La mejor manera de expresar ideas

Imaginemos esta escena en la oficina. “Una mañana como cualquiera el gerente de área convoca una reunión de trabajo. Se ha presentado una emergencia y reúne al equipo para un rápido intercambio de ideas. Explica la situación y pide sugerencias. Empieza a hablar Luis, expresa su punto de vista y propone dos posibles soluciones. Enrique no está de acuerdo con esas soluciones pues ve que su aplicación sería contraproducente para el problema que se quiere enfrentar. Pide la palabra pero antes de empezar a hablar, Carla interviene y coincide con lo dicho por Luis. El gerente asiente. Nuevamente Enrique quiere intervenir para expresar su opinión discordante pero se le adelanta José, el último integrante del equipo, y dice que también concuerda con la primera intervención. El gerente escucha, hace un paneo con la mirada, y dice: bueno, si no hay más sobre el tema, vuelvan a lo suyo y gracias por las ideas. Enrique cierra su block con malestar”.

Supongamos que somos capaces de detener el tiempo en el momento en el que todos están a punto de levantarse de sus asientos y abandonar la sala de reuniones. ¿Qué posibles escenarios pueden presentarse a partir de ese instante? El primero sería que Enrique se quede callado, y sin decir nada se retire. La reunión termina así y cada uno vuelve a lo suyo. Sin embargo, Enrique se queda molesto pues no pudo expresar su punto de vista. Comienzan en su cabeza una serie de discursos interiores que pueden ir desde “siempre me hacen lo mismo, y eso demuestra que mi opinión no es bien valorada en esta empresa” hasta “estoy harto de esta continua timidez que no me permite expresarme con libertad, sobre todo cuando mi opinión difiere de la mayoría y todos me pasan por encima”.

Segundo escenario: Enrique, habiendo cerrado su block, lo levanta, lo deja caer sobre la mesa y se queja con voz exasperada porque no le permitieron hablar. Manifiesta su descontento y sale murmurando de la sala, desoyendo los llamados del gerente pidiendo que se calme y a que, si lo desea, exprese sus opiniones. Probablemente, luego de unos minutos, Enrique se sentirá pésimo y querrá regresar el tiempo para corregir su exabrupto. Una tercera posibilidad, como ya podemos imaginar, sería que Enrique, ante la inminente finalización de la reunión y habiendo tenido dos intentos fallidos de intervenir, llamase la atención del gerente y respetuosa pero firmemente, dijese algo como: “disculpen, si me permiten quisiera decir algo. He tratado de intervenir dos veces, pero no logré hacerlo pues fui interrumpido. Quisiera mencionar que no estoy de acuerdo con lo propuesto por Luis, etc”.

Independientemente del resultado de las opiniones de Luis y de Enrique, nos vamos a centrar en analizar las distintas reacciones de Enrique que hemos tratado, muy sucintamente, de señalar. En las dos primeras, si bien desde una perspectiva son opuestas, hay algo en común: Enrique no logra hacer escuchar su punto de vista y su reacción se queda en una queja —interior o exterior— porque no se le dio la oportunidad de expresarse. Como todos los asistentes a la reunión, Enrique tenía derecho a decir lo que pensaba. Su molestia es razonable. Lo que cambia mucho las cosas y es elocuente de las habilidades de Enrique, es cómo gestiona esa situación. Lo que distingue radicalmente el tercer escenario de los dos anteriores es, justamente, la capacidad de Enrique para salir de la posición en la que se encuentra. Esa capacidad es lo que podemos llamar asertividad.

¿Qué es la asertividad? Si intentamos expresarlo en sus componentes esenciales podríamos decir que es una habilidad social para expresar nuestras ideas y sentimientos con educación, sin agredir a otros y evitando que otros nos agredan. En muchos casos, esta capacidad está muy asociada a la defensa de algo que nos corresponde por derecho. Dicha defensa debe, a su vez, respetar los derechos de los demás. Si volvemos al ejemplo inicial, claramente en el primer escenario Enrique ha actuado de manera sumisa, cediendo a la rapidez del momento y a las interrupciones de sus compañeros. Su silencio final es una derrota. Pero también lo es el segundo escenario, pues si bien reacciona lo hace de una manera en la que no sólo no consigue expresar sus opiniones, sino que su agresividad son también una falta de respeto para con los compañeros ahí presentes.

Si examinamos la acción asertiva, se encuentra en el medio de dos extremos: la pasividad sumisa y la reacción agresiva que puede lesionar a otros. Como toda virtud, está justo en el medio de dos excesos que la deforman. Y detrás de cada uno de esos excesos se encuentra de alguna manera presente un pensamiento fuerte que podríamos resumir así: “No tengo derecho a mis opiniones, creencias y derechos” y “tengo que defender mis derechos a toda costa, pues si no pisas te pisan”. La actitud asertiva, por su parte, se fundamenta en la conciencia serena y segura, de que como toda persona tengo derecho a mis creencias y opiniones, y a expresarlas en el modo adecuado respetando a los demás.

Es evidente que lo que acabamos de expresar de forma tan esquemática y ordenada se encuentra con el torbellino de pensamientos y emociones en el día a día, y hace que las líneas claras se difuminen. Por ello, es tan importante ejercitarse en la asertividad. Como toda habilidad es algo que se aprende y se va dominando conforme uno la practica. Para ello es muy importante identificar de qué pie cojeamos. Cuando no actuamos asertivamente, ¿tendemos más a ser sumisos o agresivos? De acuerdo a ello debemos poner los correctivos necesarios y sobre todo enfocarnos en el objetivo: conseguir la seguridad personal y la tranquilidad interior para, incluso en situaciones tensas y difíciles, poder expresar nuestras opiniones y sentimientos, dialogar con respeto y altura, y contribuir así a la buena marcha de nuestra organización.

Artículo escrito originalmente para el blog Piensa Profuturo.

A propósito de la paridad de género

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La elección del nuevo gabinete ministerial ha puesto sobre el tapete un tema de discusión relevante: la utilización del criterio de paridad de género para establecer una cuota. Es decir, si son 18 puestos a ocupar, debe haber 9 hombres y 9 mujeres.

Propongo cinco puntos sobre los que sería interesante reflexionar desde el sentido común y preguntarnos sobre la validez de utilizar como criterio determinante para la elección de los miembros de un organismo estatal el sexo de los candidatos:

  1. En las últimas décadas nada le ha impedido a una mujer peruana tener un cargo público. Es más, son muchas las mujeres que han sido elegidas por votación o han sido designadas para ocuparlos. ¿Por qué hacer un gabinete paritario daría mayores oportunidades a las mujeres? Más bien, ¿esto no sería un atentado contra la mujer al considerar que por sí misma no tiene la capacidad de acceder a puestos del gobierno y se le tiene que poner para llenar una cuota?
  1. Si hablamos de género, ¿qué pasa, entonces, con todas las demás personas que se identifican fuera del espectro binario del varón y la mujer? ¿No es discriminatorio no incluir a trans, género fluido, ansiogénero o cualquier otra orientación sexual que pueda ocupar el puesto? Puesto de otra manera, ¿la paridad de género no debería incluir a todos los géneros? Lo que debería contar, pues, no es el género sino los méritos profesionales de la persona para ejercer el cargo. Y eso nos lleva al siguiente punto.
  1. La paridad de género es claramente un atentado contra la meritocracia. Y, por lo tanto, vulnera los derechos de personas que podrían acceder a una posición por su preparación y desempeño profesional más allá de su sexo. Y eso vale para hombres y mujeres. Porque si, por ejemplo, se tienen diez vacantes y deben ocuparse con la premisa de la paridad de género, ¿qué pasa si en la evaluación son ocho las mujeres mejor preparadas profesionalmente para ocuparlos? ¿Se van a excluir a tres mujeres para que dos hombres ocupen ese lugar de manera que exista paridad?
  1. Lo que evidencia este razonamiento es que el criterio de paridad de género es una construcción artificial que se pretende imponer sobre la realidad. Y la historia demuestra que cada vez que se ha querido hacer, las consecuencias han sido nefastas. Por otro lado, se abre una serie de consecuencias lógicas que no tiene fin. Por ejemplo, bajo la misma premisa de la paridad, el día de mañana se podría pedir que el primer ministro sea elegido intercaladamente hombre – mujer – hombre – mujer. O que los candidatos a la presidencia deban ser hombres en una elección, mujeres en la siguiente, de manera que el cargo de Presidente de la República también sea ocupado de manera paritaria. ¿O por qué el congreso no tiene paridad de género en el número de escaños?
  1. La paridad de género también deja en entredicho la distribución del voto ciudadano. Si seguimos sacando consecuencias absurdas de la paridad, según el padrón electoral de las elecciones municipales del 2018, en el Perú el 50.19% de votantes son mujeres y el 49.81% son hombres. Por lo tanto, ¿habría que ponderar el voto masculino, para que sea estrictamente parejo, dándole un valor un tanto por ciento más que al de una mujer?

La artificialidad de esta medida ideológica choca con el sentido común y con la realidad. Y, lo que es peor, desnaturaliza una práctica fundamental en el buen gobierno: la elección de la persona idónea para ocupar un cargo de acuerdo con su preparación para desempeñarlo. Introducir el género en esa elección es tan inapropiado como lo sería tener como criterio la raza, la altura o el lugar de nacimiento.

Giuliana Caccia

Control de la natalidad, coágulos y muerte

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En la mañana del 26 de septiembre de 2018, Alexandra (Alex) Williams, una estudiante universitaria de veinte años sana y enérgica, se derrumbó en el camino de entrada de la casa de sus padres. La ambulancia la llevó de inmediato al Centro Médico de la Universidad de Duke y, durante doce horas, los equipos de cirugía y post operatorios intentaron reanimarla. Al final del día los médicos le dijeron a los padres de Alex que ella tenía poca o ninguna actividad cerebral. El 27 de septiembre, luego de ser removido el soporte vital, Alex murió.

«Alex era una estudiante universitaria saludable que hacía ejercicio con regularidad, comía una dieta nutritiva y su única enfermedad fue faringitis estreptocócica cuando tenía cuatro años», dice su padre, Anthony Williams. Cinco días después de su muerte, los resultados de la autopsia revelaron que Alex tenía coágulos de sangre en ambos pulmones. Ella experimentó una embolia pulmonar, un hecho inusual para personas tan jóvenes como Alex.

El Sr. Williams explica:

«Sin que nosotros lo supiéramos, Alex había ido a una clínica de Planned Parenthood nueve meses antes, donde obtuvo una receta para una combinación genérica de píldoras anticonceptivas hormonales, supuestamente una de las más “seguras”. Estas píldoras a menudo se venden a las mujeres jóvenes para eliminar el acné, minimizar los cambios de humor, minimizar el aumento de peso y prevenir el desarrollo de ciertos tipos de cáncer. Una especie de «píldora milagrosa»».

Lo que a menudo no se le dice a las mujeres es el significativo grado en que la anticoncepción hormonal (AH), incluida la píldora, las inyecciones, los implantes, los anillos o los parches, aumenta el riesgo de coágulos sanguíneos en las mujeres. Puede llevar a muchos problemas médicos graves, e incluso a la muerte, en chicas jóvenes sanas como Alex.

Las muertes de mujeres jóvenes relacionadas con el control de la natalidad ocasionalmente producen titulares, y están evidentemente poco reportadas. No existe una vigilancia sistemática sobre el tromboembolismo venoso (TEV), que incluye la trombosis venosa profunda de la pierna o la pelvis, y su complicación, la embolia pulmonar (coágulos de sangre en el pulmón), pero el CDC (Centro de control y prevención de enfermedades (EEUU)) informa que 900 mil personas experimentan TEV cada año y que hasta 100 mil muertes son causadas por TEV cada año en los Estados Unidos. Para las mujeres jóvenes sanas como Alexandra, estas muertes podrían prevenirse.

Nuestra revisión sistemática de la literatura científica nos llevó a concluir que, en los Estados Unidos, entre 136 y 260 mujeres sanas mueren al año a causa de la TEV causada por la anticoncepción hormonal. Esa cifra aumenta cuando ese riesgo se combina con el riesgo agregado del accidente cerebrovascular y ataque cardíaco. Así, entre 300 y 400 mujeres mueren cada año en los Estados Unidos debido a su elección de usar anticonceptivos hormonales.

Para dar alguna perspectiva estadística, la meningitis mató a 45 personas (de todas las edades) en el 2017. La mayoría de los estados de E.E.U.U. exigen la vacuna contra la meningitis para estudiantes universitarios. ¿Considerarían el mismo tipo de campañas de prevención para los coágulos de sangre mortales causados ​​por el control de la natalidad hormonal?

La evidencia

En nuestra revisión sistemática de los artículos ciéntificos más aprobados de las décadas entre 1960 al 2018, que comparan a los usuarios de anticoncepción hormonal (AH) con los no usuarios, y que incluyen a más de 17 millones de mujeres durante años de observación, encontramos que el uso de la AH aumenta de 3 a 9 veces el riesgo de una mujer a ser diagnosticada con TEV. Para las mujeres menores de treinta años, el riesgo aumenta trece veces durante el primer año de uso, cuando el riesgo de formación de coágulos es mayor.

En los Estados Unidos, aproximadamente el 21% de las mujeres en edad reproductiva están usando AH. Eso equivale a unos 13 millones de mujeres. De esas, 5.9 millones tienen entre 15 y 24 años, y 4.8 millones tienen entre 25 y 34 años.

La obesidad puede aumentar el riesgo mientras se toman anticonceptivos hormonales, duplicando el riesgo de tener coágulos de sangre en comparación con una mujer de peso normal que también toma la píldora. Cuando se prescribe un método anticonceptivo hormonal, no se considera rentable revisar la trombofilia, una disposición genética para formar coágulos de sangre. Sin embargo, esta condición multiplica el riesgo de TEV 72 veces en el primer año.

Algunas de las formulaciones más nuevas de anticonceptivos hormonales, algunas veces llamadas AH de tercera o cuarta generación (que contienen desogestrel, gestodeno o drospirenona), tienen un mayor riesgo de coágulos sanguíneos que la AH de segunda generación (que contiene levonorgestrel). Cuando un estudio reciente en Francia demostró hospitalizaciones excesivas y muerte por píldoras de tercera y cuarta generación, el gobierno francés eliminó estas formulaciones de la lista de medicamentos reembolsados ​​en el 2013. Las recetas de estos medicamentos disminuyeron en un 45%, ya que las mujeres cambiaron rápidamente a otras formas de control de la natalidad.

No sale en la etiqueta

Si bien nadie quiere iniciar un pánico general entre los usuarios del control de la natalidad, necesitamos reevaluar la forma en que se advierte a los pacientes sobre los riesgos de ésta y las formas en que los profesionales médicos evalúan y monitorean estos riesgos.

Por un lado, el lenguaje en la caja negra que advierte sobre el riesgo de tener eventos cardiovasculares usando AH actualmente engaña a las mujeres al hacer que parezca que el riesgo se limita a quienes fuman. Yaz es una marca de Bayer que tuvo una demanda importante, con más de 10 mil denuncias entre 2009 y 2016, de pacientes que sufrieron un TEV. Las advertencias en la etiqueta de Yaz dicen: «ADVERTENCIA: FUMAR CIGARRILLOS Y EVENTOS CARDIOVASCULARES SERIOS». Si bien fumar es un factor de riesgo, los estudios que muestran la prevalencia se ajustan a este riesgo, lo que significa que muchos no fumadores (como Alexandra) tienen un riesgo elevado también.

De hecho, Lucine Health Sciences estudió los antecedentes médicos de 87 mujeres que experimentaron una TVP debido a los anticonceptivos hormonales y descubrió que el 95 % de ellas no fumaba en el momento de la TVP, y el 78 % nunca había fumado. Las etiquetas de AH deberían indicar claramente que cualquier persona que tome estos medicamentos podría experimentar un evento cardiovascular potencialmente mortal y debería hablar sobre los riesgos con un profesional médico.

Un factor de riesgo importante y conocido para el TEV es la condición genética de la sangre llamada «resistencia a la proteína C activada» o resistencia a la ACP, en la cual el paciente tiene más probabilidades de experimentar coagulación de la sangre en presencia de ciertos factores de riesgo. El factor más común entre estas condiciones, el Factor V Leiden, afecta aproximadamente a un 3-8 % de la población con ascendencia europea de EE.U.U. Las mujeres que tienen estos atributos genéticos tienen 6 veces más probabilidades de experimentar un coágulo de sangre antes de llegar a los 65 años. En una opinión publicada en el Journal Expert Opinion on Drug Safety, el Dr. Oejvind Lidegaard advierte que el uso de AH aumenta dramáticamente el riesgo de TEV de estos pacientes. El riesgo aumenta con el tiempo. Después de diez años de uso de anticonceptivos, el 2,5% experimentó TEV.

Conociendo los riesgos

Después de la muerte de Alex, Anthony Williams ordenó un análisis de sangre para su segunda hija y para su sobrina. Las pruebas revelaron que su sobrina tenía resistencia a la ACP y, como resultado ella dejó de usar su anillo vaginal, un acto que puede haber salvado su vida.

Para servir mejor a las mujeres como Alex, la comunidad médica debe ser más consciente no solo de los riesgos, sino también de la amplitud de los síntomas que pueden presentar las mujeres si tienen complicaciones por el control de la natalidad hormonal. Alexandra comenzó a quejarse de dolores de espalda inexplicables unos cinco meses después de que comenzó a tomar las pastillas anticonceptivas. En agosto, fue a la sala de emergencias porque sus dolores de espalda habían empeorado. Le tomaron radiografías de la parte superior del cuerpo y esa vez le diagnosticaron una infección pulmonar y le recetaron antibióticos. No se realizaron más pruebas médicas. ¿Podría un doctor más informado haberla revisado para detectar coágulos de sangre?

En 2014, Megan Henry, una atleta olímpica, le dijo a Vanity Fair que estaba «jadeando por aire» poco después de que usara el Nuvaring, un anillo hormonal vaginal. Se necesitaron tres visitas al médico para encontrar un profesional que ordenó una tomografía computarizada encontrando docenas de coágulos de sangre en sus pulmones, salvándole la vida. Es urgente que todos los profesionales médicos sean alertados de la relación entre el uso de AH y cualquier síntoma inexplicable en mujeres jóvenes.

Muchas mujeres jóvenes toman estos medicamentos, incluso cuando no son sexualmente activas, para tratar otros síntomas, desde el acné hasta los períodos dolorosos, para los cuales existen tratamientos disponibles más seguros. Cuando las mujeres desean evitar el embarazo, existen otras formas de control de la natalidad que se pueden usar con riesgos mucho menores y una eficacia comparable. Las formas modernas de métodos basados ​​en el conocimiento de la fertilidad (FABM), como los métodos Billings, Creighton, Marquette y Sympto-Thermal, no tienen efectos secundarios y tienen tasas de efectividad de uso típico que van del 86.8 al 98.4 %.

A raíz de la muerte de su hija, Anthony y Lisa Williams desean que más mujeres estén informadas de estas alternativas naturales para la salud hormonal y la planificación familiar. Creen que Alex, que vivió una vida dedicada al empoderamiento de las mujeres, también querría eso.

Sobre los autores

LYNN KEENAN

La Dra. Lynn Keenan, certificada en medicina interna y del sueño, ha sido docente por más de 25 años y tiene una pasión por la salud de la mujer.

GERARD MIGEON

Gerard Migeon es el CEO y cofundador de Natural Womanhood, una organización sin fines de lucro dedicada a promover los beneficios de las alternativas naturales a la anticoncepción y aumentar la conciencia sobre la ciencia de la fertilidad de las mujeres.

 Artículo publicado en inglés en The Public Discourse

Link al artículo original: https://www.thepublicdiscourse.com/2019/03/49896/

Arrepentida por cambiar de sexo

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Artículo publicado en The Daily Signal.

Cada semana recibo al menos una desgarradora carta de arrepentimiento de alguien que fue víctima de abuso sexual cuando era joven y luego se sometió a un «cambio de sexo» en un intento equivocado de curar el dolor.

Las «porristas» del cambio de sexo en la profesión médica diagnostican rutinariamente a estas personas con disforia de género y se apresuran a administrar hormonas de género cruzado y a recomendar una cirugía.

Yo mismo fui víctima de abuso sexual cuando era joven y me diagnosticaron disforia de género hace más de 35 años. El diagnóstico de disforia de género no es el problema. La tragedia es no reconocer y no tratar las heridas más profundas del abuso sexual.

Muchas personas con dificultades que solicitan un cambio de sexo están buscando un escape, un lugar donde esconderse o, como una adolescente confió a su madre quien me escribió para pedir consejo, una forma de «borrar» su pasado problemático. Atrapados en las garras del dolor, ven a la identidad transgénero como un portal atractivo hacia una nueva vida más feliz.

Historias como la mía y de otras 30 personas que están en mi nuevo libro «Trans Life Survivors» brindan un testimonio de que, para demasiados, cambiar de género no es una solución de por vida para el trauma de una infancia difícil o abusiva. Descubrimos después de la cirugía que los promotores del cambio de sexo nos habían utilizado en un gran experimento social y médico.

Tratar el abuso infantil con terapias de hormonas sexuales cruzadas y cirugías es absurdo y profundamente dañino.

Un ejemplo de ello es una señora llamada Deborah, de Dorset, Inglaterra, que se comunicó conmigo recientemente y aceptó que compartiera su historia. Deborah fue abusada sexualmente cuando tenía solo 2 años de edad por su padre, quien luego se divorció de su madre. En los años siguientes, su hermano mayor la maltrató física y verbalmente mientras su madre miraba para otro lado.

Cuando Deborah tenía 14 años, su padre regresó a su vida y parecía ser el modelo de un padre atento, llevándola de excursión, prodigándola con regalos y actuando bien. Entonces, cuando la invitó a pasar un fin de semana con él, Deborah, sintiéndose cómoda y feliz de tener a su padre en su vida, aceptó.

Después de que su hija de 14 años estuviera dentro de su casa y segura en su cama, hizo lo impensable de nuevo.

Debido al intenso trauma y al estrés emocional que esto causó, Deborah no pudo concentrarse en sus estudios o continuar con la educación que la llevaría a una buena carrera. En la edad adulta, apenas se ganaba la vida y tomaba malas decisiones en sus relaciones amorosas. El dolor del abuso sexual no desaparece por sí solo, y la víctima a menudo se las arregla escapando psicológicamente.

Deborah comparte que a la edad de 44 años estaba viendo un programa de televisión cuyo tema captó rápidamente su atención: los hombres transgénero. Ella recuerda haber pensado: «Wow, esta soy yo».

Buscó un médico que se especializara en el tratamiento de los trastornos de identidad de género, en particular el transexualismo, y programó una cita con un conocido psiquiatra británico, el Dr. Russell Reid, en la clínica principal de género del Servicio Nacional de Salud en el Hospital Charing Cross de Londres.

Los especialistas en género suelen tener un punto ciego importante para discernir la influencia que ha tenido el abuso infantil en el deseo de un paciente de identificarse como del sexo opuesto. La experiencia de Deborah con Reid en 2002 ilustra esto a fondo.

Ella escribe:

«Le conté sobre mi vida, lo abusiva que había sido, realmente no parecía preocupado en absoluto. Él dijo: «Estoy seguro de que usted es transgénero. No perdamos tiempo», y me inyectaron allí mismo Sustanon 250 mg, un esteroide anabólico de testosterona».

En ese momento, Deborah dijo que estaba feliz. Pero al reflexionar se dio cuenta de que las campanas de alarma deberían haber estado sonando, porque Reid no consideraba que ninguna de sus horribles experiencias sexuales abusivas y traumáticas fueran relevantes para su angustia de género. En cambio, le dio apresuradamente e imprudentemente testosterona, una poderosa hormona masculina.

Continuó el camino para recibir cirugías para transformar su cuerpo en el de un hombre, y vivió como Lee, un hombre trans.

Ahora dice que se da cuenta de que nunca tuvo disforia de género, pero que sufría de «dismorfia corporal». Al verla, odiaba su cuerpo porque este era la causa de haber sido abusada sexualmente.

El cambio de género fue el resultado trágico de un diagnóstico erróneo, no de una disforia de género.

Lee ahora quiere volver a vivir como mujer. Desafortunadamente, ella tiene una barba completa y otras características que identifican a los hombres. Está en una lista de espera para los procedimientos de reversión en The Laurels, la clínica de género del Servicio Nacional de Salud en Exeter, y tiene preguntas para sus cuidadores: ¿Quién en en el Reino Unido se hará cargo de las consecuencias de este diagnóstico fallido? ¿El Servicio Nacional de Salud le permitirá tener los procedimientos de reversión? ¿Quién pagará por la electrólisis necesaria para eliminar el vello facial?

De todas las personas que me han escrito a lo largo de los años para deshacer los efectos de la transición de género, casi la mitad dice que el abuso infantil fue el factor clave para el querer borrar y escapar de su pasado. Todos dicen que funcionó por un tiempo, pero a largo plazo no fue una solución para el dolor por una infancia abusiva.

Oremos todos para que la clínica haga lo correcto y ayude a Deborah a restaurar la vida que se descarriló imprudentemente en 2002.

Más importante aún, exijamos que las clínicas de género de todo el mundo detengan esta locura de proporcionar cambio de sexo a todos los que lo piden, sin tratar primero los factores que contribuyen a desearlo.

 Walt Heyer

Walt Heyer es un auto y conferencista. A través de su website SexChangeRegret.com, y su blog, WaltHeyer.com, Heyer advierte públicamente sobre todos aquellos que se han arrepentido del cambio de sexo y las trágicas consecuencias que han sufrido como resultado de ello.

Artículo publicado en The Daily Signal.

Link al artículo original: https://goo.gl/Q8yD3P

¿Cómo organizar las vacaciones de nuestros hijos?

Nuestros hijos están de vacaciones escolares en varias partes del mundo y a veces no sabemos cómo gestionar su tiempo libre…¿los llenamos de actividades? ¿Los dejamos que hagan lo que quieran? En este capítulo de mi VLOG doy algunas pautas sobre este tiempo del año.

 

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Educación de la sexualidad: ¿Ideología o enfoque?

Con mis hijos no te metas

En junio de 2016, un mes antes de que PPK asumiera la presidencia del Perú, el Ministerio de Educación, mediante la Resolución Ministerial No. 281-2016, ponía en vigencia el nuevo Currículo Nacional de Educación Básica. Desde entonces, el debate no ha cesado. Colectivos conformados por padres de familia salieron masivamente a las calles a protestar porque consideraban que el llamado «enfoque de género» que se había incluido en el documento no era sino una pretensión de imponer la ideología de género en la educación de los menores. La reacción no se hizo esperar. La estrategia en contra de los padres que rechazaban la propuesta educativa fue acusarlos de homófobos, cavernícolas, fanáticos religiosos e incapaces de saber lo que es correcto en la educación de la sexualidad de sus hijos.

Sin embargo, un grupo de padres liderados por el colectivo Padres en acción, presentó una acción popular al Poder Judicial, sosteniendo que dicho currículo había sido elaborado vulnerando múltiples derechos constitucionales, leyes de educación y procedimientos democráticos al querer imponer un enfoque no científico de la sexualidad. Para decepción de pocos y alegría de muchos, el Poder Judicial falló a favor de los padres en agosto último. Y nuevamente, el debate está en el ojo de la tormenta. ¿Realmente —y más aún considerando que un país hermano como Chile acaba de aprobar el aborto y están empezando la batalla para el «matrimonio» homosexual— el Perú se está quedando en la época de las cavernas? ¿Es verdad que los padres que reniegan del currículo son fanáticos religiosos y retrógrados? ¿Qué cosa es lo que se está poniendo en juego?

Definitivamente, los ángulos y aristas en esta discusión son muchísimos. Inclusive, la escena se complicó con la huelga del magisterio que ya superó los 70 días, algo que se ha usado como nuevo argumento en contra de los detractores del currículo diciendo que les preocupa más cómo sus hijos vayan a tener relaciones sexuales que si van a perder el año o no. A lo que aquellos han respondido diciendo que al Minedu le preocupó más imponer su ideología en la niñez que velar por la mejora del sector educación. Como se puede ver, las flechas vuelan de un lado y del otro.

Sin embargo, el punto en el cual nos debemos centrar en cuanto a la propuesta educativa es solo uno: ¿Las personas tenemos sexo o género? ¿Por qué la negativa a aceptar un currículo o leyes que incluyan el término «género»? La respuesta no es tan complicada. Porque aceptar que un ser humano tiene género y no sexo, es aceptar una premisa falsa que tendrá consecuencias dañinas. No podemos aceptar bajo ninguna circunstancia hablar de género. “Género” es un término que se aplica únicamente a los objetos. Las personas nacemos con sexo y no podemos escogerlo a voluntad. No enseñar esto es enseñar una mentira, es algo anticientífico. Y aceptar premisas falsas como verdaderas tiene consecuencias nefastas. Cuando se aceptó que la raza germánica era superior, ya sabemos qué pasó. ¿No se han preguntado por qué, si supuestamente «equidad de género» es sinónimo de «igualdad de oportunidades», el Minedu no quiere quedarse con la segunda frase sino que defiende a capa y espada utilizar la palabra «género»? ¿No será que dejar de usarla cierra la puerta a la implantación de las demás leyes que seguirían según la agenda?

Si alguien quiere creer que tiene género y enseñárselo a sus hijos, bien por él. Así como alguien puede hacerle creer a sus hijos que el horóscopo es verdadero, o que Papa Noel existe. Pero eso no puede ser una disposición gubernamental que rija la enseñanza escolar. No es científico.

Si una persona quiere enseñarle a su hijo que tener sexo anal es una conducta sexual saludable, está perfecto. Pero esa persona no puede pretender imponer que todos los niños reciban esa lección. La escuela está para enseñar el sistema reproductor, la concepción, el embarazo, etc., dando los contenidos de acuerdo a la edad de cada niño, de manera gradual y natural. ¿Eso significa negar la existencia de la homosexualidad? No. Pero tampoco es labor de la escuela proponerla como una opción sexual preferente o natural, como una opción más, igual o mejor que la que define la naturaleza humana. Una cosa es decirle a nuestros hijos que existe la homosexualidad, y cómo aceptarla y entenderla, y otra muy distinta que dentro del currículo se incluya la experimentación de la misma. Así como tampoco está bien que a un adolescente de 14 años se le incentive experimentar con el sexo heterosexual o que a los 9 años se le enseñe a un niño a cómo colocar un preservativo en un pene de plástico.

Quienes consideran que educar la sexualidad basada en la ley natural —esto es que los seres humanos somos hombres y mujeres (ser) y que lo que se quiere llamar «género» no es más que conductas (hacer)— es algo de la época de las cavernas, podrían tener razón en el sentido que desde esa época de la historia de la humanidad, siempre se consideró que las personas nos dividíamos en dos sexos, aun en civilizaciones donde la homosexualidad era una conducta cotidiana. Ello, además, pone en evidencia que hablar de «género» es un invento ideológico de las últimas décadas. Es bastante soberbio pensar que la minoría de minorías es una especie iluminada que tiene la razón y puede cambiar la naturaleza humana así como la cultura occidental que ha regido los últimos 2 mil años mientras acusa a la gran mayoría de estar mal de la cabeza. Alguien podría decir que lo mismo sucedió en otros casos. Durante siglos se pensó que la tierra era plana y una minoría propuso lo contrario y fue inicialmente rechazada hasta que la ciencia demostró que tenían razón. Sin embargo, hay una diferencia fundamental: fue la evidencia científica la que permitió que esa hipótesis se convirtiera en una verdad. En el canso de la ideología de género sucede al revés: la evidencia científica demuestra lo contrario de sus postulados.

Por otro lado, los propulsores de la mencionada ideología desestiman arbitrariamente información sólida. ¿Por qué no considerar con mayor seriedad las experiencias de otros países, que están documentadas, de cómo se enseña la educación sexual en esos estados en los que ya se aprobó la inclusión del enfoque de género en los currículos educativos? ¿Qué consecuencias ha tenido? ¿Queremos eso para nuestros hijos? Hay un documental muy bueno producido por The Family Watch titulado «The war on children» que resume de manera concreta y objetiva estas experiencias. Los padres que quieran informarse sobre este tema desde distintas perspectivas deberían verlo.

Del mismo modo, más allá de la educación de la sexualidad, hay un aspecto que no podemos no considerar como prioritaria en este debate: los padres no solo somos los responsables, sino también somos capaces de educar a nuestros hijos. Así ha sido siempre. Y, a aquellos que piensan lo contrario, debemos recordarles que han sido formados, seguramente en su mayoría, por sus progenitores. Los padres no podemos permitir que alguien nos diga cómo educar a nuestros hijos, cuando somos personas sanas. Son otros los que quieren cambiar la manera de educar. Son otros los que quieren adoctrinar.

¿El Estado va a decidir qué es lo mejor para nuestros hijos? ¿Los padres solo somos una máquina reproductora que genera seres humanos para que estén al servicio de un Estado? ¿Sólo estamos para trabajar con el fin de alimentar, vestir y darle techo a los “soldados” de un régimen? Cuando el Estado dice «a partir de ahora tus hijos se van a educar así porque tu manera de pensar no es la correcta«, lo que realmente está haciendo es quitarle a los padres la patria potestad.

En este debate se han escuchado argumentos del tipo: ¿Qué pasa cuando hay padres que golpean a sus hijos, o nos los cuidan, o no quieren que les apliquen transfusión de sangre por sus creencias religiosas? Esos son casos en los que efectivamente el Estado debe intervenir porque se está poniendo en riesgo la integridad física de los menores. Y no tiene punto de comparación con pretender que el Estado se meta en la educación en valores de las familias.

Si bien lo decidido por el Poder Judicial es tan solo una batalla, esta victoria debe llenarnos de esperanza y, sobre todo, de fuerzas. Porque la única manera de poder defender lo más sagrado, nuestra familia, es creernos el que somos nosotros, los ciudadanos, los que debemos detentar el verdadero poder y no permitir que un grupo reducido de autoridades pretenda imponer su forma de pensar de manera arbitraria y antidemocrática. Ojalá y esto sirva para que los padres que están al medio, que no saben aun qué está pasando, decidan informarse y entiendan que lo que está en juego no es algo que es ajeno al ámbito privado. Se trata de la formación afectiva de nuestros hijos. Y es tan importante que de ella depende muchísimo cómo será la vida de nuestros pequeños cuando sean adultos, padres, responsables de su familia y de sacar adelante a nuestra sociedad.

Giuliana Caccia
La Mamá Oca

¿Quién es el responsable de la educación sexual de nuestros hijos?

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La austeridad: una virtud muy valiosa

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Cómo organizar un cumpleaños infantil

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¿Sobreproteges a tus hijos?

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