En un post anterior señalamos algunos beneficios de la relación entre abuelos y nietos tanto en el plano emocional como en el afectivo, el conductual y el simbólico. En este último —el simbólico— existe un aspecto muy importante que en estos días desafortunadamente, y debido a múltiples factores, se va dejando de lado: la transmisión de la cultura y de las tradiciones familiares.

La famosa receta de la abuela

 Más de uno ha crecido atesorando recuerdos familiares que lo hacen retroceder a algún momento feliz de la infancia. Puede ser una fotografía, un adorno, un olor o la famosa receta de algún suculento plato que nuestra abuela hacía mejor que nadie. Puede ser la manera de celebrar la Navidad o el Día de la Madre o ciertas rutinas familiares como almorzar en familia el día Domingo. Todo esto es lo que se conoce como tradiciones familiares: ese grupo de valores y costumbres que tiene cada familia, que se transmite de generación en generación. De hecho, algo muy valioso.

Sin embargo, la velocidad con la que se vive en la actualidad, las distancias, el tráfico en las grandes ciudades, la escasez de tiempo, la sobreabundancia de actividades en los más jóvenes, la invasión de la tecnología que ha reemplazado el encuentro personal, entre otras tantas causas, hacen que la tradición no sólo no se transmita, sino que no se valore como antaño. Hoy se cree que la receta de la abuela no es tan importante porque se pueden encontrar miles “iguales” en Internet.

Pero aceptar esta inercia puede llevar a un error irreversible. Porque las tradiciones familiares no sólo son recuerdos sino que son parte de la identidad familiar y como tales favorecen el bienestar emocional de los niños. Les brindan un ambiente de seguridad y un sentido de continuidad e identidad. De hecho, las familias que poseen tradiciones establecidas suelen tener lazos más fuertes entre sus miembros.

Los abuelos y la historia familiar

Hablamos de transmisión de cultura intergeneracional. ¿Quiénes sino los abuelos están más cerca del pasado de la familia para poder cuidar y contar lo que hacían nuestros antepasados? Este rol no es algo de siglos recientes. Históricamente, este papel del abuelo ha sido característico en diversas tradiciones religiosas y culturales. Por ejemplo, en la judeo-cristiana, Abraham, preocupado por la posteridad de su linaje y de sus creencias religiosas, mandó a su hijo Isaac a que se casará con una mujer de la familia, lo cual hizo. Jacob, hijo de Isaac y nieto de Abraham, se convirtió en el líder fundador de las doce tribus de Israel con su descendencia, en las cuales pervivieron y se preservaron las tradiciones y valores de sus antepasados.

Como se puede ver con este ejemplo, la potencia de la transmisión de las tradiciones familiares para la unión y la fortaleza de una familia —y su repercusión social— es muy grande.

Cuando un abuelo se preocupa por este aspecto educativo de sus nietos, aprende a ser uno más de la familia ya que le da continuidad y estabilidad al linaje. El abuelo se convierte en un punto firme de apoyo que da seguridad y autoridad a la familia. Esto se logra a través de la transmisión no sólo de valores, sino también del folclore y hasta de la cultura popular (las canciones o los juegos). Así, el abuelo se convierte en un puente entre las generaciones y en un punto de referencia común.

¿Es este rol del abuelo, de transmisor de tradiciones, algo imprescindible? Por supuesto que sí. Sobre todo en una sociedad como la actual en la que a cada segundo se corre el riesgo de que lo tradicional o lo verdadero sea reemplazado por lo que está de moda. Las fronteras han ido desapareciendo de tal manera que a un adolescente peruano le puede influir más lo que pasa en Estados Unidos que lo que sucede en su propio país. Si a esto se le suma que muchas estructuras sociales —la economía, la educación, el trabajo, la política, la diversión, etc.— contribuyen enormemente a perder la individualidad y a que todo se vuelva homogéneo, perdiendo la riqueza de lo único e irrepetible de cada persona y de cada familia, el papel del abuelo es no sólo importante sino también urgente para preservar la identidad familiar.

El abuelo debe recobrar la importancia que tenía tradicionalmente en el grupo familiar. Tiene una responsabilidad muy grande en la educación de sus nietos, convirtiéndose en una figura de referencia a quien consultar sobre el presente y sobre el pasado. No sólo es una fuente de información, sino también un miembro de la familia que por su experiencia de vida puede ofrecer los recursos necesarios para forjar una identidad firme, sustentada en lo que durante siglos ha sido el ámbito más importante de formación humana: la familia y sus valores.

La Mamá Oca

Artículo publicado para el Blog Piensa Profuturo. Lima, 2016.

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