La diferencia entre papá y mamá

Así las feministas radicales y los eternos inconformes se desvivan por sostener lo contrario, las mujeres y los hombres somos distintos. No por temas de imposición social ni cultural, sino simple y llanamente porque así es la naturaleza. Basta mirar nuestros cuerpos. Quien no ve la evidencia indiscutible, le está buscando tres pies al gato. Y ser hombre o ser mujer no sólo nos marca a nivel fisiológico sino también en el psicológico y espiritual.

Siendo un poco superficial y sin detenerme en las individualidades, me atrevo a hacer una descripción general de ambos sexos. Las mujeres tendemos más al sentimentalismo, hacemos mil cosas a la vez, tenemos intuición, miramos detalles, podemos tener bebés y amamantarlos. Y ni les digo de nuestra fuerza interior (y exterior también). Dios fue sabio en no poner a los hombres a dar a luz. ¿O no? No me puedo ni imaginar al Señor Oca en esas labores. Cuando tiene 36.9 de fiebre se echa a morir. ¿Se imaginan en trabajo de parto? ¿En recuperación de cesárea?… Perdón, he tenido que hacer una pausa al escribir este texto para recuperarme del ataque de risa.

Los hombres son más prácticos, miran objetivamente las situaciones, no se desbordan, pueden ser más fríos, con los hijos son directos y educan sin temor a traumarlos. Esto hace que cuando las mamás volamos en emociones con los chicos, los papás pongan el cable a tierra y todos podamos seguir caminando. Pueden dejar que los chicos se mueran de frío sin inmutarse. Normalmente somos las mamis las que cargamos las chompas por todos lados, por si acaso, así estemos veraneando en el Caribe.

Estas son algunas de las miles de diferencias entre hombres y mujeres. ¿Esto hace que uno de los sexos sea mejor o superior al otro? Absolutamente no. Y no aceptar estas grandes diferencias que se complementan, o pretender que desaparezcan, es una de las principales causas de que millones de matrimonios se destruyan y, con ellos, la familia. No hay que creérsela. Y si están jugando este partido, cojan su pelota y váyanse de la cancha.

El gran secreto para que un hijo crezca en equilibrio, sin emociones desbordadas o sin corazón de acero, está en que lo eduquen estas dos especies tan distintas, tan completas cada uno en sus diferencias: hombre y mujer. Cada uno aporta un universo riquísimo a los hijos y es un terrible error pretender que el papá sea como la mamá y que la mamá pueda actuar como el papá.

¿Queremos hijos realmente felices? Permitámosle aprender y absorber cómo es papá y cómo es mamá. ¿Cómo un niño podrá ser un buen esposo si no tiene clara la diferencia? ¿Cómo una niña podrá ser buena madre y esposa si quiere ser como un hombre?  Si a nuestro esposo no le gusta cambiar pañales, no pidamos el divorcio. Veamos cómo abraza a nuestra hija y le enseña lo que debe esperar de un verdadero hombre, que la ama y la respeta por ser mujer más que nada en el mundo. Por ser única y especial. Eso hay que mirar. Y ustedes, hombres, si su esposa habla mucho y les cuenta hasta el último detalle, no la callen. ¿Quién sino le pone emoción a las historias familiares? ¿Quién les va a enseñar a sus hijos que expresar sus sentimientos está bien?

¿Cómo aprenden los niños y las niñas a aceptar al sexo opuesto como distinto pero genial? Con nuestro ejemplo. No privemos a nuestros hijos de esta gran riqueza. Hagamos un esfuerzo.

Y para graficar divertidamente las diferencias, este video es muy simpático.

 

La Mamá Oca

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