Frozen y un ejemplo sobre las consecuencias de la sobreprotección

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Si alguno de nosotros tenemos hijos, y sobre todo hijas, en edades pre adolescentes, debemos conocer la historia de Frozen a la perfección. A mí personalmente me encanta la película. Pero luego de haberla visto un millón de veces trato de ver otros ángulos para darle emoción a la trama. Así, el otro día estaba reflexionando sobre cómo la sobreprotección de los padres de Elsa y Anna fue la responsable de toda la tragedia en la película.

¿Cómo así? Cuando Elsa congela la cabeza de Anna y el abuelo troll le dice a sus padres que felizmente no fue en el corazón y que lo mejor era borrar toda memoria de la magia de la mente de Anna, aquellos deciden proteger a la pequeñita de una posible muerte por accidente encerrando a Elsa en un cuarto, separándola de la hermana. Luego de varios años, y de un dolor muy grande por haber vivido separadas, cuando ambas hermanas se reencuentran siguen en la misma situación que al inicio: Elsa no sabe controlar sus poderes de congelamiento y termina dañando físicamente a su hermana. ¿Qué hubiese pasado si es que los papás en lugar de proteger a Anna de Elsa separándolas les hubiesen enseñado a Elsa no a esconder sus poderes del mundo sino a aprender a manejarlos, también involucrando a Anna en este aprendizaje para que sepa cuidarse?

De hecho los padres sentimos pánico de que nuestros hijos sufran no sólo físicamente sino emocionalmente. Pero esconder la realidad no es la manera de evitar el dolor ni los problemas. Por ejemplo, ¿no tener Internet en la casa los va a librar de contenido basura? No. De hecho que mientras les vamos enseñando a usarlo sí tenemos que poner medidas de control pero nuestro objetivo debe ser educar niños con criterios rectos para que luego, cuando nosotros no estemos, sepan discernir ante la realidad y sepan cómo utilizar la “magia” de la red y no morir de congelamiento cerebral y emocional.

Con esto no quiero decir que si nuestros hijos deciden aventarse del techo los debemos dejar. No hay que ser extremistas. Lo que quiero es invitarlos a reflexionar sobre hasta qué punto estamos siendo responsables o estamos cayendo en una sobreprotección que sólo nos va a llevar a formar adultos carentes de criterios y de fuerza para enfrentar las dificultades en la vida.

De todas maneras nuestros hijos van a pasarla mal en algún momento. Nuestra labor no es necesariamente ponernos de escudo en su vida. Más bien es enseñarles a vivir y afrontar lo bueno y lo malo. Y siempre será más fácil si es que los vamos formando con criterios rectos desde la más tierna infancia.

La Mamá Oca