La importancia del crecimiento personal en la tarea de ser padres

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Desde que me convertí en madre me he vuelto más reflexiva. Cuando era soltera  debo reconocer que pase muchas etapas de mi vida por encima, sin pensarlas, desmenuzarlas y, quizás, sin sacar de ellas ninguna lección importante por falta de interés. Tanto así que hay lugares que he visitado en viajes que ya ni me acuerdo, porque seguramente tenía la mente en otros temas que no me dejaron vivir el momento a plenitud.

Pero ahora sí me detengo a pensar mucho y mientras más crecen mis hijos me voy enfrentando a situaciones que requieren mayor análisis y toma de decisiones. Y no hablo solo de cosas que nos pasan a nosotros, sino de experiencias ajenas que me hacen cuestionar mi propia vida y el tipo de educación que les doy y quiero dar a mis niños. Claro, a esta situación debo sumarle la participación de mi esposo cuando comparto con él lo que pienso.

Les comento esto porque creo que gran parte de los problemas morales y psicológicos a los que nos enfrentamos hoy en día como sociedad están basados en la falta de reflexión y a lo cobardes que somos al momento de enfrentar situaciones difíciles. Como si el hecho de esquivar lo duro o doloroso hiciera que desapareciera… cuando lo único que estamos logrando es posponerlo para luego lidiar con ello…y con intereses.

Y lo que es peor: les estamos transmitiendo a nuestros hijos esta misma desidia ya que nosotros somos sus principales maestros y modelos a seguir.

Por eso estoy convencida que el trabajar en nosotros mismos como seres humanos, buscar ser mejores cada día, enfrentar nuestros errores y tratar de corregirlos, en resumen, buscar ser cada día más virtuosos, es una tarea que debemos imponernos como parte de nuestro plan educativo.

Y no debe haber pretextos de falta de tiempo o ganas, ya que el tratar de ser mejor debe estar en las grandes y pequeñas cosas cotidianas. Por ejemplo, si no queremos que nuestros hijos tengan problemas alimenticios, debemos pensar si nosotros estamos haciendo bien la tarea: ¿Estoy con sobrepeso? ¿Estoy comiendo sano? ¿A mis horas? ¿Me estoy ejercitando? ¿Estoy comiendo con ellos algunas veces para enseñarles? Les aseguro que predicar con el ejemplo es mil veces más efectivo que luego tener que lidiar con nutricionistas o psicólogos. Lo mismo sucede con los valores más potentes: ¿estoy diciendo la verdad o mis hijos me escuchan cuando le digo a alguien por teléfono que en este momento no puedo atenderlo porque estoy ocupadísimo y no es cierto? ¿Estoy siendo generoso con mi familia, no sólo a nivel material sino también con mi tiempo? ¿Estoy siendo justo cuando hay una pelea entre mis hijos? ¿Estoy diciéndole a mi pareja que es lo más importante y lo estoy demostrando? ¿O al final tomar un trago con mis amigos luego del trabajo es más importante que llegar a casa a comer con mi esposa y mis hijos?

Todos tenemos derecho a equivocarnos, a caernos mil veces y sufrir en el intento. Lo que no debemos hacer es dejar de luchar por ser mejores, por no caer en nuestros vicios y por ser el mejor ejemplo para nuestros hijos. Y a ellos también hay que enseñarles a reflexionar, a pensar en qué han hecho bien o qué han hecho mal y el por qué de estos actos (la parte del por qué es básica). Un niño que aprende a pensar y a cuestionarse va a hacerlo el resto de su vida. Y eso es casi una seguridad de que tendremos un adulto sensato y sereno que sabe guiarse en la vida por mecanismos certeros y pensados, y no por emociones desbocadas que llevan a la mala toma de decisiones y que pueden resultar en empeñar hasta la felicidad propia y de su futura familia.

Trabajar por nosotros mismos no es una tarea que debe pasar ligera en nuestra agenda diaria. Pasar por encima en la vida no es posible. Porque tarde o temprano esos fantasmas de los cuales nos corrimos aparecerán. Y es mejor lidiar con ellos cuando se parecen más a Gasparín que cuando se convierten en Freddy Krueger. Y sobre todo, pensemos que todo lo que hacemos, bueno o malo, es un legado para nuestros hijos. Qué mejor motivación que ellos para ser mejores cada día.

La Mamá Oca

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