Conociendo al nuevo hermano

Cuando vi por primera vez esta galería de fotos pensé inmediatamente: “Ups, no saben lo que se les viene”. Sobre todo para aquellos pequeñines que hasta ese momento han sido hijos únicos, los reyes de la casa… Es típica esta frase cuando una familia espera el segundo bebé: “Ay, pobre Juancito, ahora le van a quitar el trono”. O cuando esperan el tercer o el cuarto hijo: “¿Son del Opus? ¿Y de qué van a vivir? ¿No tienen televisión?”. Y claro, frente a esto, miro nuevamente las fotos y pienso: ¿Saben realmente lo que se les viene? Pues, ¡lo mejor del mundo! Tener hermanos es el regalo más grande que un niño puede recibir.

 Si los padres son el ejemplo, los hermanos son la práctica constante

Si queremos criar seres humanos felices debemos centrar nuestros objetivos educativos familiares en la educación en virtudes. Y la familia es la escuela de virtudes por excelencia. ¿Y quiénes somos los profesores estrella de esta mini pero súper poderosa escuela? Los padres. ¿Cuál es el arma más potente para educar? El ejemplo. Ya lo decía Séneca: “Largo es el camino con preceptos, pero breve y eficaz con ejemplos”. Y aquí viene el tema que nos compete en nuestro post. ¿Con quiénes podemos poner en práctica 24 horas al día, 7 días a la semana, el ensayo y error de ser personas virtuosas? ¡Con los hermanos! Obediencia, sinceridad, orden, fortaleza, perseverancia, laboriosidad, paciencia, responsabilidad, justicia, generosidad, pudor, sobriedad, sociabilidad, amistad, respeto, sencillez, patriotismo, prudencia, flexibilidad, comprensión, lealtad, audacia, humildad y optimismo. ¿Alguna de estas virtudes no se puede aprender en una relación de hermanos? Ninguna. Y he mencionado TODAS las virtudes humanas preferentes. Así que esas personas que piensan que tener muchos hijos es quitarles “cosas o privilegios a los demás hermanos” o que los padres se volvieron locos de remate, sólo deben pensar que las familias numerosas –si bien tal vez haya que reacomodar algunos bienes materiales–, además de ser signo de una inmensa generosidad por parte de los esposos, son una fuente inagotable de riqueza moral para los miembros de la familia —siempre considerando que los padres se ocupen de la misma con seriedad y responsabilidad. Y esto es algo invalorable.

conociendo al hermanito

Juegos de chicos, apoyo de grandes

Las ventajas de tener varios hijos han sido demostradas muchas veces. Por ejemplo, está comprobado que cuando hay más hijos, los papás tienen que darles menos atención a cada uno, ya que entre ellos se entretienen. A diferencia de los hijos únicos, por ejemplo, que necesitan alguien con quién jugar. Pero aquí estamos hablando de las ventajas para los hijos.

En este aprender a convivir con los hermanos, además, se dan unas dinámicas naturales de aprendizaje y juego maravillosas. Basta con ver a los niños interactuar para darse cuenta que cuando dos niños juegan juntos, los juguetes sobran. Por ejemplo, para jugar fútbol, vóley, básquet o tenis necesitas a otra persona y una pelota (que puede ser el cojín del sillón). ¿El lugar? No importa, siempre estará la sala de la casa cuando mamá sale o el pasadizo. Para jugar al teatro necesitas a otro aunque sea para que te mire. ¿Coreografía? Mejor de varios. Y así miles de juegos que los niños se inventan. Si tienes miedo y tus papás no te dejan pasarte a su cama, siempre estará la cama del hermano que no tiene ningún problema con que le pongas el pie en el ojo o le respires en la oreja. ¿Te molesta un niño en el colegio? Tu hermano mayor estará ahí para defenderte. ¿Tu mamá te castiga? Siempre sale el hermano con vocación de abogado a decirle a tu mamá que es una injusta.

Con los hermanos no necesitas mucho, sólo los necesitas a ellos. Si bien a veces –bastantes veces, tal vez—hay peleas y conflictos, ahí está la parte de aprender y practicar las virtudes mencionadas. Y es en esos momentos en lo que debemos estar los padres para guiar correctamente los impulsos.

Pero la relación de hermanos no se circunscribe sólo a la niñez. La vida avanza, los años pasan y luego cada uno parte para seguir su vocación. Y si bien, en la mayoría de los casos, ya no se comparte el mismo espacio de convivencia, el contar con el apoyo de tus hermanos es algo que nos ayuda toda la vida, tanto para afrontar los problemas propios como los comunes de la familia. Cuando los padres envejecen es más fácil darles apoyo emocional y/o económico de manera compartida. Cuando uno de los padres fallece, es más fácil pasar la pena con tus hermanos. Si uno de los hermanos se enferma de adulto, da un poco más de paz saber que si algo pasa están los otros hermanos para hacerse cargo.

Por eso, cuando veo las fotos de esta galería, me llena de emoción pensar en todas las historias de amor que se comienzan a escribir. Los hermanos son sangre, comparten los mismos progenitores, la misma historia familiar, la misma tradición. Y esto es algo que como padres no podemos dejar de darles a nuestros hijos, si Dios nos lo permite. También es cierto que no todo es perfecto y que hay relaciones de hermanos muy conflictivas, pero en la mayoría de los casos los hermanos son una pieza irremplazable en nuestra mecánica emocional.

Alguna vez escuché decir a una persona conocida que no podías comparar ir al mejor colegio con tener muchos hermanos. Y es cierto. Porque al final el mejor colegio te puede dar conocimientos académicos que en el tiempo se pueden volver obsoletos o que los puedes obtener por otros medios; pero la familia y los hermanos te van a dar algo que nunca caducará: la oportunidad de ser una persona llena de virtudes y un amor incondicional de ida y vuelta por simplemente existir, sin importar qué trabajo tienes, cuánto ganas o qué carro tienes.

Algunas ideas que los padres podemos reflexionar

1. ¿Cuánto sabes sobre el rol educativo que cumple la familia? ¿Tienes objetivos educativos concretos que revisas o conversas con tu cónyuge cada cierto tiempo?

2. ¿Le dedicas un tiempo prudente a prepararte como padre para saber cómo educar a tus hijos en virtudes?

3. ¿Has pensado lo importante que es la relación entre hermanos en la formación de cada uno de tus hijos como personas virtuosas?

4. ¿Aprovechas las oportunidades que se presentan cotidianamente en la relación de tus hijos para reforzar hábitos virtuosos?

La Mamá Oca

Artículo publicado originalmente en Catholic Link. Para verlo haz click aquí.