Bullying_3

Hace pocas semanas, Netflix estrenó una serie dirigida principalmente a adolescentes y a jóvenes titulada “Th1rteen R3asons Why” o “13 razones por”, basada en la novela de Jay Asher publicada en 2007. La trama, de manera muy resumida, gira alrededor del suicidio de una adolescente quien deja 7 cassettes de audio, grabados por 13 lados. En cada una de las grabaciones (de ahí el título de la obra) ella va involucrando a doce compañeros de clase y a un profesor en la decisión que finalmente toma de quitarse la vida. Si bien el objetivo de la serie, según los productores, es generar una toma de conciencia sobre el acoso escolar que sufren los jóvenes hoy, esta ha generado una gran controversia a nivel mediático y privado pues algunos, de hecho, defienden que efectivamente es una llamada de atención sobre el bullying, y otros argumentan que es una apología del suicidio y una justificación del mismo.

Sobre la serie en sí, hoy podemos encontrar muchísimos artículos que abordan el contenido desde distintas perspectivas. Como ya mencioné, al ser una producción que ha generado controversia, varias personas han vertido su opinión sobre el suicidio, el sexo adolescente, las situaciones límite y si los adolescentes deben o no verla.

Frente a esto, yo preferiría en esta nota abordar el tema señalando algunos puntos que no tienen que ver directamente con la trama de la serie sino con aspectos transversales no solo a esta producción sino a cualquier contenido al que hoy pueden estar expuestos nuestros hijos y que no siempre podremos evitar que vean. Es importante señalar que, por motivos profesionales, he visto la serie de principio a fin y, debo reconocer, que si bien tiene muchos vacíos argumentales, está lo suficientemente bien hecha para captar la atención de jóvenes y adultos.

Algunas consideraciones sobre “13 razones por”

  1. Lo primero que quisiera mencionar es que no es una serie para que sea vista por menores de 13 años. Con o sin compañía de los padres. Y si nuestros hijos ya pasaron dicha edad, y sabemos que la van a ver con o sin nuestro consentimiento, lo ideal es que lo hagan con nosotros pues se presentan muchas situaciones —entre ellas escenas con alta carga sexual que es advertida al inicio de los capítulos— que sí debemos adelantar o pausar si nuestros hijos están presentes, sobre todo si son menores de 18 años.
  2. Lo que nuestros hijos no aprendan o dialoguen con nosotros lo harán con alguien más. Y frente a esta realidad objetiva e ineludible nuestra actitud debe ser proactiva. No debe ser represiva ni permisiva. Sino que debemos buscar el punto medio, equilibrado, donde no perturbemos el espíritu de nuestros hijos con contenidos poco saludables, pero tampoco los criemos en una burbuja.
  3. Series, películas, programas, libros, música, entre otros, son oportunidades de oro para generar espacios de diálogo abierto, de intercambio de ideas, de transmisión de valores de padres a hijos. Cuando nuestros hijos se ven expuestos a situaciones o escenas complejas o confusas, quién mejor que nosotros, sus padres, para darles luces sobre la situación y sobre cómo actuaríamos o esperaríamos que ellos se comportasen ante una situación similar. Además, debemos tener claro que nuestro objetivo educativo primordial es enseñarles a nuestros hijos a pensar por sí mismos, y para eso hay que generar el hábito de discusión, reflexión y de sacar conclusiones.
  4. En el caso específico de “13 razones por”, se abren muchas ventanas para analizar situaciones límite que pueden vivir los jóvenes en la actualidad. Y muchos de los debates se han centrado en cómo reaccionar antes las situaciones complicadas a las que uno puede llegar. Sin embargo, pienso que antes de analizar los “después”, se abre una oportunidad única para discutir los “antes”. Lo explico con un ejemplo concreto: en uno de los capítulos, Jessica, una adolescente, se embriaga hasta el punto de perder la consciencia y sufre una violación. La protagonista, Hannah, está escondida y es testigo del hecho. La discusión se ha centrado en si Hannah debió impedirlo o es lógico que se haya paralizado de miedo. Lo que sugiero es, cuando hablemos de este punto en concreto, analicemos con nuestros hijos qué es lo que llevó a Jessica a verse expuesta a esta situación: una fiesta sin permiso de los padres, consumo excesivo de alcohol, conducta inapropiada, pérdida de consciencia, entre otros. Abordando así las situaciones límite que la serie presente en todos sus capítulos, contribuimos a que nuestros hijos desarrollen un sentido crítico y puedan reflexionar sobre su propia conducta en situaciones semejantes en su vida.
  5. Sobre el tema del suicidio, en la cultura actual el quitarse la vida no es necesariamente visto como un acto de cobardía, debilidad o profunda depresión. Más bien, muchos jóvenes lo hacen como acto de protesta o para demostrar algún punto, sin entender que es una opción sin sentido y sin vuelta atrás. Y este es un tema sobre el que podemos dialogar con nuestros hijos: el verdadero significado del suicidio, sus terribles consecuencias y la imposibilidad de justificarlo bajo ninguna circunstancia o razón. Esta es una oportunidad, además, para entender y explicar el sentido de trascendencia del ser humano —totalmente ausente a lo largo de toda la serie—, el valor de la esperanza y el poder de la fe.

Finalmente, una serie de este tipo nos da una oportunidad de oro para manifestarles a nuestros hijos adolescentes —si es que aún no lo hemos hecho— que pueden confiar en nosotros en cualquier circunstancia, simple o compleja. Si sienten que les están haciendo bullying, si han sufrido algún tipo de acoso o abuso, si es que se sienten solos o vacíos, si tienen dudas románticas, lo que sea, nosotros estaremos ahí para apoyarlos y ayudarlos a buscar una solución. Inclusive, podemos ser claros en decirles que no los vamos a criticar y que siempre buscaremos por, sobre todo, su bien y que salgan lo mejor posible de cualquier situación por más dura que parezca. Que por eso somos sus padres y que los amamos por sobre todo lo que puedan hacer o sufrir.

No cerremos las puertas del diálogo, más bien seamos proactivos ante lo que nuestros hijos viven. Siempre con apertura de mente, serenidad y, sobre todo, con claridad en los conceptos y valores que les queremos transmitir.

Artículo escrito originalmente para el Blog Piensa Profuturo.

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