La civilización del espectáculo: un breve análisis para padres

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Estoy leyendo “La civilización del espectáculo” de Mario Vargas Llosa. Y si bien no es un libro sobre pedagogía, hay algunos aspectos que me inspiraron y que quisiera compartir con ustedes porque creo que se pueden aplicar perfectamente a la educación de nuestros hijos.

En primer lugar, y de manera MUY RESUMIDA, este libro es un ensayo sobre la situación de la cultura –tal como se conoce tradicionalmente—en la actualidad. Entre múltiples ideas, el autor señala que hoy en día vivimos en un mundo donde “el primer lugar en la tabla de valores vigente lo ocupa el entretenimiento, y donde divertirse, es la pasión universal”. Y si bien dice que no está mal que alguien se quiera divertir “convertir esa natural propensión a pasarlo bien en un valor supremo tiene consecuencias inesperadas: la banalización de la cultura, la generalización de la frivolidad y, en el campo de la información, que prolifere el periodismo irresponsable de la chismografía y el escándalo”.

 ¿Cómo relaciono estas ideas a la educación de mis hijos?

Si intento plasmar todas las ideas y cuestionamientos que surgieron al empezar a leer este libro, necesitaría muchas páginas. Sin embargo, en esta ocasión quiero compartir algunas que me vinieron a la cabeza: ¿Estoy enseñándole a mis hijos a reflexionar, a que aprendan a hacer un poco de introspección, a que piensen un poco más allá de lo que les presenta el día común y corriente? ¿O estamos cayendo, nosotros también, en la vorágine de la velocidad de las cosas cotidianas, de los contenidos superfluos y el estrés del consumismo? ¿Les estoy enseñando que la diversión no lo es todo, que la búsqueda de “placeres fáciles y rápidos” es querer “huir del vacío y de la angustia que provoca el sentirse libre y obligado a tomar decisiones como qué hacer de sí mismo y del mundo que nos rodea”?

Y, claro, parte de lograr que los chicos se conecten con ellos mismos está en enseñarles, “a la manera antigua”, la cultura, la reflexión, el cultivar la mente y el espíritu.

 ¿A qué me refiero con cultura?

Desde los libros clásicos hasta la pintura, pasando por la música, por ejemplo. Y no hablo de cumplir con nuestra dosis cultural poniéndoles su cd de Baby Mozart, sino el sentarnos a mirar, a escuchar, a compartir con ellos. Que aprendan a que detenerse un rato a pensar sobre las cosas es bueno. Que aspiren, de cierta manera, a transcender mediante sus actos.

¿Se han dado cuenta que el concepto de “transcendencia” no está muy de moda”? Hoy todo es descartable, se usa, se bota, se consume y se pasa al siguiente producto como si nada. Como dice MVLL, y me parece que se debe pensar en ello: “…la publicidad y las modas que lanzan e imponen los productos culturales en nuestro tiempo son un serio obstáculo a la creación de individuos independientes, capaces de juzgar por sí mismos qué les gusta, qué admiran, qué encuentran desagradable y tramposo u horripilante en aquellos productos”.

Esto es algo que como padres nos estamos enfrentando en nuestro día a día. Y estoy segura que debe preocuparnos y hacer algo al respecto.

¿Qué propongo?

Pretender aislarnos del mundo actual es inaudito. Criar hijos que no sepan usar internet o un video juego no sé cuán bueno puede ser para ellos en el momento en que abran sus alas y salgan de nuestro nidito de cristal. Sin embargo, sí es nuestra responsabilidad enseñarles y darles herramientas para que sepan sortear la velocidad que les propone el mundo y, al mismo tiempo, sean hombres y mujeres de análisis, con un espíritu fuerte y que sepan escoger lo mejor que les ofrece su sociedad.

Hay tanta información y tan poco tiempo para procesarla que sería ideal que aprendan a apreciar lo mejor, que no caigan en la vorágine, que sepan desarrollar su voluntad y a utilizar de la mejor manera su libre albedrío para conseguir una vida equilibrada y feliz, lejos de las drogas, de los contenidos fatuos que nos ofrece una televisión cada vez más vergonzosa, del amor “light” que no conduce a nada más que a sentirnos solos. Que no caigan en el “vivir para la tribuna” en una sociedad en la que se vive más hacia fuera, para el qué dirán, en el que el triunfo económico es sinónimo de felicidad — a pesar de que todos sabemos que es la mentira más grande que se ha construido y que, sin embargo, no logramos asumir como tal y continuamos cayendo en la trampa.

¿Cómo lograrlo?

No tengo ni la menor idea. Ya que cuando releo lo que acabo de escribir suena tan difícil y utópico, y repetitivo, que me canso de solo pensar el camino que tenemos por delante como padres. Todo el mundo habla de esto, y suena como un mundo ideal que jamás se logrará construir.  Pero voy a soltar 10 ideas que aplicaré en este tiempo en que son chiquitos (y veremos en varios años si me funcionaron):

  1. Escoger los cuentos que leeremos en la noche con cuidado para que tengan contenidos que permitan que los chicos aprendan algo importante.
  2. Detenerme, sobre todo en las noches, cuando están en la cama, a conversar con ellos sobre qué tal su día, qué fue lo que más les gustó, y qué es lo que menos les gustó y por qué.
  3. Que no vean televisión solos, es mejor que estemos algunos de los dos padres al lado para explicarles si es que sale algo “raro”. Y fomentar la discusión si sale algo que vale la pena. Claro está, evitar a toda costa los realities.
  4. Conversar en familia, de manera espontánea, sobre las cosas que vemos. Ya sea en el carro, en el almuerzo, en la comida, en un paseo, etc. Por lo tanto, crear espacios constructivos de conversación e intercambio familiar.
  5. Poner buena música de fondo mientras la vida transcurre en la casa.
  6. Organizar algunos paseos enfocados a temas culturales. Puede ser un museo, por ejemplo. Obviamente no les haremos todo el recorrido, pero que se comiencen a familiarizar con este tipo de actividades para que con los años podamos mejorar dicho acercamiento ya sea a nivel local o en viajes.
  7. Transmitirles mis “mejores pasiones culturales”. Por ejemplo, a mi me encanta ir a la ópera y al ballet. Me gusta revisar enciclopedias. Quizás comprarme unos dvds de ópera y de ballet, y ponerlos de vez en cuando para verlos, y desempolvar algunos libros que tengo por ahí de arte y que estén a la mano, puede ser un buen ejemplo para ellos.
  8. Conversar “alturadamente” con mi esposo, delante de los chicos. En lugar de hablar de qué rico el último restaurante que probamos, o del último asesinato del noticiero, discutir sobre algún tema “más profundo” cuando estamos con ellos. Esto nos puede ayudar no sólo a transmitir valores más positivos, sino también a alimentarnos a nosotros mismos como personas, algo que a veces por el poco tiempo que tenemos vamos posponiendo.
  9. Planificar la crianza a lo “griego”: Cuerpo, mente y espíritu. No me sirve de nada que mi hijo se convierta en un Maradona:  un espectacular futbolista pero un ser humano un poco cuestionable. El deporte educa pero como parte de una formación integral.
  10. Para finalizar, y completando el punto anterior, no olvidarnos que el espíritu sostiene al ser humano. Un espíritu fuerte sobrepasa grandes tormentas. No olvidarnos de Dios y su importancia en el crecimiento personal.

La Mamá Oca