Para debatir sobre ideología de género

ideologia de genero

Independientemente de qué queramos enseñarles a nuestros hijos, sí es una verdad irrefutable que somos los padres los principales educadores de nuestra descendencia. Y, como tales, es nuestra responsabilidad estar bien informados cuando hay asuntos que pueden afectarlos, no solo en temas de salud sino también en su formación humana. Actualmente, muchos países tienen una lucha encarnizada entre dos bandos: el que defiende el «enfoque de género» y el que habla de «ideología de género». Muchos nos quedamos, en cuanto a información, en niveles epidérmicos: los que nos dice el grupo de amigos, los comentarios en redes sociales o lo que los medios de comunicación más tradicionales presentan, sin ahondar en otras perspectivas o validar las supuestas teorías que uno u otro bando presentan.

Investigar sobre ideología o enfoque de género no toma un día. Más aún considerando que es un problema cultural que viene ingresando en los tejidos sociales hace más de 100 años. Sin embargo, para tener una base mínima sobre la cual discutir o, al menos, cuestionarse, quisiera sugerir algunos recursos que nos pueden ayudar a los padres y/o ciudadanos a tener una visión más integral del problema y los alcances que este tipo de cambios estructurales sociales puede tener en las vidas íntimas y concretas de nuestras familias.

Advertencia 1: voy a ir de menos a más, es decir, recursos más rápidos de consultar y otros que ayudan a profundizar más en el tema.

Advertencia 2: las fuentes las cuales presento son de validez científica o con sustento científico real.

Advertencia 3: solo para padres que se quieren dar el trabajo de tener una visión más amplia de qué estamos discutiendo cuándo discutimos de todo lo relacionado con el «género».

Advertencia 4: Traten de ver lo más posible antes de emitir una opinión.

Recursos en videos

Ideología de género en 3 minutos

[embedyt] http://www.youtube.com/watch?v=PD_jgAibSX4[/embedyt]

Encuesta en Estados Unidos

[embedyt] http://www.youtube.com/watch?v=MvWQjbNiJcs[/embedyt]

Documental corto titulado «The War on Children». Si luego están interesados pueden ver el completo que dura 30 minutos aproximadamente

[embedyt] http://www.youtube.com/watch?v=NZIfT84vCHw[/embedyt]

Documental noruego «La Paradoja de la igualdad»

[embedyt] http://www.youtube.com/watch?v=2roZWQ-bw7I[/embedyt]

 

Estudio científico reciente

Sexualidad y género: Conclusiones de la Biología, la Psicología y las Ciencias Sociales

http://www.thenewatlantis.com/publications/resumen-ejecutivo

(Dentro del enlace pueden encontrar el informe completo)

 

Libros (todos están en versión digital)

El libro negro de la nueva izquierda

Agustín Laje y Nicolás Márquez

https://www.amazon.com/Libro-Negro-Nueva-Izquierda-subversión-ebook/dp/B01J7AG6W4/ref=sr_1_1?s=digital-text&ie=UTF8&qid=1488942622&sr=1-1&keywords=el+libro+negro+de+la+nueva+izquierda

La ideología de género: o el género como herramienta de poder

Jorge Scala

https://www.amazon.com/ideolog%C3%ADa-género-herramienta-poder-Spanish-ebook/dp/B00TSNY0J2/ref=sr_1_1?ie=UTF8&qid=1488942511&sr=8-1&keywords=ideologia+de+genero

Abriendo las puertas del armario

Richard Cohen

https://www.amazon.com/Abriendo-las-puertas-armario-Spanish-ebook/dp/B00CKRCATU/ref=sr_1_8?s=digital-text&ie=UTF8&qid=1488942671&sr=1-8&keywords=richard+cohen

Lenguaje, Ideología y Poder: La palabra como arma de persuasión ideológica: cultura y legislación

Juan Carlos Monedero

https://www.amazon.com/Lenguaje-Ideolog%C3%ADa-Poder-persuasio-n-legislacio-n-ebook/dp/B01N7G0IIF/ref=sr_1_5?s=digital-text&ie=UTF8&qid=1488942735&sr=1-5&keywords=ideologia+de+genero

En inglés:

Truth Overruled: The Future of Marriage and Religious Freedom

Ryan T. Anderson

https://www.amazon.com/Truth-Overruled-Marriage-Religious-Freedom-ebook/dp/B00XTB2LCC/ref=sr_1_1?s=digital-text&ie=UTF8&qid=1488942897&sr=1-1&keywords=truth+overruled

 

 

La Mamá Oca

¿Es posible humanizar a la empresa?

Portrait of smiling business people

Hoy, muchos estudiosos y empresarios vinculados al desarrollo de competencias empresariales se están haciendo la pregunta: ¿es necesario humanizar a la empresa? Y la respuesta, en la gran mayoría de casos, es un: sí. Inclusive, se atreven a ir más allá: no solo es necesario, sino indispensable.

El verdadero problema es que todavía existen empresarios o economistas que piensan que poner a la persona como centro de un negocio redundará en menores beneficios para la compañía. Esto sucede porque se piensa, como lo hacía Henry Ford, que cada trabajador es una pieza en una cadena de producción por lo que se le puede sustituir sin problema. Muchos empresarios conciben el trabajo como una especie de “mercancía” que el trabajador vende al dueño de la empresa, que es quien finalmente posee el capital de trabajo. Si bien esta concepción que se difundió principalmente en el siglo XIX ha ido transformándose dando lugar a diversas formas de capitalismo, aún existe el peligro de considerar al trabajo como una “fuerza” delineada por las premisas de la civilización materialista que priorizan la dimensión objetiva del trabajo sobre la subjetiva. La dimensión subjetiva del trabajo se refiere a todo aquello que indirecta o directamente atañe al trabajador.

Cuando los empresarios se ven en el dilema de definir qué es lo más importante, si la persona o el beneficio económico, detrás de este pensamiento ya se está transparentando alguna falta de humanidad. ¿Una concepción realmente humana podría contener una premisa del tipo “el trabajo de una persona tiene únicamente como fin generar beneficios económicos a otro individuo”? No hay que analizar muy profundamente la idea para decir que no. Teóricamente, una empresa está para servir al bien común de la sociedad. Para ello es fundamental considerar a las personas que laboran en ella como una prioridad. Ese servicio también es, sin duda, económico y se necesitan de los beneficios de la empresa para poder servir. Pero finalmente es un servicio a la persona.

El trabajo: actividad específicamente humana

Si bien con el trabajo el hombre debe procurar cubrir sus necesidades básicas y las de su familia, y contribuir al progreso de la ciencia y de la técnica, sobre todo debe lograr un continuo desarrollo cultural y moral. Dicho desarrollo personal contribuirá a humanizar cada vez más la comunidad en la que vive. ¿Qué es más humano que el trabajo que distingue al ser humano del resto de las criaturas de la Tierra? Por esto, corresponde al hombre la tarea de hacer que las condiciones del trabajo sean realmente humanas y no alienantes. Cada uno de los colaboradores de una empresa debería gozar de un ambiente laboral que le permita encontrar un sentido a lo que hace, trabajar con dignidad, con alegría y, lo más importante, ser respetado por el hecho mismo de ser persona.

Pero, ¿realmente es posible humanizar la empresa o estamos hablando de un idealismo utópico y soñador? Claro que es posible. Y esto lo demuestran experiencias de empresas de Estados Unidos y de algunos países escandinavos que han conseguido compaginar un ambiente de trabajo humano y digno con resultados económicos positivos. Por ejemplo, la empresa Southwest Airlines, con más de 35 mil empleados, lo ha logrado por muchos años. Su política es que si la empresa cuida y se preocupa del bienestar de todos sus trabajadores ellos harán lo mismo con los clientes de la compañía. Estos, a su vez, volverán a tomar los servicios de la línea área y eso, sin duda, se traducirá en beneficios económicos para la empresa.

Si bien actualmente la competencia es feroz, la única manera de estar siempre un pie por delante es contar con colaboradores honestos y comprometidos en el proyecto empresarial. Porque reaccionar rápidamente antes que la competencia solo depende de las personas. Son ellas las que, ante una situación complicada, se remangarán la camisa y empujarán hasta resolver el problema.

Las personas son la fuente más importante de la ventaja competitiva. Si bien es importante el currículum y la formación personal, estos no valen de mucho si detrás de los títulos no hay personas con valores elevados que prioricen la mejora personal (no solo académica) y el bienestar de los demás. Lo más importante no es la estructura de la empresa sino el corazón de cada persona. Enzo Ferrari, el fundador de la fábrica de carros Ferrari decía: “Las fábricas están hechas, primero, de hombres; luego, de medios técnicos; y, por último, de paredes”. De esta manera explicaba que lo más importante en una empresa son las personas que, a diferencia de una pieza mecánica, son capaces de reaccionar a los estímulos que reciben del ambiente de trabajo y este solo mejora si cada uno de los que conforman ese espacio mejoran personalmente. La empresa puede impulsar esta situación u obstaculizarla. Es cuestión de decidirse.

La Mamá Oca

Artículo publicado originalmente para el Blog Piensa Profuturo.

Los abuelos y la educación del optimismo

Si bien algunos pueden nacer con una mayor predisposición a ser más optimistas que otros, el optimismo es una virtud y, como toda virtud, es algo que se educa. La virtud es un hábito y, por lo tanto, exige repetición y entrenamiento. Por eso, cuando uno hace un trabajo serio para ser una persona cada vez más virtuosa, el tiempo se convierte en el mejor aliado. A más edad, más arraigadas las virtudes. Por lo tanto, con esta premisa clara, podemos afirmar que los abuelos, al ser la generación en la familia con más años de experiencia, pueden convertirse en importantes educadores de esta virtud entre los más jóvenes. ¿Cómo potenciar, entonces, esta gran oportunidad formativa?

Ser optimista es ser realista

En primer lugar, se debe tener claro qué es el optimismo. Existe la falsa idea de que el optimista es esa persona que sonríe todo el día, que siempre ve todo positivo a pesar de que los hechos le demuestren lo contrario. Un ejemplo de un supuesto optimista puede ser aquel que, a pesar de que todos los pronósticos dicen que lloverá, sale sin paraguas pensando que no será así, para terminar, obviamente, empapado. También se confunde el optimismo con el creerse un súper hombre, que confía tanto en el poder del deseo positivo como única fuerza, que pierde de perspectiva sus propias posibilidades o las contrariedades del contexto.

El optimista tampoco es el que simplemente ve el vaso medio lleno en lugar de medio vacío. Es mucho más que eso. Es alguien que confía de manera razonable en sus propias posibilidades y en las de los demás, por lo que es capaz de distinguir lo que es positivo, las posibilidades de mejora, las dificultades que se oponen a esa mejora y los obstáculos. Con esta información aprovecha lo que se puede y afronta lo que no, pero con alegría. Un optimista es realista y busca lo positivo sin centrarse en las dificultades o viendo las oportunidades que éstas pueden ofrecer.

Los abuelos y el optimismo

Una persona mayor tiene gran capacidad para vivir esta virtud pues su rica y variada experencia de vida, su capacidad para aprender incluso de su errores, lo dotan de una madurez particular. Y ésta es muy necesaria para, por ejemplo, saber discernir entre lo positivo y lo negativo, entre lo que se puede aprovechar y lo que se debe afrontar sin caer en dramatismos estériles.

Además, con los años, se aprende a valorar lo mejor y buscar lo positivo de cada persona, y a no tacharla por un defecto o una conducta que no gustó en algún momento. Es decir, se aprende a confiar (o a desconfiar) razonablemente en los demás.

Un abuelo puede enseñarle a un niño a diferenciar lo que es importante de lo que es secundario, lo que es imprescindible de lo que no lo es. El abuelo, gracias a esta experiencia de primera mano basada en el ensayo y en el error, sabrá guiar a sus nietos en diferenciar qué les debe quitar el sueño de lo que no, ayudándolos a distinguir lo que es aprovechable, con el fin de optimizarlo, sin sufrir de más, ni sentirse abatido. Sobre todo por cosas sin importancia vital.

Por otro lado, los niños y los adolescentes que experimentan el fracaso —parte ineludible del aprendizaje en la vida— necesitan muestras concretas de comprensión y cariño. Y a veces los padres, por el ritmo laboral y el poco tiempo, no pueden dar el apoyo emocional necesario para ayudarlos a procesar esas experiencias. Los abuelos tienen un gran potencial para ayudar a sus nietos en este desafío. Lo ideal no es convencer al chico de que está haciendo algo bien cuando no es así. Pero se puede generar, desde el juego, el ocio o el cuidado, muchas situaciones para que el pequeño o el joven pueda aprender, aumentando y fortaleciendo la confianza en sí mismo.

Algunos consejos para los abuelos en la educación del optimismo

  • Crear situaciones adecuadas para que los chicos vivan con alegría ya que es en este ambiente donde hay más probabilidades de descubrir lo positivo. Un abuelo con sentido del humor, además, tiene una ventaja pues enseña con el ejemplo que el buen humor permite asumir la responsabilidad de la propia vida sin sentirse abatido.
  • Mediante el diálogo los abuelos pueden ayudar a que los más jóvenes se conozcan mejor para que sean realistas sobre sus capacidades, con el fin de aprovecharlas al máximo, y sobre sus limitaciones, para comprenderlas en el marco de una sana autoestima. Los chicos necesitan ayuda para conocerse y no infravalorarse o sobrevalorarse.
  • Los abuelos deben centrar su atención en lo positivo de sus nietos para que ellos ganen confianza en lo que son capaces de hacer.
  • Mediante el juego los abuelos pueden crear situaciones para que aquellos nietos que suelen fracasar más seguido tengan oportunidad de tener éxito, superándose y aprendiendo de sus errores. Así los ayudarán a tener más confianza en sí mismos.
  • Los abuelos, al tener más experiencia en la formación de personas, pueden darle más espacio a sus nietos para que hagan cosas solos cuando la ayuda no es necesaria. Cuando se sobre protege, se limita, y se le puede hacer creer a los chicos que pueden más de lo que realmente son capaces ya que reciben más ayuda de la necesaria para obtener logros. Los padres pueden caer con más facilidad en este error, algo que los abuelos pueden corregir perfectamente.
  • Como los abuelos, normalmente, no tienen que atender a todos los nietos al mismo tiempo, pueden aprovechar la exclusividad de la relación con cada uno para que se sientan auténticamente importantes. Esto se puede lograr no sólo jugando o en momentos de ocio, sino también pidiéndoles que ayuden con cosas relevantes. Así sentirán que colaboran con su abuelo y sentirán la satisfacción del trabajo bien hecho.
  • Los abuelos deben enseñar a los más jóvenes a que pidan la ayuda necesaria para realizar sus proyectos. Esto se puede conseguir, por ejemplo, cuando se hace una tarea escolar.

Los abuelos sienten un amor muy grande por sus nietos. Y el sentirse amados es el elemento clave para que los chicos crezcan seguros y confíen en sí mismos, a pesar de las adversidades y errores que se puedan cometer. El amor no es un detalle. Es lo principal. Así que lo que no se pueda transmitir con técnicas o acciones concretas, se podrá hacer perfectamente mostrando un amor incondicional a cada uno de los más jóvenes de la familia. El amor de un abuelo es, en la gran mayoría de casos, un amor personal, es decir, generado sólo por la existencia de cada uno de los nietos, más allá de lo que ellos puedan lograr en la vida. Un abuelo ama a su nieto porque es. Y esa, sin duda, es la más genuina muestra de optimismo.

La mamá oca

Artículo escrito originalmente para el Blog Piensa Profuturo.

Encendiendo el fuego en los nietos

 

Todos hemos escuchado más de una vez que los padres están para educar y los abuelos para malcriar… total, ya hicieron el trabajo duro con sus propios hijos y ahora es tiempo de disfrutar con los más jóvenes de la familia. Si bien es cierto que los primeros educadores de cualquier menor son sus padres, los abuelos, por la misma razón que no son responsables directos de velar por lo cotidiano en sus nietos, tienen una gran oportunidad de enseñarles algo que no es tan fácil de aprender: a encender el fuego del espíritu para valorar lo bueno y lo verdadero, para así hacer las cosas con pasión.

La mayoría de los abuelos tiene un rol subsidiario en la relación con sus nietos. Es decir, el abuelo o la abuela no es el directo responsable de la educación de su nieto. Suele suceder que comparten algún tiempo de juego u ocio con ellos, sea porque se les encomendó un cuidado esporádico o porque están en una visita de rutina. Por eso, las horas que pueden pasar con los chicos es una excelente ocasión para ayudarlos a ser mejores personas, a encontrar la motivación en sus propios corazones y no sólo en gratificaciones externas, y para aprender a valorar la verdad, la belleza y las buenas costumbres.

¿Cómo lograr tan compleja tarea? Aquí les damos algunos consejos:

  1. Platón decía que enseñar es escribir en el alma de los hombres. Y es cierto. Para entender el gran potencial que existe en una relación intergeneracional, es imprescindible que los abuelos tengan muy claro que deben saber llegar al corazón y a la inteligencia de sus nietos. Dice un lema muy antiguo que “enseñar no es como llenar un vaso, sino como encender un fuego”. El combustible está dentro de cada persona. Depende de cuán cerca se ponga de una llama, para que se encienda. Y los abuelos son las personas ideales para hacerlo porque tienen el tiempo, las ganas y la experiencia de vida suficiente para compartir con los más pequeños las cosas buenas de la vida.
  2. ¿A qué nos referimos con las cosas buenas de la vida? Dependiendo de la edad de los nietos, se pueden compartir momentos escuchando buena música, leyendo un buen libro, contando una historia real que transmita cultura o viendo una película que permita una discusión sobre los valores involucrados, entre otros. El punto que no se debe perder de vista es que deben ser momentos entretenidos, de acuerdo a la edad de los nietos y procurando que no se vuelva un tiempo tedioso del tipo profesor-alumno, en donde el primero habla sin parar y el segundo está pensando en cualquier otra cosa menos en lo que le están diciendo.
  3. La clave de la educación es la motivación. Un abuelo debe llevar al nieto a un fin sin coaccionarlo, debe lograr que se sienta atraído, por ejemplo a apreciar la música clásica, sin empujarlo. Hay que respetar los gustos del niño o del joven e ir inculcándoles de a pocos lo que le gusta al maestro. Esto se logra contagiando el propio entusiasmo por lo que se quiere enseñar. El abuelo debe saber qué botón apretar en cada uno de sus nietos para motivarlos, de la misma manera que un pintor sabe escoger los colores para lograr el matiz deseado. Educar es también un arte. Y siguiendo el ejemplo del pintor, cada niño es distinto, por lo que el resultado que se plasme en cada uno de ellos será tan diferente como cada una de las obras de un buen artista. Por eso, el trabajo del abuelo para despertar emociones extraordinarias se iniciará y desarrollará independientemente con cada uno de sus nietos, según su edad y personalidad.
  4. La mejor herramienta para enseñar es el ejemplo. Los más jóvenes, al ver una cierta perfección, sienten el deseo de aprender porque están constantemente buscando modelos de identificación. Un abuelo con un espíritu apagado, sin pasiones o aficiones, normalmente le resultará aburrido a su nieto. Sin embargo, ¿quién no ha disfrutado junto a algún abuelo un momento de fascinación frente a su caja de herramientas, en la cocina preparando algún postre o en su biblioteca? El ejemplo es un resorte natural muy importante y produce una motivación única.
  5. No hay nada que encienda más el fuego de un espíritu que la pasión por la belleza de lo bueno, de la verdad y de los bienes morales y estéticos. En una época en la que, desafortunadamente, el reggaetón inunda los espacios musicales, ¿no hay algo mejor que un abuelo pueda enseñar cuando hablamos de música? Este es sólo un ejemplo de todo lo que un abuelo puede transmitir a las generaciones más jóvenes. En lugar de quejarse de que los nietos pierden el tiempo en trivialidades, hay que arriesgarse y tomarse el tiempo de ir transmitiéndoles el valor de abrir la mente a nuevos ángulos de la vida que no conocen, porque nadie se los ha puesto al frente o porque la rapidez de la tecnología actual no les enseña a reflexionar. Un abuelo puede ayudar a formar un corazón fuerte y noble, que se entusiasme por lo que realmente es bueno, por aquello que cultiva el espíritu y humaniza a la persona.

El mejor profesor no es el que repite en orden lo mismo siempre. Tampoco es, necesariamente, el mejor expositor. El mejor maestro es aquel que mueve los corazones de los alumnos y logra despertar el hambre por conocer, el deseo de cultivarse como personas. Sin duda, son tareas que un abuelo con ganas y pasiones puede lograr en cada uno de sus nietos.

La Mamá Oca

Artículo escrito para el Blog Piensa Profuturo.

Reflexionar en pareja sobre el trabajo de una madre

Foto: Priscilla Westra/Unplash
Foto: Priscilla Westra/Unplash

La familia es una de las instituciones que más ha cambiado en las últimas décadas. Una de las causas más importantes es la inclusión de la mujer en el mercado laboral. Esto ha generado una transformación en la dinámica interna tanto del matrimonio como de la educación de los hijos.

Los motivos por los cuales una madre decide trabajar son diversos. Puede ser una opción personal de ejercer una profesión o consecuencia de una realidad social y económica que lo exige. Por esta razón no se debe juzgar ni calificar de mejor ni de peor una situación familiar determinada. Todo tipo de comparación correrá el riesgo de caer en el prejuicio. Cualquier mujer que trabaja fuera del hogar o como ama de casa ha sufrido, de alguna manera, cierta clase de discriminación. Por ejemplo, a las primeras se les juzga de preferir su vida profesional “abandonando” a los hijos. A las segundas, de desfasadas, mantenidas y sin aspiraciones personales.

Se pueden organizar cientos de mesas de debate sin lograr un acuerdo sobre qué es lo mejor: si trabajar o dedicarse a los hijos. Pero hay un punto en el que la gran mayoría sí concuerda: el trabajo de la maternidad es una ocupación a tiempo completo y, por su repercusión en la sociedad, el más importante de todos. Así, ante esta realidad que con frecuencia se presenta bajo la forma de un antagonismo insalvable, la única vía de solución es aprender a conciliar ambas dimensiones vitales: el trabajo de la madre y su posible ejercicio profesional. Y para lograrlo efectivamente, una relación de pareja sana y madura, en la que prevalezca la comunicación y el apoyo, es imprescindible.

Debido a que este es un tema difícil de delimitar ya que incluye muchos aspectos personales en la ecuación, el objetivo de este post no es encontrar soluciones definitivas, sino ofrecer algunas reflexiones breves que, luego de conversarlas en pareja o en familia, puedan ayudar a una mejora en la calidad de vida y en la conciliación.

Para reflexionar

  1. El trabajo debe integrarse de manera equilibrada en toda la vida. Esto implica la unión armónica de todos los aspectos esenciales: la familia, el trabajo, las relaciones sociales, el ocio, entre otros. Sólo en esta integración es que uno puede ser feliz. Si se busca únicamente el éxito profesional (o se lo exigen para mantener un puesto de trabajo) se caerá definitivamente en el desequilibrio personal y en la insatisfacción. Esto traerá repercusiones negativas en los demás aspectos de la vida, como en la relación amorosa o con los demás miembros de la familia. La pareja debe apoyarse para lograr esta integración y armonía, señalando los momentos de exceso o de defecto, facilitando espacios también de descanso o distracción. Siempre con asertividad, cariño y respeto.
  1. Cuando papá y mamá trabajan, no se debe hablar de dos trabajos, sino de tres. Porque el trabajo de la casa, a pesar de no ser remunerado, es muy exigente. ¿Alguien se atreve a negarlo? Tener eso en cuenta ayuda mucho a comprender más a aquel miembro de la pareja que se hace cargo de la mayor parte de las responsabilidades del hogar. Sí, trabajar fuera y dentro de la casa es doble carga, son horas extras y deben ser reconocidas. A esto hay que sumar que muchas empresas no ofrecen flexibilidad para la conciliación por lo que gran parte de las tareas del hogar se realizan luego de haber cumplido un horario laboral completo, quitándole tiempo al descanso o a otras aficiones que aligeran el estrés.
  1. No se debe aparentar que ser madre no es algo importante, por más que eso signifique un riesgo para la posición laboral. Los padres, como responsables principales de la educación de sus hijos, deben tener claro que, por sobre todas las cosas, debe estar el bienestar de los más pequeños. Fingir que no es así sólo traerá descontento y malestar, como lo mencionamos en el primer punto. Es más honesto tratar de lidiar con las dificultades de la conciliación que quitarle el peso que merece a la familia. El padre (varón) debe ser consciente de eso y velar, dentro de sus posibilidades, por el desarrollo sano de la maternidad de su esposa o pareja.
  1. Si bien las tareas del hogar hoy no son tan pesadas como hace décadas —ahora se cuenta con ayuda externa, los electrodomésticos, espacios de vivienda más reducidos, etc.—, lo que no ha cambiado es que los niños pequeños demandan una dedicación muy grande, sobre todo durante los primeros diez años de vida. Por esto es importante que, durante este tiempo, las madres sientan mayor apoyo. Si la mujer se encuentra laborando en un espacio con poca flexibilidad, con mayor razón necesita un fuerte soporte de la pareja para no cargar ella sola con el estrés de todo el trabajo del hogar. Una alternativa es compartir de manera equitativa las tareas que sí se pueden repartir y no están vinculadas con un rol exclusivo, como puede ser la lactancia. Otro ejemplo es que algunas veces sea el padre quien tenga que pedir permiso en la oficina para ocuparse de un hijo enfermo o para llevarlo al colegio. Además, es importante que el hombre asuma las tareas que le corresponden como padre y en el que no debería ser reemplazado por nadie.

El apoyo del hombre es fundamental para la mujer. Experimentar que su bienestar es importante para el otro hace que se desempeñe mejor en todos los ámbitos y sea una persona feliz. Esto, que puede sonar a cliché, es lo que finalmente todos los seres humanos anhelan… y es justo. Además, el estado de ánimo de la pareja repercute inevitablemente en el propio bienestar así como en el de la familia. El varón y la mujer, como padres y/o esposos, deben anteponer de verdad las necesidades del otro y las de los hijos a las suyas propias. De no ser así, las tensiones se hacen insuperables y la calidad de vida —por más éxito profesional o dinero que se tenga— se deteriora.

La Mamá Oca

Artículo publicado para el Blog Piensa Profuturo

¡Yo lo cambiaré!

En el camino nos encontramos con muchas relaciones –o las vivimos– en las que uno de los miembros de la pareja pone todas sus expectativas en cambiar al otro para que, de esa manera, pueda hacerlo feliz. ¿Se puede lograr? Les recomiendo este interesante programa de La Opción V en TV donde hablamos de este interesante tema.

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El tiempo libre también se educa

Foto: Frank McKenna/Unplash
Foto: Frank McKenna/Unplash

Uno de los mitos más grandes que hay en la educación familiar es pensar que el tiempo libre es un tiempo para hacer nada. Y no es así. Es un tiempo para el ocio, no para la ociosidad. Y esto también vale para los fines de semana, por ejemplo. Ojo, no estamos diciendo que tenemos que llenar a los chicos de miles de actividades y no dejarlos ni respirar. Sino que hay que tener claro que durante el tiempo libre, quizá bajo otra perspectiva y otras formas, el proceso de su formación continúa.

 El tiempo libre sirve para educarse

“Entender el tiempo libre como ‘liberación’ de los principios y normas por las que uno rige habitualmente su vida es una contradicción, es incurrir en una doble moral y en una doble vida. Uno puede tomarse vacaciones con respecto a lo que hace (el trabajo), pero no con respecto a lo que es o con respecto a lo que cree o lo que ama”, dice Gerardo Castillo en su libro “La realización personal en el ámbito familiar”. Y es totalmente cierto. Si queremos cultivar, por ejemplo, la virtud del orden, no podemos decir que somos ordenados en la oficina, pero en la casa no. E igual creernos ordenados. O se es o no se es. Por eso, ¿queremos hijos ociosos o que se emborrachen todos los fines de semana? Entonces tampoco podemos poner límites al respecto solo en tiempo escolar. ¿O creen que si toman alcohol solo en verano no van a querer hacerlo después? Desde la época de Aristóteles se entendía el ocio como un tiempo para descansar del trabajo pero para aprender, cultivarse interiormente y desarrollar la personalidad.

 Algunas pautas

La educación del ocio es un asunto muy amplio. Podemos escribir libros completos sobre cómo puede influir el uso del tiempo libre en las personas y hasta tratados históricos sobre el tema. Sin embargo, lo importante es tener claro cuál es el papel que jugamos los padres inicialmente en este usar el tiempo libre de nuestros hijos y entender que de esta área educativa depende mucho si nuestro hijo será una persona sin límites, incapaz de plantearse y conseguir sus objetivos, a quien lo único que le importa es “divertirse”, o será una persona con valores, buenos hábitos y capaz de conducir su vida con orden y responsabilidad. “El tiempo libre no es un tiempo “neutro”. Influye siempre en las personas que lo utilizan. Influye para bien o para mal, según sea la forma de plantear este tiempo. Después de un fin de semana o de unas vacaciones de verano, las personas no son las mismas, cambian (mejoran o empeoran “como personas”, se enriquecen o se empobrecen”), dice Castillo. “Muchos adolescentes plantean el fin de semana solo como “movida”. Estos jóvenes no son dueños de su tiempo libre; no eligen libremente la forma de llenar ese tiempo, sino que se limitan a hacer lo que hace la mayoría o lo que dicta la moda del momento. Y eso que “hacen” consiste en no hacer nada, confundiendo el ocio con conducta ociosa”.

Pero no todo es responsabilidad de los adolescentes. Los padres somos los responsables directos de su educación en todos los aspectos y, con respecto al ocio, no podemos esperar a que no venga a dormir una noche a la casa para preocuparnos. “La responsabilidad de los padres en el tema del tiempo libre no se limita a poner los medios ante posibles peligros de tipo físico y de tipo moral. (…) Los hijos necesitan (antes de la edad adolescente) aprender a descansar, aprender a jugar, aprender a divertirse, aprender a celebrar una auténtica fiesta. Y es muy difícil que obtengan estos aprendizajes sin la orientación y sin los buenos ejemplos de los padres”, dice el autor.

Así, nuestra responsabilidad no está sólo en preocuparnos en que vayan al colegio y que tengan una clase extracurricular de deporte. Está en enseñarles a nuestros hijos a usar productivamente un tiempo que no tiene un marco de acción definido como sí lo tiene, por ejemplo, el tiempo escolar. El tiempo es un bien escaso como para desperdiciarlo en asuntos sin importancia. Enseñemos a nuestros hijos —también con el ejemplo— a valorarlo.

 La Mamá Oca

Artículo escrito para el Blog Piensa Profuturo/Lima, 2016.

El valor del trabajo bien hecho

 

Foto: citirecruitment
Foto: citirecruitment

El trabajo del hombre tiene varios fines. Uno de ellos es, por ejemplo, transformar y organizar el hábitat en el que vivimos. Otro objetivo, el más conocido tal vez, es obtener los recursos económicos que necesitamos para vivir. Sin embargo, existe un tercer fin que debería quizá ser el principal, el que idealmente debería motivar toda tarea, más allá de la sobrevivencia o la adquisición de bienes: realizarse y desarrollarse como persona.

El trabajo es una de las maneras más importantes como el hombre adquiere y fortalece virtudes, descubre novedades, se cultiva, desarrolla múltiples competencias profesionales, obtiene conocimientos técnicos, entre otros. Por tanto, si bien hay muchos contextos sociales y económicos en los que la remuneración por el trabajo sólo permite subsistir, o en los que uno debe dedicarse a tareas que no entusiasman, esa es solo la cara poco amable del trabajo. Existe un lado positivo que lo da el placer del deber cumplido y la capacidad de sacrificio que siempre, pero siempre, ennoblece y dignifica a la persona. Así, es obligación de cada uno descubrir cómo integrar de manera positiva el trabajo en nuestras vidas para encontrar en él un espacio privilegiado para nuestro crecimiento personal y el desarrollo de nuestras capacidades.

Pero, ¿cómo lograr esa realización a través del trabajo? Una manera muy simple es ponerle empeño, fijarse en los detalles, esmerarnos en el resultado y, sobre todo, concretizar en él nuestro deseo de servir a los demás. Cuando buscamos trascender y no sólo sobrevivir, cualquier trabajo se vuelve una actividad digna que nos engrandece como personas. Siempre que uno se esfuerza por hacer algo lo mejor posible, madura, desarrolla sus competencias y capacidades como, por ejemplo, la concentración, el autodominio o la capacidad organizativa. El trabajo implica retos y triunfos pero también derrotas que son una rica fuente de conocimiento, experiencia y crecimiento personal. Además, al estar en contacto con otras personas, el ambiente de trabajo se convierte en un ámbito natural para crear y desarrollar lazos de camaradería y de amistad. Todas estas satisfacciones son un estímulo que compensa la fatiga que produce el cumplir con las obligaciones diarias.

Finalmente, la posibilidad de contar con condiciones laborales que faciliten el realizar un trabajo de la manera más humanizadora posible recae en gran medida en los líderes o cabezas de las empresas. De ellos depende retribuir con justicia a cada uno de sus colaboradores y, lo más importante, permitir que en las compañías exista una cultura que promueva la iniciativa, el anhelo de perfeccionamiento y, por lo tanto, la posibilidad de experimentar la satisfacción por la labor bien realizada. No hacerlo de esta manera es no respetar la dignidad del trabajador ni del trabajo y sólo interesarse por su lado mercantil.

Así, el valor del trabajo bien hecho va más allá de sus beneficios económicos. Esto pone en cuestión, muchas veces, la mentalidad de un mundo monetarizado. Una enfermera, por ejemplo, que cuida con cariño y respeto a una persona con la salud deteriorada, recibiendo a cambio un sueldo mínimo, seguramente no significará gran cosa bajo esa mentalidad. Sin embargo, la labor que realiza esta persona minuto a minuto, ¿no es acaso digna de admiración? Esta enfermera, sin duda, puede llegar a su hogar sabiendo que, aunque no reciba la paga más cuantiosa del mercado, está siendo testimonio del verdadero valor por el que el hombre debe y quiere trabajar: transcenderse a sí mismo, servir a su prójimo y contribuir a la sociedad de manera positiva con valores elevados.

La Mamá Oca

Artículo escrito para el blog Piensa Profuturo

Los abuelos como transmisores de la tradición familiar

En un post anterior señalamos algunos beneficios de la relación entre abuelos y nietos tanto en el plano emocional como en el afectivo, el conductual y el simbólico. En este último —el simbólico— existe un aspecto muy importante que en estos días desafortunadamente, y debido a múltiples factores, se va dejando de lado: la transmisión de la cultura y de las tradiciones familiares.

La famosa receta de la abuela

 Más de uno ha crecido atesorando recuerdos familiares que lo hacen retroceder a algún momento feliz de la infancia. Puede ser una fotografía, un adorno, un olor o la famosa receta de algún suculento plato que nuestra abuela hacía mejor que nadie. Puede ser la manera de celebrar la Navidad o el Día de la Madre o ciertas rutinas familiares como almorzar en familia el día Domingo. Todo esto es lo que se conoce como tradiciones familiares: ese grupo de valores y costumbres que tiene cada familia, que se transmite de generación en generación. De hecho, algo muy valioso.

Sin embargo, la velocidad con la que se vive en la actualidad, las distancias, el tráfico en las grandes ciudades, la escasez de tiempo, la sobreabundancia de actividades en los más jóvenes, la invasión de la tecnología que ha reemplazado el encuentro personal, entre otras tantas causas, hacen que la tradición no sólo no se transmita, sino que no se valore como antaño. Hoy se cree que la receta de la abuela no es tan importante porque se pueden encontrar miles “iguales” en Internet.

Pero aceptar esta inercia puede llevar a un error irreversible. Porque las tradiciones familiares no sólo son recuerdos sino que son parte de la identidad familiar y como tales favorecen el bienestar emocional de los niños. Les brindan un ambiente de seguridad y un sentido de continuidad e identidad. De hecho, las familias que poseen tradiciones establecidas suelen tener lazos más fuertes entre sus miembros.

Los abuelos y la historia familiar

Hablamos de transmisión de cultura intergeneracional. ¿Quiénes sino los abuelos están más cerca del pasado de la familia para poder cuidar y contar lo que hacían nuestros antepasados? Este rol no es algo de siglos recientes. Históricamente, este papel del abuelo ha sido característico en diversas tradiciones religiosas y culturales. Por ejemplo, en la judeo-cristiana, Abraham, preocupado por la posteridad de su linaje y de sus creencias religiosas, mandó a su hijo Isaac a que se casará con una mujer de la familia, lo cual hizo. Jacob, hijo de Isaac y nieto de Abraham, se convirtió en el líder fundador de las doce tribus de Israel con su descendencia, en las cuales pervivieron y se preservaron las tradiciones y valores de sus antepasados.

Como se puede ver con este ejemplo, la potencia de la transmisión de las tradiciones familiares para la unión y la fortaleza de una familia —y su repercusión social— es muy grande.

Cuando un abuelo se preocupa por este aspecto educativo de sus nietos, aprende a ser uno más de la familia ya que le da continuidad y estabilidad al linaje. El abuelo se convierte en un punto firme de apoyo que da seguridad y autoridad a la familia. Esto se logra a través de la transmisión no sólo de valores, sino también del folclore y hasta de la cultura popular (las canciones o los juegos). Así, el abuelo se convierte en un puente entre las generaciones y en un punto de referencia común.

¿Es este rol del abuelo, de transmisor de tradiciones, algo imprescindible? Por supuesto que sí. Sobre todo en una sociedad como la actual en la que a cada segundo se corre el riesgo de que lo tradicional o lo verdadero sea reemplazado por lo que está de moda. Las fronteras han ido desapareciendo de tal manera que a un adolescente peruano le puede influir más lo que pasa en Estados Unidos que lo que sucede en su propio país. Si a esto se le suma que muchas estructuras sociales —la economía, la educación, el trabajo, la política, la diversión, etc.— contribuyen enormemente a perder la individualidad y a que todo se vuelva homogéneo, perdiendo la riqueza de lo único e irrepetible de cada persona y de cada familia, el papel del abuelo es no sólo importante sino también urgente para preservar la identidad familiar.

El abuelo debe recobrar la importancia que tenía tradicionalmente en el grupo familiar. Tiene una responsabilidad muy grande en la educación de sus nietos, convirtiéndose en una figura de referencia a quien consultar sobre el presente y sobre el pasado. No sólo es una fuente de información, sino también un miembro de la familia que por su experiencia de vida puede ofrecer los recursos necesarios para forjar una identidad firme, sustentada en lo que durante siglos ha sido el ámbito más importante de formación humana: la familia y sus valores.

La Mamá Oca

Artículo publicado para el Blog Piensa Profuturo. Lima, 2016.

Egoísmo: el enemigo del amor

Hola amigos,

Los dejo con este interesante programa de La Opción V en TV donde con junto al Doctor Ricarte Cortez hablamos sobre cómo el egoísmo mata el amor. No se lo pierdan.

La Mamá Oca

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