad de la relación con cada uno para que se sientan auténticamente importantes. Esto se puede lograr no sólo jugando o en momentos de ocio, sino también pidiéndoles que ayuden con cosas relevantes. Así sentirán que colaboran con su abuelo y sentirán la satisfacción del trabajo bien hecho.
  • Los abuelos deben enseñar a los más jóvenes a que pidan la ayuda necesaria para realizar sus proyectos. Esto se puede conseguir, por ejemplo, cuando se hace una tarea escolar.

Los abuelos sienten un amor muy grande por sus nietos. Y el sentirse amados es el elemento clave para que los chicos crezcan seguros y confíen en sí mismos, a pesar de las adversidades y errores que se puedan cometer. El amor no es un detalle. Es lo principal. Así que lo que no se pueda transmitir con técnicas o acciones concretas, se podrá hacer perfectamente mostrando un amor incondicional a cada uno de los más jóvenes de la familia. El amor de un abuelo es, en la gran mayoría de casos, un amor personal, es decir, generado sólo por la existencia de cada uno de los nietos, más allá de lo que ellos puedan lograr en la vida. Un abuelo ama a su nieto porque es. Y esa, sin duda, es la más genuina muestra de optimismo.

La mamá oca

Artículo escrito originalmente para el Blog Piensa Profuturo.

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