La amabilidad nos hace más felices y sanos

ID-10057975

Ser amables y empáticos es una característica cada vez más difícil de encontrar en la actualidad. Las personas viven a su propio ritmo y conveniencia; y a tal velocidad que no tienen tiempo de detenerse a pensar en el prójimo… ni en el más cercano como, por ejemplo, la pareja.

El ponerse en el lugar del otro es una virtud casi vital para convertirse en un ser humano feliz y es algo que, como padres, debemos trabajar día a día con nuestros hijos.

Inclusive, el criar niños empáticos es lo que ayuda a combatir, por ejemplo, los casos de bullying en los colegios. Esto porque al “ponerte en los zapatos del otro” hace que la caridad y la bondad nazca en los corazones y no haya lugar a la burla ni al maltrato.

Revisando hoy algunos artículos, me encontré con este en www. http://healthland.time.com, en donde Maia Szalavitz, una periodista de neurociencia para Time.com y coautora del libro Born for Love: Why Empathy Is Essential — and Endangered; nos habla de los resultados de un nuevo estudio publicado en la revista Psychological Science, en el que se expone que ser amable con los demás es algo muy bueno no sólo a nivel social, sino también a nivel físico ya que se puede remontar a un nervio específico. “Cuando se trata de mantenerse saludable, tanto física como mentalmente, los estudios muestran consistentemente que las relaciones fuertes son tan importantes como evitar el tabaquismo y la obesidad”, dice la autora. Así, sugiere que el soporte social se traduce en beneficios físicos tales como tensión arterial baja, un peso más saludable y otras características que son señales de buena salud.

El estudio

En la investigación mencionada, que fue liderada por Barbara Fredrickson, profesora de psicología en la Universidad de Carolina del Norte, Chapel Hill, reclutaron a 65 miembros del cuerpo docente de la universidad y del personal para un estudio sobre la meditación y el estrés. Aproximadamente la mitad fueron asignados al azar para tomar una clase de una hora semanal, durante seis semanas, de meditación “lovingkindness” (que podría traducirse como “amabilidad amorosa”), que comprendía en focalizarse en pensamientos compasivos y cariñosos sobre uno mismo y sobre los demás. La investigadora cuenta: “Las personas aprendieron a repetir frases como “Puedes sentirte a salvo, puedes sentirte feliz, puedes sentirte saludable, etc.” y podían regresar a esos pensamientos cuando quisieran”. Además, también les enseñaron a focalizarse en otras personas en situaciones estresantes como, por ejemplo, cuando estás atracado en el tráfico. “Es algo así como suavizar tu propio corazón para estar más abierto a otros”, dice Fredrickson.

 Por su parte, el otro grupo que no fue asignado a la meditación fue colocado en lista de espera para una clase futura. De ese modo, durante 61 días los participantes registraron la cantidad diaria que le dedicaban a meditar y a orar, así como las experiencias emocionales más fuertes que experimentaron, tanto positivas como negativas.

A nivel físico, antes de comenzar el estudio y al terminar, se comparó las variaciones en la frecuencia cardíaca, que es una señal del tono y la receptividad del nervio vago.

Este nervio regula cuán eficientemente cambia el ritmo cardiaco con la respiración y, en general, mientras más grande sea su tono, más alta será la variabilidad del ritmo cardiaco y menor el riesgo de una enfermedad cardiovascular y otros males mayores. También juega un rol en la regulación de los niveles de glucosa y de las respuestas inmunológicas. Además, el vago está íntimamente ligado a cómo nos conectamos con el otro –se vincula directamente con nervios que sintonizan nuestros oídos al habla humana, coordina el contacto visual y regula las expresiones emocionales. Esto influye en la liberación de oxitocina, una hormona que es importante en la vinculación social. Los estudios han encontrado que el aumento del tono  del nervio vago se asocia con una mayor cercanía a los demás y a un comportamiento más altruista.

Los resultados

Lo que se pudo desprender de este estudio es que aquellos que meditaron mostraron, después de terminar la clase, un aumento general en sus emociones positivas, la diversión, la serenidad y la esperanza. Y estos cambios emocionales y psicológicos se correlacionaron con una mayor sensación de conexión con los demás -, así como a una mejora en la función del nervio vago. «La noticia más importante es que somos capaces de cambiar algo físico sobre la salud de las personas mediante el aumento de emociones positivas en su vida diaria. Esto nos ayuda a llegar a un antiguo misterio de cómo nuestra experiencia emocional y social afecta nuestra salud física», dice Fredrickson.

Pero, ojo, simplemente meditando no siempre resulta en un nervio vago más tonificado. El cambio sólo se produjo en aquellos que se hicieron más felices y se sintieron más conectados socialmente. En aquellos que meditaron pero reportaron no sentirse más cerca de los demás, no hubo ningún cambio en el tono del nervio vago. «Encontramos que los ingredientes activos son dos variables psicológicas: emoción positiva y el sentimiento de conexión social positiva», dice. «Si en la práctica de la meditación no se movieron esas variables, no cambió el tono del nervio vago”.

Si bien se necesita más investigación, Fredrickson concluye: «Lo que es interesante acerca de este estudio es que ser un buen amigo, y ser compasivo con los demás, puede ser una de las mejores maneras de mejorar la salud”.

Foto: www.freedigitalphotos.net

3 respuestas a «La amabilidad nos hace más felices y sanos»

  1. Señores
    En nuestro País todavía hay maltrato infantil pero lo que ustedes realizan para combatirlo esta muy bien espero que las madres del mundo lo lean estos artículos que son muy interesantes.

Los comentarios están cerrados.