Las culpas e inseguridades de una madre

 

Es tan natural en nosotras, las mujeres, el no estar satisfechas con lo que somos, el siempre buscar más, el querer ser perfectas, que a veces no nos damos cuenta que esta búsqueda interminable es una angustia que nos pertenece sólo a nosotras. Nuestra familia es feliz con tan sólo tenernos. Pero nos cuesta aceptarlo. Ser humildes. Decir sencillamente: así soy y, si bien no soy perfecta, merezco que me amen con mis defectos y virtudes. No estoy diciendo aquí que perdamos estas ganas de ser mejor. Al contrario. Nuestros hijos siempre valorarán esta lucha en nosotras. Pero también debemos aceptarnos, amarnos y disfrutarnos.
No seamos tan duras con nosotras mismas. Veamos cuáles son nuestras reales virtudes y nuestras reales oportunidades de mejora. No tratemos de ser alguien más. Nuestros hijos nos aman así: gorditas, flaquitas, altas o bajas, morenas, rubias o castañas. Si somos buenas mamás, los amamos sobre todas las cosas y representamos un buen ejemplo de ser humano para ellos, no nos querrán cambiar ni por la modelo más cotizada del mundo. Disfrutemos de ese privilegio. Que no nos agarre desprevenidas el fin sin haberlo hecho.

La Mamá Oca

Foto: www.freedigitalphotos.net

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