La Rosa y la Espina

la rosa y la espina
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Como escribí en mi ultimo post, La importancia del crecimiento personal en la tarea de ser padres, es vital para la educación de nuestros hijos que ellos aprendan a ser reflexivos, que sepan reconocer sus sentimientos para que cuando se tengan que enfrentar una situación sepan detectar qué están sintiendo o qué los mueve a actuar de una u otra manera. Eso es la inteligencia emocional. Por ejemplo, algo que se confunde mucho es la tristeza con el enojo, o la depresión con el cansancio, o estar asustados con la angustia. Pero si nosotros les enseñamos a nuestros hijos a identificar sus sentimientos los estamos ayudando a tener herramientas para tomar decisiones correctas hoy y en el futuro.

Otro ejemplo de actuar sin reconocer los sentimientos es cuando uno se “enamora”. ¿Cuántas veces hemos visto o vivido relaciones en las que la pareja no se lleva bien y siguen juntos? Y nos da más cólera cuando es nuestra hija de 15 años la que juega el papel de tonta…Pero, ¿le hemos enseñado a identificar el aburrimiento y la soledad con el hecho de “estar enamorada”? Muchos adolescentes vuelcan su inseguridad en relaciones vanas que no les lleva más que a perder el tiempo. Claro, es parte de ser inmaduros. Pero yo también he visto muchos chic@s que desde muy jóvenes saben escoger con quién pasar un tiempo importante de sus vidas, pasándola genial y muchas veces llegan hasta el matrimonio.

Pero, ¿cómo enseñarles a identificar sentimientos? Hay muchas maneras y juegos pedagógicos, cuentos y demás herramientas, para diferentes edades. Pero hay una que a mí me encanta para niños más pequeños que se llama “La rosa y la espina”. Es genial porque lo único que se necesita es un poco de tiempo.

 ¿De qué se trata?

Todas las noches, a la hora de acostarse (antes o después del cuento y/o rezar) jugamos este juego con mis hijos. Cada uno de los presentes en la escena, incluyéndome a mí o al papá, debemos contar a los demás qué fue lo que más nos gustó en el día –la rosa— y qué es lo que nos gustó menos –la espina. Y claro, hay que dar un por qué nos gustó o no nos gustó.

De esa manera podemos ayudar a nuestros hijos a identificar sentimientos, guiándolos en una conversación amena, analizando el día y conversando un poco sobre lo qué les pasa. Ellos nos pueden decir: “Lo que menos me gustó del día fue que Juanito me hizo una broma fea”. Ahí podemos preguntar: “¿De qué fue la broma?  ¿Qué sentiste?”. Nos pueden decir que sintieron, por ejemplo, tristeza porque les provocó pegarle muy fuerte. Y nosotros podemos preguntarle si se les aceleró el corazón, si sintieron algo en la garganta, o la boca seca, o les tembló las piernas. Si vamos identificando las señales, al final les podemos decir: “Eso que sentiste no es tristeza sino rabia. Estabas molesto”.  Y así les vamos enseñando a conocer las manifestaciones de las emociones para que poco a poco las vayan identificando.

Es un momento para que también nosotros, como padres, podamos detectar si hay problemas, si hay algo que les está molestando en el colegio o con los amigos, y profundizar sobre esos temas, prestando un poco de atención para ver si sufren de bullying, o están haciéndolo; si hay problemas con algún profesor, etc.

También puede ser una técnica con los hijos mayores, a la hora de comer, por ejemplo, que cada uno también cuente qué tal le fue e identificar los momentos “críticos” positivos y negativos del día.

Finalmente, esta técnica ayuda además:

–       Enseñar a expresar sentimientos.

–       Enseñar a escuchar al otro.

–       Generar e incrementar la confianza con los padres.

–       Aprender de las experiencias de los demás.

–       Hacer que nuestros hijos se sientas amados, atendidos y escuchados.

Muy recomendable. Los invito a probarlo.

La Mamá Oca