La empatía: un valor imprescindible

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 Hace unos días vi la película “El gran Gatsby” pero la versión original, protagonizada por Robert Redford y Mia Farrow.  Y lo primero que me llamó la atención fue una frase que dice el narrador de la película (es más, es la primera que se dice en el filme): “Mi padre me dio un consejo que no me deja de dar vueltas en la cabeza. Me dijo: Antes de criticar a alguien recuerda que no todos han tenido las mismas ventajas que tú”.

Gracias a este mensaje me quedé pensando en todas las veces, que no son pocas, en que nos tomamos la libertad de juzgar a los demás fácilmente, sin tomar en consideración más que una mirada superficial de los hechos.  Y es una pésima costumbre que está arraigada sobre todo en sociedades como las nuestras, en las que mirar de arriba a abajo a la gente se puede considerar normal, y la soltura de la lengua para hablar del otro es un deporte nacional. Inclusive, la mayoría de programas de entretenimiento se basan en los chismes, en los “ampays”, en el meterse en la vida ajena por pura diversión.

Esto me lleva, por lo tanto, a hablar de cómo este hábito, como la gran mayoría, es presenciado por los niños y poco a poco van también adoptando esta mala actitud que daña no sólo al de quien se habla mal, sino también a quien habla.

Recuerdo que un amigo me contó que cuando él era chico, estaba de la mano de su mamá quien hablaba con la tía X. Y él no paraba de mirarle los pies a la tía. Hasta que no aguantó y le dijo a su mamá, a voz en cuello: “Mamá, pero la tía X no tiene las patas de gallo como tú me dijiste”. Puede ser una anécdota graciosa, pero es un claro ejemplo de lo que se puede generar. Y lo más grave del asunto es que no estamos inculcando en nuestros hijos un valor tan importante como es la empatía, algo que los ayudará a ser buenas personas y a lograr más fácil la felicidad.

 ¿Qué es la empatía y por qué es importante?

La empatía es la capacidad de darse cuenta de lo que siente el otro, sin que nos lo diga. En su libro ¿Emocionalmente inteligentes?, Amparo Catret dice: “Para educar la empatía es imprescindible enseñar a los niños a vivir pendientes de los demás: sus padres, sus hermanos, sus compañeros. Facilitarles el modo de “mirar” a los que le rodean de tal modo que se den cuenta de cómo se sienten, cómo están, si están pasando un mal momento”.

La empatía es imprescindible para su futuro familiar y profesional porque les va a permitir ser más humanos, menos egoístas y preocuparse por los demás que, de hecho, es una de las maneras en las que llegamos a ser felices: saliendo de nosotros mismos para entregarnos a los demás para también hacerlos felices. La empatía evita que seamos egoístas, uno de los peores antivalores que puede tener un ser humano –yo siempre he pensado que el egoísmo es el opuesto al bien, ya que es por egoísmo que el hombre comete los más grandes errores en su vida.

Me ha encantado este tema por lo que también pienso ampliarlo en posteriores posts.

 Nuestro rol como padres

“La habilidad para empatizar se potencia como cualquier habito repitiéndolo con constancia. Es imprescindible que los educadores se esfuercen en ser modelos idóneos de empatía: que sepan escuchar, que descubran qué sienten sus hijos, que se interesen por los sentimientos, que tengan una escucha activa, que deseen profundamente resolver sus conflictos”, dice Catret.

Está claro que la empatía es algo que no debemos descuidar. La empatía evita el bullying, la burla, el desinterés por el resto. Y así suene cliché, si queremos una mejor sociedad, nosotros debemos criar generaciones más sensibles, menos egocéntricas que sepan practicar el “Ama a tu prójimo como a ti mismo” o el “No le hagas al otro lo que no quieres que te hagan a ti”.

Los invito a reflexionar y a hacer el ejercicio de estar alertas a las veces que no somos empáticos para ir mejorando. Nuestros hijos lo necesitan.

 La Mamá Oca

 Foto: www.freedigitalphotos.net