Portrait of smiling business people

Hoy, muchos estudiosos y empresarios vinculados al desarrollo de competencias empresariales se están haciendo la pregunta: ¿es necesario humanizar a la empresa? Y la respuesta, en la gran mayoría de casos, es un: sí. Inclusive, se atreven a ir más allá: no solo es necesario, sino indispensable.

El verdadero problema es que todavía existen empresarios o economistas que piensan que poner a la persona como centro de un negocio redundará en menores beneficios para la compañía. Esto sucede porque se piensa, como lo hacía Henry Ford, que cada trabajador es una pieza en una cadena de producción por lo que se le puede sustituir sin problema. Muchos empresarios conciben el trabajo como una especie de “mercancía” que el trabajador vende al dueño de la empresa, que es quien finalmente posee el capital de trabajo. Si bien esta concepción que se difundió principalmente en el siglo XIX ha ido transformándose dando lugar a diversas formas de capitalismo, aún existe el peligro de considerar al trabajo como una “fuerza” delineada por las premisas de la civilización materialista que priorizan la dimensión objetiva del trabajo sobre la subjetiva. La dimensión subjetiva del trabajo se refiere a todo aquello que indirecta o directamente atañe al trabajador.

Cuando los empresarios se ven en el dilema de definir qué es lo más importante, si la persona o el beneficio económico, detrás de este pensamiento ya se está transparentando alguna falta de humanidad. ¿Una concepción realmente humana podría contener una premisa del tipo “el trabajo de una persona tiene únicamente como fin generar beneficios económicos a otro individuo”? No hay que analizar muy profundamente la idea para decir que no. Teóricamente, una empresa está para servir al bien común de la sociedad. Para ello es fundamental considerar a las personas que laboran en ella como una prioridad. Ese servicio también es, sin duda, económico y se necesitan de los beneficios de la empresa para poder servir. Pero finalmente es un servicio a la persona.

El trabajo: actividad específicamente humana

Si bien con el trabajo el hombre debe procurar cubrir sus necesidades básicas y las de su familia, y contribuir al progreso de la ciencia y de la técnica, sobre todo debe lograr un continuo desarrollo cultural y moral. Dicho desarrollo personal contribuirá a humanizar cada vez más la comunidad en la que vive. ¿Qué es más humano que el trabajo que distingue al ser humano del resto de las criaturas de la Tierra? Por esto, corresponde al hombre la tarea de hacer que las condiciones del trabajo sean realmente humanas y no alienantes. Cada uno de los colaboradores de una empresa debería gozar de un ambiente laboral que le permita encontrar un sentido a lo que hace, trabajar con dignidad, con alegría y, lo más importante, ser respetado por el hecho mismo de ser persona.

Pero, ¿realmente es posible humanizar la empresa o estamos hablando de un idealismo utópico y soñador? Claro que es posible. Y esto lo demuestran experiencias de empresas de Estados Unidos y de algunos países escandinavos que han conseguido compaginar un ambiente de trabajo humano y digno con resultados económicos positivos. Por ejemplo, la empresa Southwest Airlines, con más de 35 mil empleados, lo ha logrado por muchos años. Su política es que si la empresa cuida y se preocupa del bienestar de todos sus trabajadores ellos harán lo mismo con los clientes de la compañía. Estos, a su vez, volverán a tomar los servicios de la línea área y eso, sin duda, se traducirá en beneficios económicos para la empresa.

Si bien actualmente la competencia es feroz, la única manera de estar siempre un pie por delante es contar con colaboradores honestos y comprometidos en el proyecto empresarial. Porque reaccionar rápidamente antes que la competencia solo depende de las personas. Son ellas las que, ante una situación complicada, se remangarán la camisa y empujarán hasta resolver el problema.

Las personas son la fuente más importante de la ventaja competitiva. Si bien es importante el currículum y la formación personal, estos no valen de mucho si detrás de los títulos no hay personas con valores elevados que prioricen la mejora personal (no solo académica) y el bienestar de los demás. Lo más importante no es la estructura de la empresa sino el corazón de cada persona. Enzo Ferrari, el fundador de la fábrica de carros Ferrari decía: “Las fábricas están hechas, primero, de hombres; luego, de medios técnicos; y, por último, de paredes”. De esta manera explicaba que lo más importante en una empresa son las personas que, a diferencia de una pieza mecánica, son capaces de reaccionar a los estímulos que reciben del ambiente de trabajo y este solo mejora si cada uno de los que conforman ese espacio mejoran personalmente. La empresa puede impulsar esta situación u obstaculizarla. Es cuestión de decidirse.

La Mamá Oca

Artículo publicado originalmente para el Blog Piensa Profuturo.

  • Clever Sanz

    noviembre 19, 2016 #1 Author

    Las personas logramos resultados y somos incluso capaces de ir mas alla del deber si hay un noble fin que nos convoca.

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